Quico Sabaté: el hombre que nunca se rindió

En 1939 llega la irremediable derrota de la República española. El último parte de guerra pone el punto final a tres años de resistencia heroica contra la avance del fascismo en Europa. Es el fin de un sueño de libertad y revolución y el principio de cuatro décadas de infamia. AGENDAportada

La represión que cae sobre el pueblo es brutal. En 1939 se encontraban presas en cárceles y campos de concentración aproximadamente un millón y medio de personas. En el periodo que va desde 1939 a 1945 la población reclusa sumaba 875.000 personas (un ocho por ciento de la población activa de la época). Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 1951, entre 1939 y 1945 se produjeron en España 164.642 casos de muerte violenta.

Pese a todo este horror, serán muchos los que se negarán a rendirse y seguirán luchando dentro y fuera de nuestras fronteras. Los que partieron al exilio lo harán en la Resistencia francesa, en las fuerzas de la Francia Libre, desperdigados por Europa y el norte de África. Los que permanecieron en España unos se harán fuertes en los montes y los convertirán en sus nuevos frentes de batalla, otros trabajarán, bajo la amenaza permanente de la cárcel, la tortura o el paredón de fusilamiento, para reconstruir las organizaciones políticas y sindicales, y buscar espacios desde donde combatir la tiranía.

De la inmensa mayoría de esos hombres y mujeres no ha quedado ningún recuerdo y solo sabemos de su existencia por la huella que dejaron con su lucha. De otros, por el contrario, conocemos sus nombres, sabemos dónde lucharon y cómo murieron. Entre estos está Francesc Sabaté Llopart. Conservar su recuerdo y darlo a conocer a quienes nos rodean, no solo es un deber hacia ellos, sino hacia todos los que sabemos que lucharon con ellos, aunque no sepamos sus nombres. Pero, sobre todo, es un deber hacia nosotros mismos porque, al fin y al cabo, que conozcamos sus hazañas no puede hacerlos mejores a ellos, pero sí a nosotros. Nosotros no podemos ganar las batallas que ellos perdieron, pero ellos y el ejemplo que nos dejaron sí pueden ayudarnos a ganar las que nos toca librar a nosotros. Sigue leyendo

De la ANARQUÍA

François Chátelet (1925-1985) fue para las generaciones formadas en las últimas décadas, una referencia grata y estimulante. Alentó el pensamiento progresista radical con entusiasmo y rigor, alejado de toda demagogia. Junto con Gilles Deleuze y J.F. Lotard constituía uno de los pilares más firmes en los que se apoyaba la Universidad de Vincennes, surgida de las jornadas de mayo de 1968, que hoy son tan solo un grato recuerdo o referencia. En los primeros días de diciembre pasado, una penosa enfermedad abatió su corpulenta humanidad.

François Chatelet

François Chatelet

De su fecunda obra han sido traducidos al castellano los siguientes títulos: Hegel según Hegel (Ed. Laia, Barcelona, 1970), La filosofía de los profesores (Ed. Fundamentos, Madrid, 1971), El pensamiento de Platón (Ed. Labor, Barcelona, 1967), El nacimiento de la historia (Ed. Siglo XXI, México, 1978).

El texto que ofrecemos a continuación constituye su colaboración a la obra colectiva Porque nunca se sabe, Ed. Laia, Barcelona, 1985.

François CHÁTELET

Es lugar común del pensamiento político, resabiado o banal, el afirmar que toda colectividad un poco numerosa requiere obligatoriamente para sobrevivir, para preservar su seguridad y acrecentar su dicha, un jefe (o un gobierno) del que emanen las decisiones, y un conjunto de enunciados necesarios –las leyes– que aseguren el recto orden social. Bien se reclame de la Razón de los filósofos o de alguna revelación divina, o bien se fundamente en la experiencia cotidiana o en el cálculo de las ciencias experimentales, se da como evidente que es necesario un principio que tenga poder para unificar la multiplicidad. Esta idea está tan arraigada que, las más de las veces, los discursos políticos más profundos dedican toda su energía, desde antaño y hasta no hace mucho, a debatir cuestiones tales como las de saber a quién le debería tocar el mando y cuáles debieran ser las leyes más adecuadas para garantizar lo mejor posible la paz en el interior y la fuerza en el exterior. Y, hoy en día, la política de los políticos ¿no nos presenta como esencial el debate que afronta la elección entre dos regímenes –uno que se pretende liberal y el otro que se pretende socialista, cuando tanto el uno como el otro están sometidos al mismo axioma de la productividad del Capital–, o entre dos modelos: el americano y el soviético, cuando uno y otro se encarnan en dos Estados que, con medios diferentes, se afanan en cuadricular el espacio mundial en una red de bastiones militares, de satélites informativos, de instituciones tecnocráticas y de policías en todos los órdenes?

