Ha muerto JESÚS LIZANO

maxresdefaultLa gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos. Como moscas en ámbar, como cadáveres congelados en el hielo, eso que según las leyes de la naturaleza debería desaparecer se conserva por el milagro de la tinta sobre el papel. Es una suerte de magia.

Como quien cuida de las tumbas de los muertos, yo cuido de los libros. Los limpio, les hago pequeños arreglos, los mantengo en buen estado. Y cada día abro uno o dos tomos, leo unas líneas o páginas, permito que las voces de los muertos olvidados resuenen en mi cabeza. ¿Nota un escritor fallecido que alguien está leyendo su libro? ¿Aparece un destello de luz en su oscuridad? ¿Se estremece su espíritu con la caricia ligera de otra mente leyendo su mente? Eso espero. Pues estando muertos deben de sentirse muy solos.

Diane Setterfield Sigue leyendo

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Poetas malditos: Waskowsky y T’hooft

Francisco CARRASQUER

Hoy nos salimos del tiesto con dos poetas que bien pudiéramos calificar de malditos: uno neerlandés y otro belga, para que luego digan que son los dos países más burgueses de Europa (y, por lo tanto, del mundo). Pues no, aunque sólo sea para llevarles la contraria a los catalogadores de países. Además queremos tratar ya ese, más que espinoso, doloroso tema de los poetas malditos que desde tanto tiempo viene atosigándome.

Jotie T'Hooft

Jotie T’Hooft

Riekus WASKOWSKY

Riekus WASKOWSKY

El término nos trae a las mientes, sin falta, a Paul Verlaine, que por algo es el autor de la colección de glosas de seis poetas malditos (él mismo entre ellos) titulado precisamente «Poetes Maudits» (1884). Casos típicos de poetas malditos en la literatura universal son François Villon, Oscar Wilde, Edgar Allan Poe, Paul Verlaine, Dylan Thomas, Jean Genet… Y las asociaciones no menos inseparables a la expresión de poetes maudits, suelen ser: el ajenjo, la pederastia, la tendencia al suicidio y una vida entre la crápula y la bohemia. Pero la moda del poeta maldito ha pasado hace tiempo. Se situó entre el Romanticismo (años treinta del siglo XIX) hasta el simbolismo y modernismo (a caballo entre el XIX y el XX). Lo que no quiere decir que no haya seguido habiendo otros poetas, y no pocos, no menos merecedores de ese titulo y por parecidas razones. Lo que pasa es que la gente ya no se escandaliza por esas cosas. Aunque tal vez distinga al poeta maldito decimonónico del novecentista por la «materia prima», ya que si para aquéllos hablábamos de absenta, pederastia, proclividad suicida en plena crápula y bohemia, a los de nuestro siglo los podemos caracterizar por dos únicas adicciones: el alcohol y la droga dura, y a unos y a otros en no caer ya en exhibicionismos y en llevar una vida retirada, emborrachándose los unos a solas, o poco menos, y drogándose los otros en su vergonzante rincón sórdido.

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JEF LAST o el Holandés errante

Francisco CARRASQUER

Jef Last

Jef Last

Su nombre y apellido nos suenan como un trallazo. Y, sin embargo, fue un holandés y, por si fuera poco, de La Haya, donde tienen fama de circunspectos y un poco redichos. Su estampa era muy poco holandesa, la verdad: algo chico y un poco morenucho; por su tipología más se acercaba a un sureño que a un nórdico. Desde joven estudió lenguas y culturas orientales y durante toda su vida osciló –un poco como Malraux– entre el Oriente y la Latinidad, especialmente la española. Porque desde que vino a luchar con nosotros contra el franquismo, quedó marcado para siempre por nuestra causa y, en su condición de hispanista antifranquista, lo conocí. Pero antes de irse de voluntario a las filas republicanas en 1936, ya había andado mucho mundo y se había pasado del socialismo al comunismo y de éste a un izquierdismo sin partido, independiente y crítico a todo trance. Su último giro que le desvía del comunismo definitivamente lo provocó el viaje que hizo a la Unión Soviética con André Gide, aquel famoso viraje que tanto revuelo armó en el Congreso de Valencia de 1937 y que incluso en el de 1987 siguió levantando ampollas retroactivas en los tardostalinistas vergonzantes. En todo caso, Jef Last fue capitán en nuestra guerra y después de haber luchado en nuestros frentes tuvo más de una contrariedad en su propio país por haber declarado el Gobierno holandés de entonces ilegal aquella participación del voluntariado extranjero en la primera lucha armada antifascista. Multitud de artículos y, poemas aparte, su experiencia de brigadista y de enamorado de la España libre la tiene escrita en su obra La tragedia española, un libro de unas 200 páginas en que también se reúnen sus Cartas desde España, 1935-1937 y su Reencuentro con España, mayo- junio 1961. Sigue leyendo

El doctor Zamenhof y el esperanto

Sara BERENGUER

Lejzer Ludowik Zamenhof

Lejzer Ludowik Zamenhof

Con ocasión de la celebración del «Homenaje a las mujeres que participaron en la Guerra Civil Española 1936-1939» en la Universidad de Barcelona, en octubre de 1987, llegó a mis manos el boletín titulado Llibertat que, en uno de sus artículos, «El idioma como dictador», su autor hacía una corta referencia a Zamenhof, inventor del Esperanto, llamándome la atención una palabra del siguiente párrafo: «A finales del siglo pasado –año 1887– el médico ruso L. Zamenhof, crea el idioma al que llamaría Esperanto…».

