Agustín Rueda: torturado hasta morir en una cárcel de nuestra modélica Transición”

Agustín Rueda

Agustín Rueda

El 14 de noviembre de 1952 nace en Sallent (Bages, Cataluña) el militante anarquista Agustín Rueda Sierra. Nacido en una choza de una colonia de Sallent, pueblo minero de Barcelona con un gran porcentaje de inmigración, de madre tejedora y de padre minero. Después de la escuela trabajará cuatro años en una empresa auxiliar del automóvil haciendo matrices industriales. Con 18 años crea un Club Juvenil para dinamizar su barrio (cine, conferencias, recitales, fútbol). En abril de 1971 deja la fábrica y consigue trabajo de minero en Sallent. En febrero de 1972 se produce una huelga importante y un cierre de los mineros de Balsareny y Sallent; Agustín Rueda participará activamente (asambleas informativas, manifestaciones, grupos de apoyo …). En septiembre del mismo año, y como consecuencia de su participación en el ambiente insurgente, es despedido del trabajo. Sigue leyendo

Sobre el 9-N. Vuelve el TOP, ahora como Tribunal Constitucional

Rafael Cid

La suspensión por el Tribunal Constitucional (TC) del proceso participativo del 9 de noviembre en Catalunya convierte en la práctica a este órgano en una especie de Tribunal de Orden Público (TOP) del régimen de monarquía parlamentaria. Al admitir el recurso presentado por el gobierno contra un derecho consagrado en la Constitución, disfrazando como acto jurídico sancionable lo que in nuce no es más que el simple ejercicio de la libertad de expresión por parte de la sociedad civil, el TC adopta una postura similar a la de un tribunal político y, por tanto, puede estar conculcando valores fundamentales del Estado de Derecho.

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Si al cancelar la Ley de Consultas y el Decreto del referéndum soberanista el TC hacia una lectura reduccionista de la norma suprema, en esta segunda ocasión, al extralimitarse en sus competencias, instaura la censura previa de derechos y libertades solo contemplada en supuestos de “Estado de excepción”. Con esa auto, el Tribunal Constitucional en pleno insinúa que el artículo 16 de la vigente Constitución, referido a “la libertad ideológica”, y el 20, que entiende del derecho “a expresar y difundir libremente los pensamientos, las ideas y las opiniones…”, son papel mojado para la población catalana. Sigue leyendo

Agenda 2015 Centenario QUICO SABATÉ

El hombre que nunca se rindió

Agenda 2015

Agenda 2015

En 2015 conmemoramos el centenario de Quico Sabaté (1915-2015), Para contribuir al recuerdo del que fue el “enemigo número uno” de la dictadura franquista, hemos publicado una agenda para 2015 en la que hemos recogido los acontecimientos más importantes de su vida y de su lucha incansable por la libertad.

Formato: 11 x 17 cm  •  250 páginas  •  Edición en catalán y castellano

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Organizar la Economía en medio de una guerra

El Pleno Económico de Valencia de la CNT

Juan BERNAT

Al año casi del luctuoso mayo, empujados ya por la resaca contrarrevolucionaria, nuestra organización, el Movimiento Libertario –es de gran interés enfatizar eso de movimiento por lo que tiene de común denominador ideológico– fuimos los primeros del frente antifascista que celebramos un Pleno exclusivamente económico. De este Pleno, curiosamente, ningún exégeta habla. Más importante que los escritos de Souchy, Malefakis, Leval o Santillán, por lo sustancioso de sus acuerdos, y sin desmerecer el loable esfuerzo intelectual realizado por los hombres que cito, se ha urdido contra él una auténtica conspiración del silencio. Sin embargo, a mi entender, quedará inscrito en los anales como paradigma, o canto del cisne, del anarquismo internacional practicista, no sometido solamente a maceración especulativa.

