El cincopuntismo en la CNT

Carlos RAMOS JAQUOTOT

Investigación sobre el proceso de discusión mantenido entre un grupo de militantes libertarios y representantes del sindicato vertical entre abril de 1965 y abril de 1966.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAIntroducción

Dentro de la actividad desarrollada por los sectores libertarios españoles durante el período de la dictadura, hay un acontecimiento que, por las consecuencias que tuvo en el seno de éstos, como en los medios sindicales de oposición, así como dentro del sindicalismo vertical y el propio Régimen, he creído importante investigar. Las versiones de uno y otro lado difieren tanto entre sí que hacer luz sobre este proceso se muestra como un compromiso para los investigadores de la oposición al Régimen de Franco interesados en el movimiento sindical y, más específicamente, en el de carácter libertario.

Gran parte de la explicación de por qué se produjeron aquellas conversaciones entre libertarios y verticalistas hay que encontrarla en el contexto sociopolítico del momento. En efecto, el Régimen aparece, de alguna manera, legitimado o consolidado en el ámbito internacional, lo que le permitía mantenerse sin necesidad de grandes cambios en su interior. Estos cambios, o más bien «retoques» en el interior del Régimen, se producían exigidos por las necesidades de reestructuración económica iniciado con los Planes de Desarrollo de los años 60, y consistían en incorporar al aparato administrativo, y consecuentemente político, a sectores que pudieran colaborar a este fin sin cuestionar los contenidos del régimen franquista. El bloque más adecuado para este objetivo lo constituían los hombres del Opus: conservadores católicos, defensores de un modelo políticamente ultraconservador, pero buenos gestores económicos: la saga de los tecnócratas. Sus relaciones exteriores servían, además, para dar una imagen remozada del vetusto régimen, sin apenas cambios de consideración.

Por otro lado, desde 1961 y más intensamente durante 1962 y años siguientes, los esquemas de funcionamiento –y por lo tanto su base ideológica– del sindicalismo vertical diseñados al final de la guerra civil por los vencedores empezaban a resquebrajarse:[i] la creciente conflictividad laboral demostraba que los ideales de conjunción de intereses de patronos y obreros que propugnaba el sindicalismo vertical, no respondían a la realidad, cuando ésta podía manifestarse. Los trabajadores, sobre todo los que no habían vivido la guerra civil y la brutal represión subsiguiente, empezaron a perder el miedo y a protestar y reclamar condiciones dignas de trabajo, y lo que es más importante, diseñaban un marco de negociación de los conflictos que desbordaba el rígido esquema del verticalismo impuesto, que aunque de forma precaria y primitiva servía para negociar con los patronos, al margen de la estructura sindical oficial.

Los protagonistas de este movimiento, ya no eran los sindicatos históricos; ni siquiera, en la mayoría de los casos, sus militantes, debido a la debilidad producida por la represión continua, y también al hastío y desmoralización producidos por la ineficacia y las discrepancias internas. Ahora, el relevo lo tomaban jóvenes militantes vinculados a nuevas formaciones (USO, FST, militantes cristianos de las Vanguardias Obreras, HOAC, JOC…) o a organizaciones primarias de resistencia, como las incipientes Comisiones Obreras. Todas ellas utilizan un mismo discurso: unidad de clase contra la dictadura, reivindicación de sindicatos de clase, autónomos y democráticos. Pero a este discurso, mantenido desde el fin de la guerra por los «históricos», se une una cierta eficacia y un menor riesgo de pertenencia a aquéllas.

De esta manera, la sopa de siglas estaba servida: a la CNT y UGT (versiones del exilio y del interior) se unen el sindicalismo comunista canalizado inicialmente a través de OSO y luego de CCOO, el intento de viejos sindicalistas de contactar con las nuevas generaciones, que supone la ASO; la USO y FST, organizaciones que hunden sus raíces en el movimiento cristiano, más los sindicatos de nacionalidad STV y SOCC (luego SOC) del País Vasco y Cataluña respectivamente. A este batiburrillo habría que añadir las alianzas sindicales que funcionaron en ese período: la Alianza Sindical de España firmada en 1961 entre las centrales históricas en el exilio, UGT, CNT y STV: esta misma Alianza en su versión del interior firmada por UGT y CNT con la FST y que no recibiría nunca el reconocimiento del exilio; incluso la misma ASO, que se desarrolló casi exclusivamente en Cataluña, a partir del año 1962, y que no fue reconocida nunca por las dos anteriores organizaciones.

A este panorama sindical se unen las relaciones políticas que desde la CNT, se desarrollan, se ponen en cuestión o se rechazan, pero en todo caso, son objeto de discusión y tratamiento, ocupando reuniones y reuniones de sus cuadros que, en muchas zonas geográficas, es lo único que queda.