Bien convencida de que Zamenhof era polaco, y, a fin de que la historia de los hombres y de los hechos sea fiel a su trayectoria, consulté algunos diccionarios observando que en algunos se cita a Zamenhof como ruso y en otros, como polaco. Sigue leyendo

Rosalía de Castro: la loca de la esperanza

Antonina RODRIGO

Rosalía de Castro había nacido el 24 de febrero de 1837, en Santiago de Compostela, el año que Larra acaba con su vida de un pistoletazo. En su entierro se revela un muchacho que lee unos versos ante la tumba de «el pobrecito hablador»; este joven se llama José Zorrilla. Un año antes que Rosalía, había nacido en Sevilla Gustavo Adolfo Becquer. Con Rosalía y Bécquer se cancela el romanticismo español, del que ello dos, serán su figuras más representativas.

Rosalía

Rosalía

La llegada al mundo de Rosalía no fue acogida con la alborozada ternura de la mujer transformada en madre por primera vez. Hija de soltera, su gestación, como el parto, fueron clandestinos, algo furtivo que hubo que esconder para evitar la vergü̈enza pública y el deshonor familiar del mayorazgo de los Castro.

Pocas horas después de nacer, ante de que apuntaran las primeras claridades, María Francisca Martínez, la fiel sirvienta que ayudó al alumbramiento, sale cautelosa de la casa con el pequeño bulto de la recién nacida y se dirige a la capilla del Hospital Real, hoy Hostal de los Reye Católicos. Una lluvia fina y mansa acompaña a María Francisca, por las calles, hasta la plaza del Obradoiro. La mujer le da los nombres de «María, Rosa, Rita hija de padres incógnitos, cuya niña llevó la madrina, y va sin número por no haber pasado a la inclusa…», así consta en la partida de nacimiento. Sigue leyendo

En las prisiones de Franco: el libro póstumo de Joaquín Maurín

Ramón J. Sender

Maurín

Maurín

Todos los españoles de mi edad saben quién fue Maurín. Para los jóvenes, habría que definirlo en pocas palabras: un escritor aragonés especializado en materias sociales y económicas, que fundó en Barcelona un partido antifascista y antiestalinista (aunque con base marxista) y que después de pasar diez años en las cárceles de España salió, vivió veinte años más en Nueva York con su esposa y su hijo, y ha muerto recientemente. Entre otros papeles de importancia ha dejado un manuscrito que acaba de publicarse en México y que no trata de cuestiones sociales ni económicas. Un libro de recuerdos de las cárceles de España por las que pasó. Literatura no necesariamente política.

A nadie le extraña que el libro –En las prisiones de Franco (1973)– esté escrito con pulcritud, agudeza e inspiración. Lo que nos sorprende es que no haya en él rencores ni odios. Hay un profundo sentido de la justicia y la humanidad, pero ningún estrépito panfletario contra personas o cosas. Aunque sólo fuera por eso sería un libro de especial atención.

Pero tiene otras cualidades, entre ellas humor. No humor negro, sino de buena ley. Yeso después de una condena a treinta años de prisión –de los cuales cumplió diez– es, realmente, excepcional. El último cuento –o novela corta– del libro nos refiere cómo un preso, que había sido detenido por aparecer en una lista de francmasones, se negó a aceptar la libertad que le ofrecían después de varios años de prisión. Sigue leyendo

Arthur Koestler

Juan GARCÍA DURÁN

Nada es más triste que la muerte de una ilusión

Arthur Koestler

Arthur Koestler

Nada más expresivo, en la vida de Koestler, que la sentencia que antecede. Koestler es el luchador que perdió, entre otras, la única batalla en que no hay vencedor: la batalla del hombre consigo mismo; con las ideas, con el alma hecha trizas; con el cuerpo hecho un fardo.

Y de esta derrota, de esta triste desilusión, surgió el maravilloso psicólogo de la revolución; el escrutador del pesimismo, del abandono, del fracaso, de la renuncia, de la desesperación, del dolor…

Nadie como él ha vivido y descrito las desgarraduras físicas y morales del hombre cuya ilusión se vuelve un monstruo.

Para que nada faltara en la dimensión de su tragedia –porque tragedia es– Koestler encierra en sí al húngaro y al apátrida; al comunista y al antitotalitario; al caballero del ideal y al fantasma del pesimismo; al judío y al… hombre indefinido a fuerza de finitud.

Nació en Budapest, en 1905, de padres judíos. Sigue leyendo