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La secesión actual confederal confirma dos líneas históricas disemejantes. Una, pancrítica, negativa. La otra, más inteligente, menos impregnada de escolasticismo, se esfuerza en recuperar penosamente el tiempo perdido que se desaprovechó al aplicar tácticas vetustas que la sociedad española de hoy rechaza. Ahora lo más difícil para esa corriente confederal renovadora, será saber esperar serenamente el fin de esta hibernación prolongada. Saber esperar es más difícil de lo que parece. Tampoco supimos hacerlo nosotros. Me refiero a hechos que jalonan las llamadas «inútiles experiencias del pasado». Sigue leyendo

Quico Sabaté: el hombre que nunca se rindió

En 1939 llega la irremediable derrota de la República española. El último parte de guerra pone el punto final a tres años de resistencia heroica contra la avance del fascismo en Europa. Es el fin de un sueño de libertad y revolución y el principio de cuatro décadas de infamia. AGENDAportada

La represión que cae sobre el pueblo es brutal. En 1939 se encontraban presas en cárceles y campos de concentración aproximadamente un millón y medio de personas. En el periodo que va desde 1939 a 1945 la población reclusa sumaba 875.000 personas (un ocho por ciento de la población activa de la época). Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 1951, entre 1939 y 1945 se produjeron en España 164.642 casos de muerte violenta.

Pese a todo este horror, serán muchos los que se negarán a rendirse y seguirán luchando dentro y fuera de nuestras fronteras. Los que partieron al exilio lo harán en la Resistencia francesa, en las fuerzas de la Francia Libre, desperdigados por Europa y el norte de África. Los que permanecieron en España unos se harán fuertes en los montes y los convertirán en sus nuevos frentes de batalla, otros trabajarán, bajo la amenaza permanente de la cárcel, la tortura o el paredón de fusilamiento, para reconstruir las organizaciones políticas y sindicales, y buscar espacios desde donde combatir la tiranía.

De la inmensa mayoría de esos hombres y mujeres no ha quedado ningún recuerdo y solo sabemos de su existencia por la huella que dejaron con su lucha. De otros, por el contrario, conocemos sus nombres, sabemos dónde lucharon y cómo murieron. Entre estos está Francesc Sabaté Llopart. Conservar su recuerdo y darlo a conocer a quienes nos rodean, no solo es un deber hacia ellos, sino hacia todos los que sabemos que lucharon con ellos, aunque no sepamos sus nombres. Pero, sobre todo, es un deber hacia nosotros mismos porque, al fin y al cabo, que conozcamos sus hazañas no puede hacerlos mejores a ellos, pero sí a nosotros. Nosotros no podemos ganar las batallas que ellos perdieron, pero ellos y el ejemplo que nos dejaron sí pueden ayudarnos a ganar las que nos toca librar a nosotros. Sigue leyendo

De la ANARQUÍA

François Chátelet (1925-1985) fue para las generaciones formadas en las últimas décadas, una referencia grata y estimulante. Alentó el pensamiento progresista radical con entusiasmo y rigor, alejado de toda demagogia. Junto con Gilles Deleuze y J.F. Lotard constituía uno de los pilares más firmes en los que se apoyaba la Universidad de Vincennes, surgida de las jornadas de mayo de 1968, que hoy son tan solo un grato recuerdo o referencia. En los primeros días de diciembre pasado, una penosa enfermedad abatió su corpulenta humanidad.

François Chatelet

François Chatelet

De su fecunda obra han sido traducidos al castellano los siguientes títulos: Hegel según Hegel (Ed. Laia, Barcelona, 1970), La filosofía de los profesores (Ed. Fundamentos, Madrid, 1971), El pensamiento de Platón (Ed. Labor, Barcelona, 1967), El nacimiento de la historia (Ed. Siglo XXI, México, 1978).

El texto que ofrecemos a continuación constituye su colaboración a la obra colectiva Porque nunca se sabe, Ed. Laia, Barcelona, 1985.

François CHÁTELET

Es lugar común del pensamiento político, resabiado o banal, el afirmar que toda colectividad un poco numerosa requiere obligatoriamente para sobrevivir, para preservar su seguridad y acrecentar su dicha, un jefe (o un gobierno) del que emanen las decisiones, y un conjunto de enunciados necesarios –las leyes– que aseguren el recto orden social. Bien se reclame de la Razón de los filósofos o de alguna revelación divina, o bien se fundamente en la experiencia cotidiana o en el cálculo de las ciencias experimentales, se da como evidente que es necesario un principio que tenga poder para unificar la multiplicidad. Esta idea está tan arraigada que, las más de las veces, los discursos políticos más profundos dedican toda su energía, desde antaño y hasta no hace mucho, a debatir cuestiones tales como las de saber a quién le debería tocar el mando y cuáles debieran ser las leyes más adecuadas para garantizar lo mejor posible la paz en el interior y la fuerza en el exterior. Y, hoy en día, la política de los políticos ¿no nos presenta como esencial el debate que afronta la elección entre dos regímenes –uno que se pretende liberal y el otro que se pretende socialista, cuando tanto el uno como el otro están sometidos al mismo axioma de la productividad del Capital–, o entre dos modelos: el americano y el soviético, cuando uno y otro se encarnan en dos Estados que, con medios diferentes, se afanan en cuadricular el espacio mundial en una red de bastiones militares, de satélites informativos, de instituciones tecnocráticas y de policías en todos los órdenes?