Los antecedentes directos del cincopuntismo

En 1955, cuando la CNT ha visto liquidadas sus posibilidades de intervención y organización de masas, por la brutal represión del Régimen, un grupo de destacados militantes, encuadrados en la Confederación Regional del Centro se vuelven a organizar como núcleo de la CNT con las siguientes misiones: reconstrucción orgánica, atención a los presos y relaciones con las organizaciones antifascistas. Esta última, tenía un doble objetivo: aparte de la recomposición de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD), se trataba de liquidar las extrañas relaciones con los monárquicos que aún seguían manteniendo algunos sectores confederales. Este grupo formado por Melchor Rodríguez, Esteban Muñoz, Fulgencio Sañudo, Rafael Rosillo, Francisco Royano y Lorenzo Iñigo, autodenominado «grupo de los seis», jugaría un papel importante en el futuro de la organización en el Centro y, posteriormente, parte de sus miembros –todos menos M. Rodríguez y Rosillo– serán los iniciadores de las discusiones que darían lugar al documento base de las conversaciones de los cinco puntos.

Este trabajo de reconstrucción se vio interrumpido por la caída de algunos monárquicos, que afectó a sectores confederales. En el año 1960 y 1962, se inicia nuevamente la reconstrucción que de mano del exilio, se pone en marcha; primero con Camarasa (marzo 1960) y luego con Eusebio Azañedo (verano de 1962) que pretendieron constituir un nuevo Comité Nacional. Designado Ismael Rodríguez con carácter provisional y con la misión de reorganizar las maltrechas filas confederales, no puede cumplir su compromiso al ser detenido él y sus colaboradores a los pocos meses. Estas continuas caídas, fomentaron la resistencia entre muchos viejos cenetistas a seguir intentando la reconstrucción orgánica de cara a una acción clandestina, cuando no fomentaron la actitud cada vez más pasiva de bastantes de ellos. En febrero de 1965 caería el 19º Comité Nacional de Francisco Calle.

Por otro lado, conversaciones mantenidas por algunos sectores antifranquistas con sectores del Régimen que se creía más inclinados a romper el continuismo de aquél, frustraron una vez más las expectativas de cambio, al no encontrar entre éstos la disposición a una intervención clara en este sentido. Me refiero a la iniciativa adoptada por un grupo de antifranquistas que se reunía regularmente en una tertulia, en el Restaurante «El Escudo», de la calle Francos Rodríguez, de Madrid, desde 1960, entrevistándose con el Teniente General García Valiño y el Abogado García López. A esta tertulia acudían, entre otros, José Luis Sampedro, Dionisio Ridruejo, Lain Entralgo, Santiago Marín y algunos cenetlstas.[ii]

En el ámbito sindical, el Partido Comunista, considerando la ineficacia de la acción clandestina para lograr una «real penetración entre las masas», y dentro del contexto de la política de «reconciliación nacional» elaborada por Carrillo y asumida por el Comité Central en mayo de 1955, inició una estrategia de penetración en los organismos de masas, que a nivel laboral se traducía en la penetración en el Sindicato vertical. En otoño de 1964, desde Comisiones Obreras, se lanza un documento programático, que recoge esta estrategia: «Actuando entre lo ilícito y lo legal, preparamos ya las grandes asambleas y congresos obreros libres que darán vida a ese sindicalismo obrero que nadie nos va a regatear». En marzo de 1965, Camacho, Somoza y siete firmantes más hacían llegar al presidente de la Sección Social Central del Sindicato de Banca de la CNS un escrito cuyo anexo titulado «Ante el futuro del sindicalismo», firmado por más de cien trabajadores, representantes de distintos sectores de la producción, exponía en 10 puntos todo un proyecto de sindicalismo, en el que se aventuraba una propuesta de transición pacífica del modelo vertical del Régimen a otro cuyas características serían:

«sindicato único, independiente de todos los partidos políticos y de los patronos, democrático, reivindicativo y que desarrollará su actividad en el marco del derecho de huelga, y la máxima libertad de actuación, palabra, escritura y reunión… con un respeto a las diversas tendencias que en su seno puedan manifestarse…».

Este documento, firmado por militantes comunistas y otros procedentes de organizaciones obreras cristianas y de la misma Falange, con su importante difusión manifestaba hasta qué punto el proyecto comunista habría cuajado.

En este contexto se producen las primeras iniciativas de un grupo de militantes confederales de Madrid, en 1964, tendentes a buscar salidas distintas a las planteadas hasta aquellos momentos a la acción de CNT.

Por iniciativa de Natividad Adalia, éste y Fulgencio Sañudo se reúnen con Francisco Royano y L. Iñigo. Tras un debate en el que se hacen unas primeras valoraciones de la situación, se acuerda ampliar el grupo de discusión a otros compañeros y profundizar en el debate iniciado. A los pocos días, este grupo, al que se suman Esteban Muñoz y Ángel Morales, se reúne y elaboran un documento en siete puntos que concreta las reflexiones, el fruto de las discusiones habidas. A esta línea de discusión, Royano informó que los compañeros implicados en las conversaciones con los monárquicos ya habían dado su aprobación.[iii]

Ese documento, pasado luego a una circular distribuida entre militantes de toda España, era el siguiente:

