Grecia: el triunfo de la dignidad sobre el miedo

Álvaro MILLÁN

Mucha gente está convencida de que la sumisión facilita una vida cómoda, de que sacrificando la dignidad se puede alcanzar el bienestar y de que es mejor renunciar a decir lo que se piensa, a protestar por lo que no nos gusta y a luchar por aquello a lo que tenemos derecho. Pero no es cierto, quien agacha la cabeza nunca encuentra compasión, encuentra un yugo que cae sobre su cuello y del que le será muy difícil librarse. La sumisión no es la consecuencia de la opresión, es su fundamento. No somos sumisos porque nos oprimen, nos oprimen porque somos sumisos.

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Grecia contra la Troika

Álvaro MILLÁN

Si hay algo más desagradable que ver a un Goliat machacando impunemente a un David, es ver a un espectador miserable jaleando cada golpe que el Goliat asesta a su rival, y disfrutando con cada herida, lesión y destrozo que el David va acumulando en su cuerpo como precio por enfrentarse a alguien mucho más poderoso.

1. 6.Este papel de espectador canalla lo han asumido, al parecer con entusiasmo, un buen número de periodistas lameculos, que aplauden cada golpe que la Troika atiza al pueblo griego y piden más y más dureza, empeñados en borrar de la imaginación de las gentes la idea de que la dignidad y la rebeldía ante los poderosos es algo más que una burda quimera, tan descabellada como pretender que los pueblos puedan decidir su futuro en un referéndum.

Humillar a Grecia es el primer paso de la Troika para someter a todos los pueblos de Europa

Álvaro MILLÁN

El pasado viernes se acabó de apalabrar el acuerdo final entre la Troika y el Gobierno griego. Todo parecía definitivamente encauzado en un compromiso que ambas partes podían asumir y que contaba con el beneplácito los mercados, como demostró la fuerte y generalizada subida de _fotonoticia20150209102748644_bda76859las bolsas. Pero cuando todo parecía indicar que habíamos pasado página a estas interminables negociaciones, llegó Christine Lagarde (FMI) y acabó con el acuerdo de un plumazo. Lagarde es ese ejemplo de humanidad liberal que piensa que la gente vive demasiado y que eso no es bueno para la economía global. Evidentemente, cuando dice «gente» quiere decir «gente pobre», porque los ricos pueden permitirse vivir el tiempo que quieran sin generar ningún problema a la economía global. Para Lagarde el problema son esos pobres que, después de hacer todo lo que pueden y saben hacer –es decir trabajar y pagar impuestos durante casi toda su vida–, en lugar de marcharse al otro mundo con la satisfacción del deber cumplido, se creen con derecho a una vejez digna a cuenta de lo que han trabajado y pagado. ¿Y por qué la economía global tiene que soportar que la gente empeñada en vivir entorpezca su normal desarrollo? Desde luego Lagarde no está dispuesta a consentirlo y tiene la solución: que el Estado reduzca las pensiones de los jubilados para reducir su esperanza de vida, con lo que no solo se ahorrará el dinero de sus pensiones, sino el de su asistencia sanitaria y demás cuidados destinados a la vejez. A lo que hay que añadir el beneficio para los propios jubilados que se ahorran así de un montón de años de miseria y postración. En definitiva, menos sufrimientos para los ancianos pobres y más dinero disponible para pagar los intereses de la deuda. Sigue leyendo

Ha muerto JESÚS LIZANO

maxresdefaultLa gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos. Como moscas en ámbar, como cadáveres congelados en el hielo, eso que según las leyes de la naturaleza debería desaparecer se conserva por el milagro de la tinta sobre el papel. Es una suerte de magia.

Como quien cuida de las tumbas de los muertos, yo cuido de los libros. Los limpio, les hago pequeños arreglos, los mantengo en buen estado. Y cada día abro uno o dos tomos, leo unas líneas o páginas, permito que las voces de los muertos olvidados resuenen en mi cabeza. ¿Nota un escritor fallecido que alguien está leyendo su libro? ¿Aparece un destello de luz en su oscuridad? ¿Se estremece su espíritu con la caricia ligera de otra mente leyendo su mente? Eso espero. Pues estando muertos deben de sentirse muy solos.

Diane Setterfield Sigue leyendo

Poetas malditos: Waskowsky y T’hooft

Francisco CARRASQUER

Hoy nos salimos del tiesto con dos poetas que bien pudiéramos calificar de malditos: uno neerlandés y otro belga, para que luego digan que son los dos países más burgueses de Europa (y, por lo tanto, del mundo). Pues no, aunque sólo sea para llevarles la contraria a los catalogadores de países. Además queremos tratar ya ese, más que espinoso, doloroso tema de los poetas malditos que desde tanto tiempo viene atosigándome.

Jotie T'Hooft

Jotie T’Hooft

Riekus WASKOWSKY

Riekus WASKOWSKY

El término nos trae a las mientes, sin falta, a Paul Verlaine, que por algo es el autor de la colección de glosas de seis poetas malditos (él mismo entre ellos) titulado precisamente «Poetes Maudits» (1884). Casos típicos de poetas malditos en la literatura universal son François Villon, Oscar Wilde, Edgar Allan Poe, Paul Verlaine, Dylan Thomas, Jean Genet… Y las asociaciones no menos inseparables a la expresión de poetes maudits, suelen ser: el ajenjo, la pederastia, la tendencia al suicidio y una vida entre la crápula y la bohemia. Pero la moda del poeta maldito ha pasado hace tiempo. Se situó entre el Romanticismo (años treinta del siglo XIX) hasta el simbolismo y modernismo (a caballo entre el XIX y el XX). Lo que no quiere decir que no haya seguido habiendo otros poetas, y no pocos, no menos merecedores de ese titulo y por parecidas razones. Lo que pasa es que la gente ya no se escandaliza por esas cosas. Aunque tal vez distinga al poeta maldito decimonónico del novecentista por la «materia prima», ya que si para aquéllos hablábamos de absenta, pederastia, proclividad suicida en plena crápula y bohemia, a los de nuestro siglo los podemos caracterizar por dos únicas adicciones: el alcohol y la droga dura, y a unos y a otros en no caer ya en exhibicionismos y en llevar una vida retirada, emborrachándose los unos a solas, o poco menos, y drogándose los otros en su vergonzante rincón sórdido.

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Sobre el relativismo moral. Sociologismo y conformismo

Ángel J. CAPPELLETTI

Angel J. Cappelletti

Angel J. Cappelletti

El sociologismo es la modalidad del relativismo moral que más adeptos ha encontrado entre filósofos y científicos sociales en el siglo XX. En realidad, se inicia en el siglo XIX y puede decirse que el fundador de la sociología es también el fundador del sociologismo. Augusto Comte proporciona, por lo menos, los fundamentos para una interpretación de la moral que no hace depender el valor y la norma de una realidad divina y trascendente, de una Idea subsistente o de una ley universal de la conciencia ni tampoco de una apreciación del sujeto individual, movido por el placer o por el interés, sino de un juicio del sujeto colectivo. Entre los positivistas posteriores a Comte, John Stuart Mill escribió:

«La única prueba capaz de demostrar que un objeto es visible, es que la gente actualmente lo vea. La única prueba de que un sonido sea audible es que la gente lo oiga: y así con los otros aspectos de nuestra experiencia. De igual modo, entiendo que la única evidencia que hace que algo sea deseable es que la gente actualmente lo desee» (Utilitarianism, ch. 4).

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