No es el momento aquí, ahora, de reavivar una tradición muy antigua –en nuestra civilización se remonta, según los documentos que nos han quedado, a los cínicos y los sofistas griegos– que cuestiona el principio de este principio unificante. Que se precise alguna unidad en una colectividad, no ofrece duda ninguna. Pero ¿por qué mantener que ésta deba provenir necesariamente de un principio exterior y superior? ¿Por qué razón no convenir, a título contractual y, por consecuencia, provisional, que tales individuos, tales microgrupos, que se dan a mantener de hecho relaciones de interés, de costumbre, de deseo o voluntad, decidan simplemente formalizar estas relaciones en alianzas diversas que permitan intercambios (de bienes, de servicios o ideas) y que no alienen en modo alguno la libertad de las partes contratantes por aquello que no es el objeto del contrato? ¿Por qué remitir la decisión a un hombre (o a un gobierno) –aunque fuera por un espacio de tiempo limitado–, cuando hay múltiples decisiones que tomar y que para cada una de ella, es posible concebir una institución precaria encargada de tomarla y de aplicarla y, luego, de desaparecer? ¿Por qué no desmultiplicar hasta el extremo en el espacio y en el tiempo, este irreemplazable descubrimiento del pensamiento democrático que es la pluralidad de los poderes? ¿Por qué encorsetar a la sociedad con enunciados necesarios, cuando, en la mayor parte de las veces, siendo respetada la igualdad de todos delante de la instancia que juzga públicamente, tiene importancia poder promulgar unas reglas flexibles que permitan tener en cuenta la singularidad de cada caso?

En resumidas cuentas, por qué no pensar seriamente en volver a poner en cuestión este principio-trampa, herencia de la teología, de la sacralidad del Estado. El poder del Estado está engrosado hoy día por una lógica tanto más espantosa en cuanto que tiene a su disposición medios científicos de coerción y de incitación. Y el sentido original de la an-arquía no dice otra cosa que esto: intentemos concebir la organización social de otro modo e imaginar esta organización como producto siempre cambiante, siempre provisional, de los deseos y de las voluntades de aquellos que constituyen la fuente de todo poder: los individuos, diferentes todos y todos tan semejantemente hombres.

Publicado en Polémica, n.º 20, enero 1986

Rosalía de Castro: la loca de la esperanza

Antonina RODRIGO

Rosalía de Castro había nacido el 24 de febrero de 1837, en Santiago de Compostela, el año que Larra acaba con su vida de un pistoletazo. En su entierro se revela un muchacho que lee unos versos ante la tumba de «el pobrecito hablador»; este joven se llama José Zorrilla. Un año antes que Rosalía, había nacido en Sevilla Gustavo Adolfo Becquer. Con Rosalía y Bécquer se cancela el romanticismo español, del que ello dos, serán su figuras más representativas.

Rosalía

Rosalía

La llegada al mundo de Rosalía no fue acogida con la alborozada ternura de la mujer transformada en madre por primera vez. Hija de soltera, su gestación, como el parto, fueron clandestinos, algo furtivo que hubo que esconder para evitar la vergü̈enza pública y el deshonor familiar del mayorazgo de los Castro.

Pocas horas después de nacer, ante de que apuntaran las primeras claridades, María Francisca Martínez, la fiel sirvienta que ayudó al alumbramiento, sale cautelosa de la casa con el pequeño bulto de la recién nacida y se dirige a la capilla del Hospital Real, hoy Hostal de los Reye Católicos. Una lluvia fina y mansa acompaña a María Francisca, por las calles, hasta la plaza del Obradoiro. La mujer le da los nombres de «María, Rosa, Rita hija de padres incógnitos, cuya niña llevó la madrina, y va sin número por no haber pasado a la inclusa…», así consta en la partida de nacimiento. Sigue leyendo