  1. Abandono de toda actividad política, centrando nuestras energías en el campo estrictamente sindical.
  2. Afirmación del pensamiento anarcosindicalista y relanzamiento de éste en los centros de trabajo, para la captación de la juventud trabajadora, como fundamental tarea del momento.
  3. Sobre la clandestinidad, evitar todo riesgo de persecución a los jóvenes que vengan a nuestros medios, ofreciéndoles tareas prácticas y atractivas.
  4. Trazar una estrategia coherente con los objetivos inmediatos, mediante la penetración en los sindicatos verticales, buscando contactos con Comisiones Obreras de cara al final del franquismo, impidiendo que esos sindicatos sean dominados por corrientes adversas a nosotros.
  5. Divulgación inteligente de los conceptos libertarios ante los problemas que se plantean en los centros de trabajo y en los sindicatos, con alternativas realistas, alejadas de toda utopía, pero con singular relieve del ideal libertario que representamos.
  6. Afirmación constante de la independencia necesaria para los sindicatos oficiales y plena autogestión de éstos por los propios trabajadores afiliados, mediante compromiso de las diferentes tendencias que en ellos existan.
  7. Influir inteligentemente desde los sindicatos en la sociedad para la democratización política de ésta, hasta conseguir la plena liberalización del sistema autoritario que padecemos.

La acogida de esta circular fue dispar; unos apoyaron la iniciativa, otros no contestaron, otros dudaron de las posibilidades de futuro de la propuesta. Con las aportaciones recibidas, este grupo se comprometió a elaborar un documento, que se mandaría para su estudio a los militantes con la pretensión de que sirviera de exposición colectiva sobre el momento actual y pudiera hacer de catalizador entre las filas confederales.

En abril de 1965 se hizo llegar a los militantes confederales de las distintas regiones y del exilio, así como a la UGT y Comisiones Obreras, solicitando de todos una respuesta, el documento, en forma de declaración, que ofrecemos seguidamente:

ANTE LA PROBLEMATICA SINDICAL ESPAÑOLA

Los hombres que han militado y asumido funciones de responsabilidad en el sector libertario del movimiento obrero español, movidos por su propia conciencia ante la problemática que la actual situación de España presenta en torno a sus vitales e incitantes problemas políticos, económicos y sociales, de cara a la insoslayable transformación política y sindical a que se ve abocado nuestro país de manera perentoria por imperativo de su propio futuro comunitario; conscientes de que nuestra sociedad ha de proyectarse a través de sus realidades políticas y sociales impulsada por las dinámicas corrientes del sindicalismo obrero; convencidos, de que en las fuerzas productoras de todo país, organizadas en sindicatos libres, reside la verdadera fuerza constructiva de la sociedad del futuro; con plena superación de actitudes pasadas entre las diversas organizaciones obreras del país, consideramos necesario hacer la presente declaración:

Evolución del Régimen

Todos los españoles tenemos conciencia de la insoslayable necesidad de imprimir una trascendental evolución al régimen político bajo el cual vivimos. Las razones de orden nacional e internacional son obvias por demasiado conocidas. Es evidente que la evolución del Régimen es necesaria para todos; tanto para los que sobre él viven como para los que bajo él vegetan, y es también evidente que ésta evolución no se podrá lograr con efectividad plena si en la operación se quiere prescindir de las fuerzas obreras marginadas hoy de la vida pública española.

Impedir la vuelta a la ley de la selva va a ser la primera tarea que van a ejercer los que resuelvan la crisis. El mejor camino, a nuestro entender, es la franca apertura al diálogo entre los distintos sectores políticos que puedan comprometerse en esta empresa. Y dentro de este compromiso, no se puede excluir a los organizaciones sindicales, ya que el mundo laboral no puede estar marginado del proceso de transformación que tan directamente afecta a su futuro. Los reacios a los compromisos con la clase trabajadora dicen que ésta está despolitizada, que es amorfa, indiferente. Lo cierto es que el pueblo trabajador espera. La espera es un estado doloroso, lo contrario de la indiferencia. Es una inquietud inmóvil y sorda frente a un porvenir incierto.

Cooperación sindical

Ante las motivaciones expuestas, se impone la necesidad apremiante de un diálogo sincero entre las diferentes corrientes del movimiento obrero español, encaminado a lograr unos claros compromisos, mediante la cooperación mutua en tareas constructivas, dentro de nuevas estructuras. Para ello, ofrecemos nuestra cooperación, entendiendo por cooperación, no una abdicación de nuestras convicciones propias, ni mucho menos un propósito de sumisión de nuestro ideario a los que con nosotros puedan cooperar. Cooperación, según su terminología, significa trabajar en igualdad de condiciones, en idéntica posición y análoga responsabilidad. Cooperación nunca puede entrañar una relación de mando. La cooperación, al igual que la colaboración, significa trabajaren común en una actividad conjunta, armónica, hermanada, pero nunca puede ser confusión, identificación o absorción. Cooperación nunca puede entrañar vasallaje o incondicional entrega. Entendida así la cooperación y para llevarla adelante, señalamos los siguientes objetivos:

Sindicato libre y democracia sindical

La disgregación de las distintas tendencias sindicales del movimiento obrero español, han significado siempre un grave perjuicio para la clase trabajadora, dando lugar a señalados conflictos entre ella. En el momento actual, cuando se trata de establecer nuevas estructuras en todas las esferas de nuestra sociedad, la diversidad de sindicatos significaría un mayor conflicto. El sindicalismo libertario siempre ha sostenido la necesidad del sindicato único. Hoy, ante la conflictiva situación sindical española, reafirmamos esta postura que siempre hemos sostenido, considerando que ella puede y debe ser compatible con el planteamiento formativo, libre y sereno, de las diferentes opciones doctrinales a las que los trabajadores prefieran adscribir su libertad en el seno de los sindicatos, mediante la asociación voluntaria de los grupos doctrinalmente diferenciados dentro del sindicato único, pero formando todos, como fuerza obrera homogénea, la más estricta unidad, determinada por la ley de las mayorías, en el libre acuerdo de las asambleas, cuyas decisiones estarán todos obligados a acatar y cumplir.