No es el momento aquí, ahora, de reavivar una tradición muy antigua –en nuestra civilización se remonta, según los documentos que nos han quedado, a los cínicos y los sofistas griegos– que cuestiona el principio de este principio unificante. Que se precise alguna unidad en una colectividad, no ofrece duda ninguna. Pero ¿por qué mantener que ésta deba provenir necesariamente de un principio exterior y superior? ¿Por qué razón no convenir, a título contractual y, por consecuencia, provisional, que tales individuos, tales microgrupos, que se dan a mantener de hecho relaciones de interés, de costumbre, de deseo o voluntad, decidan simplemente formalizar estas relaciones en alianzas diversas que permitan intercambios (de bienes, de servicios o ideas) y que no alienen en modo alguno la libertad de las partes contratantes por aquello que no es el objeto del contrato? ¿Por qué remitir la decisión a un hombre (o a un gobierno) –aunque fuera por un espacio de tiempo limitado–, cuando hay múltiples decisiones que tomar y que para cada una de ella, es posible concebir una institución precaria encargada de tomarla y de aplicarla y, luego, de desaparecer? ¿Por qué no desmultiplicar hasta el extremo en el espacio y en el tiempo, este irreemplazable descubrimiento del pensamiento democrático que es la pluralidad de los poderes? ¿Por qué encorsetar a la sociedad con enunciados necesarios, cuando, en la mayor parte de las veces, siendo respetada la igualdad de todos delante de la instancia que juzga públicamente, tiene importancia poder promulgar unas reglas flexibles que permitan tener en cuenta la singularidad de cada caso?

En resumidas cuentas, por qué no pensar seriamente en volver a poner en cuestión este principio-trampa, herencia de la teología, de la sacralidad del Estado. El poder del Estado está engrosado hoy día por una lógica tanto más espantosa en cuanto que tiene a su disposición medios científicos de coerción y de incitación. Y el sentido original de la an-arquía no dice otra cosa que esto: intentemos concebir la organización social de otro modo e imaginar esta organización como producto siempre cambiante, siempre provisional, de los deseos y de las voluntades de aquellos que constituyen la fuente de todo poder: los individuos, diferentes todos y todos tan semejantemente hombres.

Publicado en Polémica, n.º 20, enero 1986

Rosalía de Castro: la loca de la esperanza

Antonina RODRIGO

Rosalía de Castro había nacido el 24 de febrero de 1837, en Santiago de Compostela, el año que Larra acaba con su vida de un pistoletazo. En su entierro se revela un muchacho que lee unos versos ante la tumba de «el pobrecito hablador»; este joven se llama José Zorrilla. Un año antes que Rosalía, había nacido en Sevilla Gustavo Adolfo Becquer. Con Rosalía y Bécquer se cancela el romanticismo español, del que ello dos, serán su figuras más representativas.

Rosalía

Rosalía

La llegada al mundo de Rosalía no fue acogida con la alborozada ternura de la mujer transformada en madre por primera vez. Hija de soltera, su gestación, como el parto, fueron clandestinos, algo furtivo que hubo que esconder para evitar la vergü̈enza pública y el deshonor familiar del mayorazgo de los Castro.

Pocas horas después de nacer, ante de que apuntaran las primeras claridades, María Francisca Martínez, la fiel sirvienta que ayudó al alumbramiento, sale cautelosa de la casa con el pequeño bulto de la recién nacida y se dirige a la capilla del Hospital Real, hoy Hostal de los Reye Católicos. Una lluvia fina y mansa acompaña a María Francisca, por las calles, hasta la plaza del Obradoiro. La mujer le da los nombres de «María, Rosa, Rita hija de padres incógnitos, cuya niña llevó la madrina, y va sin número por no haber pasado a la inclusa…», así consta en la partida de nacimiento. Sigue leyendo