Control sindical de su propiedad social

Control efectivo y libre administración por los sindicatos obreros de todas las propiedades de la actual Organización Sindical: Mutualismo Laboral; gestión de la cuota obligatoria sindical; Seguridad Social; Universidades Laborales; Cooperativismo; Prensa Sindical y de todo el ahorro laboral y sus aplicaciones.

Derecho de huelga

Como instrumento de defensa de la clase trabajadora ante los abusos capitalistas que no se puedan combatir por otros medios, sólo limitada por leyes que protejan, no el interés del grupo capitalista, sino el interés general del país.

Para llevar adelante el plan propuesto y aceptando el propósito que lo guía, cada una de las actuales tendencias de la clase trabajadora dispuestas a cooperar, designaría una comisión de tres representantes y entre todos ellos, constituirían una ponencia que, recogiendo las líneas generales sobre las que se consolidaría la unidad de acción, los métodos y los objetivos a alcanzar, redactaría un dictamen abarcando todos estos puntos:

1. Contenido político-social de la Organización Sindical.
2. Estructuración orgánica y mecánica sindical.
3. Tácticas de acción sindical, económica y social.
4. Estatutos generales.

El dictamen emitido por esta ponencia deberá ser ratificado por los sectores en ella representados para poder entrar en vigor. Una vez conseguida la aprobación del dictamen por las partes afectadas, se procederá a la constitución de un Comité Nacional integrado por las diversas corrientes aliadas. Este Comité Nacional sería el que pondría en práctica el dictamen por el que habría de regirse la nueva Organización Sindical Española.

Los hombres del sindicalismo libertario español, al tomar estas decisiones, tienen conciencia plena de la responsabilidad que adquieren no solamente ante los trabajadores, sino ante toda nuestra sociedad. Nuestra decisión está basada en el primordial objetivo de promover una acción de solidaridad que dé satisfacción a los deseos de nuestro pueblo en la difícil coyuntura actual, en el camino de salir de la dictadura a la libertad sin graves consecuencias. Como dijimos en nuestro mensaje al pueblo español en enero de 1963: ¡Ojala que lo que se montó con dolor, sangre y lágrimas, no vuelva a costar dolor, sangre y lágrimas a la hora de desmontarlo!

España, abril de 1965

Una atenta lectura y su indudable importancia merece un análisis en el que entramos a continuación:

En primer lugar, pretende ser una alternativa a las diversas líneas de actuación mantenidas hasta entonces por los sectores libertarios: frente a la actuación del exilio que a pesar de sus divisiones mantenía un criterio homogéneo sobre la estrategia a seguir: mantener a toda costa una estructura en el interior que permitiera, a la caída del Régimen, la más rápida reconstrucción de los Sindicatos Confederales. (Sobre cómo se tenía que producir la caída del Régimen ya había más discrepancias, que iban desde la vía del atentado hasta la de la colaboración política con los sectores de oposición al Régimen); frente a sectores del Interior que se debatían entre las dos estrategias anteriores y la de la intervención sindical en los medios laborales a través de nuevas siglas que permitieran la conexión con las nuevas generaciones de trabajadores, temerosos de la vinculación a siglas históricas tan duramente reprimidas, como era el caso de los partidarios de ASO.

Por otro lado, el documento recoge también el criterio general de la oposición sindical estructurada en torno a las nuevas organizaciones; un sindicato único de clase, democrático y libre.

CCOO, en la línea de las anteriores pero con una estrategia más desarrollada, entendía –según el documento programático citado– que a este modelo se llegaba mediante la cooperación («cooperar a la coordinación de esfuerzos y de entendimientos entre cuantas entidades y personas luchan hoy, activa y sinceramente en el seno del Movimiento Obrero») de la que no se excluía a nadie. Este documento remitido a las jerarquías sindicales y personalidades del Régimen nunca tuvo respuesta o eco entre aquellos. En cambio el documento de los libertarios que planteaba, como CCOO, el entrismo en el Sindicato vertical y la cooperación con todos –verticalistas y las otras fuerzas sindicales de oposición– si la tuvo.

A esta diferencia conviene añadir otra muy importante: CCOO y el PCE sabían que esa oferta realizada por ellos tenía escasas posibilidades de éxito y por eso mantenían al lado de esa oferta formal, una estrategia de penetración, sin identificaciones, en el aparato del Sindicato vertical; el grupo de libertarios implicados en la redacción de este documento, se echaban abiertamente en manos de los hombres del vertical para desarrollar un programa parecido, pero sin diseñar una estrategia paralela de intervención que les permitiera avanzar en el objetivo, si no prosperaba la propuesta de cooperación, o incluso para forzarla, y que sirviera para garantizar un apoyo importante de los trabajadores. Al no ser así, y al desarrollarse en el marco de unas negociaciones secretas, apareció a los ojos de muchos –propios y extraños– como una extraña maniobra y fue utilizada en algunos casos para que se les acusara de traidores.

En relación con el contenido, junto a las aspiraciones de todo el sindicalismo de oposición, el documento recoge viejos planteamientos confederales, cuando propone el control sindical de la llamada «propiedad social» (el formidable aparato controlado por el Sindicato vertical).

El documento era una respuesta a toda esa situación: por un lado, se planteaba abandonar una estrategia mantenida sistemáticamente por la Organización Confederal, que tras los años inmediatamente posteriores a la guerra había logrado algunos éxitos en cuanto a reorganización y relanzamiento, pero que a la altura del año 1965 había supuesto la caída de 19 Comités Nacionales, el sistemático desmantelamiento de la misma, la pérdida de cuantiosos militantes, bien porque fueron fusilados o bien por las largas y duras penas de cárcel a las que fueron sometidos, y todo eso con la constatación de que a la altura de estos acontecimientos, tan tremenda sangría no habría servido para conectar con las nuevas generaciones de trabajadores.

Por otro, se constataba que las organizaciones históricas CNT y UGT eran desbancadas del protagonismo en los medios de las luchas laborales, por nuevas organizaciones, y fundamentalmente, por un Partido Comunista que con otra estrategia –la penetración en el Sindicato vertical– estaba consiguiendo el control del movimiento obrero. La nueva estrategia pretendía recuperar el antiguo protagonismo de la CNT, pero también de las fuerzas sindicales de oposición, de cara a un futuro diferente, que se preveía relativamente próximo. Con esta recuperación del papel de los demás era evidente que también se pretendía evitar la hegemonía de los comunistas en el movimiento obrero.

Finalmente, merece la pena resaltar que el documento hace un análisis sobre las posibilidades de cambio en el seno de la organización sindical vertical, excesivamente eufórico: en efecto, en 1962 se publicaba el Decreto sobre conflictos colectivos, decreto que venía a reconocer oficialmente una realidad hasta entonces no aceptada: la inevitable lucha de clases que rompía el esquema fascista de la colaboración de clases. El Decreto intentaba dar cauce a una situación, reconociéndola. Por otro lado, en 1964, se crea la Comisión Permanente del Congreso Sindical, que significa un avance en la estructuración del Sindicalismo vertical y de su intervención importante en la vida del país. Ambos documentos unidos a los cada vez más extendidos comentarios, por esas fechas, de la aparición futura de una nueva Ley Sindical, forzada desde la OIT, hicieron concebir esperanzas a sus autores sobre la evolución del Sindicalismo Vertical que no fueron contrastadas debidamente con la represiva realidad cotidiana, o se mantuvieron a pesar de ésta. (Cabe recordar que en febrero de 1964 es detenido un grupo de militantes catalanes entre los que se encuentra el Secretario General de CNT, Francisco Calle, y el 27 de abril de ese mismo año es detenido su sustituto, Cipriano Damiano, aunque logra evadirse posteriormente). Las esperanzas de los dialogantes irían dirigidas también –dicho en palabras de los protagonistas– a acabar con aquel rosario de detenciones. De hecho, uno de los compromisos adquiridos por parte de los representantes del «Vertical» una vez elaborado el documento de los cinco puntos en agosto sería el cese del acoso policial hacia los confederales para permitirles tener las reuniones que fueran necesarias y lo más amplias posibles…

Las reacciones a este documento marcan en gran medida el futuro de esta iniciativa: ni UGT, identificada en cuanto a la estrategia sobre el futuro del sindicalismo español con el planteamiento del exilio cenetista, ni CCOO, que ya desarrollaba –y con éxito– el proyecto que se le ofrecía, y encima sin tener oponentes incómodos con los que enfrentarse por el control del sindicato vertical, contestaron.

En las filas cenetistas se volvió a producir la división de opiniones que la circular anterior había suscitado.

Sin embargo, un conocido hombre del Régimen, el profesor Muñoz Alonso, director en ese momento del Instituto de Estudios Sindicales se interesó por el documento y se lo hizo saber al grupo redactor a través de un conocido común, relacionado en una etapa anterior de militancia clandestina con el FLP.[iv]

El grupo redactor amplió la discusión sobre la conveniencia de realizar una entrevista a Muñoz Alonso con varios compañeros más, de Madrid, a quienes se informó también de la acogida del documento, y el silencio de CCOO y UGT. Se acordó ir, pero a nivel personal y a título informativo. De aquella reunión salió la Comisión encargada de hacerlo: Royano, Manuel Fernández e Iñigo.[v]

En la entrevista, Muñoz Alonso planteó la necesidad de un diálogo, sin más compromiso inicial, con representantes oficiales del sindicato vertical. La respuesta quedó pendiente de una consulta de los libertarios a sus compañeros. Esta consulta se hizo a compañeros de varias provincias: Barcelona, Bilbao, Alicante, Asturias, Canarias, Zaragoza, Valencia y Madrid, que se pronunciaron favorablemente sobre la entrevista y se ofrecieron para participar en las gestiones que fueran necesarias

Comunicada la decisión a Muñoz Alonso, a mediados de julio se recibió la relación de representantes del sindicato vertical que participarían. A continuación el grupo dialogante pide a los compañeros de las distintas federaciones regionales que designen a dos por federación regional para acudir a la reunión. La relación resultante reúne a 12 militantes de Sevilla, Alicante, Valencia, Barcelona, La Coruña y Madrid.