Los anarquistas y la «escoba de hierro» bolchevique

José DE LA COLINA

Volin

Volin

En febrero de 1921 vio Moscú la última gran manifestación anarquista. Veinte mil personas, bajo banderas negras y pancartas, con lemas contra el Estado bolchevique, desfilaron por las calles nevadas tras el ataúd de Kropotkin, el aristócrata que había desertado de su clase para dedicarse a la idea libertaria. Ante la tumba de Kropotkin, Aaron Baron profirió –cuenta Victor Serge en sus Memorias de un revolucionario–: «despiadadas protestas contra el nuevo despotismo, los verdugos que trabajaban en los sótanos, el deshonor lanzado contra el socialismo, la violencia gubernamental que hollaba la revolución». La prensa europea favorable a los bolcheviques publicó la noticia de la manifestación, con fotos de la misma, como pruebas de que en la flamante patria del proletariado se respetaba a la disidencia y no se reprimía a los anarquistas. Ese pío periodismo omitía, sin embargo, el detalle de que el mismo día los veinte mil manifestantes habían sido devueltos a las prisiones de donde, por unas horas, Lenin les había permitido salir para que, vigilados de cerca por la policía, rindieran el último homenaje al príncipe ácrata. Con el mismo pudor, esas publicaciones callaron, algún tiempo después, la desaparición, para siempre de Aaron Baron y su mujer Fenia en la red de calabozos de la policía política. Sigue leyendo

Sobre la DEMOCRACIA y la REVOLUCIÓN

Luce FABBRI

Luce Fabri

Luce Fabbri

Me parece necesario volver sobre el tema para ulteriores precisiones. La numerosas objeciones que ha suscitado en los medios libertarios la postura discriminatoria entre los dos tipos de Estado, el democrático y el totalitario, revelan la natural preocupación de no perder el carácter revolucionario del movimiento anarquista y de no dejar que se diluya y se hunda en las arenas movedizas del demoliberalismo. Debo decir que no comparto demasiado esa preocupación, porque siento íntimamente hasta qué punto somos distintos de las otras fuerzas políticas, precisamente por el hecho de estar inmersos (espero que no sea una ilusión) en el océano de la común humanidad. En él, los anarquistas son los eternos opositores: siempre habrán de combatir a los gobiernos y nunca deberán afrontar una oposición desde lo alto de un gobierno. Son los «(Vencidos de la historia, tal como es entendida comúnmente, que sin embargo vencen parcialmente con cada aumento de libertad y de justicia, pero nunca están conformes con su victoria y siempre van a parar a la cárcel. Su ideal está siempre «en el horizonte», como dice con una frase muy eficaz Emilio Colombo, en un reciente artículo suyo «La anarquía es el horizonte, no el fin de la historia» (Volontá, 1982. n.º 2 pág. 98), y se sabe que el horizonte es una inmensa circunferencia de la que somos el centro y que cambia de lugar apenas lo hacemos nosotros. Sigue leyendo

Quico Sabaté. El atentado contra Eduardo Quintela

Álvaro MILLÁN

El año próximo se cumplirán cien años del nacimiento de Francesc Sabaté Llopart (El Quico). Sabaté forma parte de una larga lista de personas a las que se ha querido borrar de la historia, sencillamente porque su existencia y su lucha no encajaban en la historia oficial que el régimen de 1978 quiso vendernos. El pacto entre una izquierda cobarde y acomodaticia y los restos del franquismo hacía necesaria una imagen más suave de la dictadura de Franco, que hiciera ese pacto menos vergonzoso para la Izquierda pactante, y permitiera un futuro algo más «digno» para los franquistas reconvertidos. Es para que esta oligarquía pudiera gobernar (y saquear) este país durante los últimos 40 años que hubo que sepultar en el silencio y el olvido la historia de la resistencia popular contra el franquismo.

Quico Sabaté

Quico Sabaté

Wenceslao Jiménez

Wenceslao Jiménez

Hasta día de hoy siguen bajo riguroso secreto los archivos del Ejército y de la Guardia Civil sobre la guerrilla antifascista. Su historia se ha tenido que escribir a base de retazos de la memoria conservada por los protagonistas y por quienes les conocieron.

Uno de los episodios que se han conservado de la guerrilla urbana en Barcelona es el atentado contra Eduardo Quintela, ocurrido el 2 de marzo de 1949. Quintela era entonces el jefe en Barcelona de la Brigada Político Social. Sigue leyendo

El nuevo PKK: desatando una revolución social en el Kurdistán

Por Rafael Taylor [roar magazine]. Traducción Alasbarricadas.

A medida que la perspectiva de la independencia kurda se hace cada vez más inminente, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) se transforma en una fuerza para la democracia radical.

Kurd_Syria

Excluidos en 1923 de las negociaciones del Tratado de Lausanne y traicionados en el mismo después de que los aliados de la primera guerra mundial les prometieran un estado propio tras la partición del Imperio Otomano, los kurdos son la mayor minoría del mundo sin un estado. Pero hoy en día, aparte de una obstinada Irán, cada vez hay menos obstáculos para una independencia de iure kurda en el norte de Iraq. Turquía e Israel han prometido su apoyo, mientras que las manos de Siria e Irak están atadas por los rápidos avances del Estado Islámico (antes ISIS).  Sigue leyendo