El encuentro se produce el 25 de julio. Los representantes del Sindicato Vertical presentan un extenso documento titulado «El Asociacionismo Sindical Español», con los siguientes apartados:

  1. Evolución del Sindicalismo en la experiencia española.
  2. El doble proceso de institucionalización del Sindicalismo.
  3. El asociacionismo sindical obrero.
  4. El asociacionismo sindical empresarial.
  5. El asociacionismo cooperativo de producción y consumo.
  6. El Banco Sindical.
  7. El Congreso Sindical.
  8. Derecho de huelga.
  9. Independencia Sindical.

Este simple enunciado da una idea de un contenido difuso y justificador, del verticalismo, por lo que la delegación del grupo libertario pidió tiempo para su estudio.

Hasta esa fecha, en el seno de la CNT del interior, se habían producido diversas situaciones importantes que influirán en el desarrollo del proceso.

Por un lado, el mismo mes en que ve la luz el documento citado, en abril, el día 12, se firma una Alianza Sindical con UGT y FST por parte de representantes de la CNT del interior: Royano e Iñigo (Delegado de la Regional Centro en el Comité Nacional y Secretario de esta Regional respectivamente). Este hecho motivaría una circular del Secretario General provisional convocando un Pleno Nacional de Regionales (PNR) –máximo órgano entre Congresos– que debería celebrarse cuanto antes para elegir un nuevo Comité Nacional y discutir sobre la Alianza, ASO y el documento de 7 puntos. Este Pleno no se celebraría hasta diciembre, donde se presentaría el fruto final de las conversaciones. Esta Alianza, posteriormente, no sería reconocida por el exilio. Pero tampoco era aceptada por el sector que apoyaba a ASO.[vi] La ASE recién suscrita se posicionaba claramente en contra del Sindicato vertical en la declaración que acompañaba a su constitución, el hecho de la firma y su no reconocimiento por parte del sector catalán, que apoyaba a ASO, manifiesta un enfrentamiento, fruto de una desconfianza que se arrastraba de tiempo atrás, por parte de Damiano, Secretario General provisional del Comité Nacional hacia L. Iñigo y sus colaboradores de la Regional del Centro, desde que Melchor Rodríguez, miembro del «grupo de los seis», había hecho público en octubre de 1962 que L. Iñigo le había manifestado su deseo de retirarse de la CNT. Esta desconfianza, motivaría que ya en agosto, Damiano lanzara una circular condenando las conversaciones.

Por otro lado, el grupo dialogante hace esfuerzos por difundir y dar a conocer en los círculos confederales su propuesta. De manera que a primeros de agosto, Royano es enviado por el Interior a Montpellier con la intención de explicar el proyecto y dar a conocer el documento. A pesar de la recomendación de que no lo haga, hecha por los representantes de varias delegaciones que habían abandonado el Congreso, Royano lo intenta, pero se le impide por el Secretario General del Secretariado Intercontinental (SI), Germinal Esgleas, que lo recibe para ser informado al margen del Congreso, permitiéndole el acceso al mismo, con la condición de no informar sobre el tema.

Es curioso que sin tratarse expresamente el tema, el Congreso adoptara una resolución enérgica sobre la «no colaboración con la Administración en materia laboral por tratarse de un organismo político». El Exilio no se pronunciaría sobre el tema con claridad hasta después de PNR de 5 de diciembre, celebrado en el interior por el sector dialogante, para asumir las gestiones llevadas hasta entonces con carácter particular por un grupo de militantes.[vii]

El proceso de las conversaciones se reanuda el 27 de agosto. Previamente se había discutido el tema en varias reuniones de militantes por varios puntos del país. Esta nueva sesión, fue de debate, pero concluyó sin ningún acuerdo. Los meses de septiembre y octubre sirvieron al grupo coordinador del sector libertario para informar a la militancia con los resultados discrepantes ya manifestados anteriormente, pero consiguiendo constituir comisiones de coordinación con federal en nueve regiones: Centro, Cataluña, Levante, Andalucía, Aragón, Extremadura, Asturias, Canarias y Galicia, así como, una Comisión Nacional formada por Natividad Adalia, Royano e Iñigo.

A estas alturas, entre militantes de varias regionales del Interior han sustituido a Damiano en la Secretaría General del Comité Nacional y nombrado a Romero (seudónimo de Royano) Secretario de una Comisión Nacional provisional, que el 17 de octubre convoca un PNR para hablar del tema de las negociaciones y nombrar un nuevo Comité Nacional.

Esta decisión sería duramente criticada por Damiano, que en una circular de agosto a la militancia del Interior, defiende su carácter de Secretario General provisional hasta que un PNR lo sustituya, y critica duramente el proceso cincopuntista por implicar a la organización, a pesar del carácter personal con que los militantes libertarios asisten a las conversaciones, sin que hubiera mediado un debate amplio y extendido a toda la organización para decidir sobre las mismas, y se hubiera exigido la libertad de los detenidos.

El 4 de noviembre se vuelven a reunir las delegaciones de verticalistas y libertarios dando a la luz un documento síntesis, con el título de «Acuerdos provisionales entre militantes del sindicalismo oficial y militantes del sindicalismo libertario, encaminados al desarrollo del sindicalismo obrero español», que reproducimos íntegramente:

ACUERDOS PROVISIONALES ENTRE MILITANTES DEL SINDICALISMO OFICIAL Y MILITANTES DEL SINDICALISMO LIBERTARIO, ENCAMINADOS AL DESARROLLO Y PERFECCIÓN DEL SINDICALISMO OBRERO ESPAÑOL

Una preocupación común a todos los trabajadores es obtener la mayor concordia y unión en los momentos actuales, y contribuir a un futuro que esté libre de las divisiones del pasado y de sus funestas consecuencias. A este fin, un grupo de antiguos militantes del movimiento obrero libertario han tenido conversaciones con un grupo de militantes del Sindicalismo Nacional, en la sede del Instituto de Estudios Sindicales de Madrid, con el fin de explorar sobre las posibilidades de unidad en el movimiento obrero, en orden a ser factor positivo en el compromiso nacional de lograr un país económicamente próspero, políticamente progresivo y socialmente justo, marginando los problemas ideológicos que podrían separar a los trabajadores y dificultar, no solamente ese movimiento obrero en su conjunto, sino la tarea a que se sienten llamados en orden a sus responsabilidades como españoles.

Desde el primer instante, ambos grupos advirtieron con satisfacción la existencia de coincidencias alentadoras; no hubo acuerdo completo en todos los extremos debatidos, pero sí se puso de relieve que las diferencias eran menos graves de lo que podía temerse por anticipado. Enfocados sus esfuerzos a determinar la forma de que los trabajadores puedan reforzar su eficacia en la Organización Sindical, y evitándose los enfrentamientos pasados, resumen sus acuerdos provisionales en los siguientes puntos:

1. En unos momentos en los que se trata de armonizar nuevas estructuras en todas las esferas de nuestra sociedad, la pluralidad de sindicatos, bajo distintas ideologías políticas, significaría un grave conflicto, no solamente para la propia clase trabajadora, sino para la sociedad en su conjunto. Por todo ello, el Sindicato debe ser único, mientras que los trabajadores serán libres para profesar ideas o creencias con arreglo a su propia conciencia individual.

La afiliación será automática en cuanto se ejerza una actividad laboral o de producción, y no se producirán discriminaciones políticas, religiosas o de cualquier otra clase, en cuanto que afectaría a los derechos inalienables de la persona humana.

2. Los principios de constitución del sindicalismo son los siguientes:

a) Autogobierno por parte de los trabajadores de sus organizaciones profesionales, estructuradas democráticamente.

b) Independencia respecto al Gobierno, a la Administración o a cualquier otra entidad oficial del Estado.

c) Autonomía respecto a las organizaciones políticas existentes o que puedan existir en la Nación.

d) Separación de las organizaciones empresariales, sin perjuicio del mantenimiento o de la constitución de órganos de relación y coordinación de carácter institucional.

3. Los trabajadores encuadrados en sus organizaciones sindicales recaban el gobierno y la administración de las entidades que se engloban en la consideración de MUTUALISMO LABORAL.

Asimismo se hace necesario alcanzar la participación suficiente de los sindicatos obreros en cualquier empresa o institución social en todos los ámbitos: municipales, provinciales, regionales o de naturaleza estatal o paraestatal; en las empresas nacionalizadas: en la planificación y ejecución de la política de desarrollo económico y social y en los órganos representativos de gestión, de consulta y de legislación general.

4. La huelga constituye un derecho de fuerza que debe ser reemplazada por otro procedimiento de convivencia humana. No obstante, mientras las estructuras de la sociedad contemporánea permitan los abusos antisociales de los distintos sistemas de explotación económica, los trabajadores deberán disponer del derecho de huelga que equilibre su situación de inferioridad en la sociedad respecto a los posibles infractores capitalistas. Este derecho se aplicaría una vez que, regulados convenientemente los conflictos colectivos, se agotaran todos los procedimientos de avenencia mediante la negociación, y en este caso solamente serían lícitas las huelgas declaradas por las propias organizaciones sindicales obreras. Idénticas garantías y requisitos serán exigibles para el lock-out empresarial.

5. El sindicalismo propugna el desarrollo del cooperativismo, tanto en el campo de la producción como en el del consumo, por entender que constituye un instrumento decisivo para alcanzar la reforma indispensable de las estructuras económicas, al fomentar un nuevo tipo de propiedad que acelerará la expansión de la renta nacional y hará más fácil y humana la convivencia de los factores de la producción.

ACUERDO ADICIONAL

A propuesta de la parte libertaria se acuerda trasladar estas conclusiones a los sectores obreros de la Confederación Nacional del Trabajo, Unión General de Trabajadores, Comisiones Obreras y Demócratas Cristianos, invitándoles a que, si en principio los aceptan, se incorporen, dentro del espíritu en ellos expuesto, al estudio conjunto para su aprobación definitiva. A estos fines se establece un plazo de treinta días para conocer las respuestas, quedando la parte libertaria encargada de éstas gestiones.

Madrid, 4 de noviembre de 1965.»

En este nuevo documento, se observa que, junto con los extremos reflejados en el presentado anteriormente por los libertarios («Ante la problemática Sindical Española»), se añade un acuerdo adicional por el que se establece que estas conclusiones se envíen a CNT, UGT, FST y CCOO, para que en caso de identificación se incorporen al estudio de la ponencia para participar en su discusión y redacción definitiva.

Como ya se ha dicho, CNT distribuye profusamente el documento haciéndolo llegar a las organizaciones citadas, invitándolas a participar; UGT y FST lo rechazarían liquidando así la efímera Alianza Sindical del Interior, y CCOO, ni contesta.

De esta manera, el sector de los dialogantes se queda sólo en el proyecto, frente al sector pro-ASO de Damiano y los respectivos sectores del exilio, y las demás Organizaciones Sindicales de oposición.

Las repercusiones de esta toma de posición, difundida por los dialogantes, según se expresa más arriba, y filtradas a la prensa, no se hicieron esperar.

Como ya se ha apuntado, la primera crítica vendrá del lado del sector confederal pro-ASO. El exilio libertario reaccionaría más tarde, aunque ya en septiembre la FAI hará una declaración pública en contra. En el exilio se estaba valorando el alcance de este proceso, y solamente cuando algunos sectores del Interior se posicionaron claramente en contra, el exilio se definiría públicamente. Esta definición supuso una movilización de su aparato en dos direcciones: organizar la oposición interna, reestructurando la red de relaciones, ya bajo una tutela más directa desde el exilio manteniendo la marginación del sector pro-ASO, y lanzar una campaña pública de posicionamiento frente al Régimen aprovechando todas las coyunturas posibles, de las que la primera sería la petición de abstención en el Referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado en diciembre de 1966.

También la UGT haría público su rechazo utilizando la situación para manifestarse en contra de las nuevas organizaciones: «Trabajador, repudia con la misma valentía que a los sindicatos verticales… a esas confusas comisiones obreras, posiciones sindicales, comités de organizaciones sindicales democráticas, grupos de dialoguistas, constituidos por tránsfugas y grupos de penetración constituidos por expulsados y por la hez de la sociedad», llamando a confiar en las organizaciones obreras libres de la influencia capitalista y que no ocultan sus anagramas.

También la FST confirmó su marginación del proyecto, quedando obligada a recomponer sus estrategias de relaciones dentro de la Alianza Sindical del Interior firmada con UGT y la CNT de los dialogantes en abril de ese año. De manera que, en febrero, se dirige a la Alianza del exilio solicitando su adhesión. La respuesta nunca llegaría, a pesar de que el Comité de la Alianza del Interior firmaría algunos comunicados conjuntos en 1966, rechazando el Sindicato Vertical y acusando a la ASO de «entreguista» por un comunicado que en Mayo de ese año hacia ésta convocando a los trabajadores el 28 de junio a manifestarse para conseguir un sindicato obrero y democrático, acto que «será continuación del llevado a cabo el año pasado por una Comisión de la CNT que hizo llegar las ansias de libertad sindical de la clase trabajadora al Gobierno por conducto de los Sindicatos Oficiales…».

El sector de CNT pro-ASO había criticado el diálogo, pero ASO lo utilizaba en su campaña de presión al Gobierno en la misma línea que se hacía desde otros proyectos sindicales.

También la CNT del Interior no dialogante, ya bajo el control del exilio, en reunión mantenida en Santander el 3 de julio de 1966, en la que se organizaba al margen de los dialogantes, acaba por volver a la antigua política de pactos que años atrás habría desechado al no participar en la UFO, proponiendo el «establecimiento de un auténtico Frente Democrático con la UGT y todas las fuerzas de la oposición», aunque esta propuesta llegaba tarde…

El final

A raíz de las consultas hechas por la Comisión del sector dialogante sobre el documento de los 5 puntos, se acuerda volver a convocar el Pleno Nacional de Regionales tantas veces desconvocado anteriormente, y que tiene lugar en Madrid el 5 de diciembre de 1965. Allí, con el voto en contra de Asturias, se aprueba la gestión realizada, el documento y la continuación de las conversaciones, que son asumidas oficialmente por la CNT (dialogante) y se nombra Secretario General a Royano, que venía ejerciendo el cargo de forma provisional hasta esa fecha.

«Pocos días después –cuenta Iñigo– Muñoz Alonso convocó a Royano para manifestarle que iba a celebrar una reunión con todos los delegados provinciales de Sindicatos para informarles de las conversaciones y recomendarles que tomaran contacto con nuestros compañeros para desarrollar el contenido de los cinco puntos». Posteriormente el nuevo Comité Nacional se entrevistaría con el Presidente del Consejo Nacional de Trabajadores de la CNS, para confirmar la puesta en marcha del documento. Tras un diálogo, el tema quedó pospuesto a la confirmación oficial «de arriba».

Hubo unos meses –hasta abril– de silencio, que el sector dialogante utilizó para organizar a sus adeptos y preparar el terreno para la aplicación práctica del documento.

Pero en abril, tras una rocambolesca citación en la Delegación General de Seguridad de L. Iñigo, se solicitó una entrevista con Muñoz Alonso, para aclarar qué pasaba con el proceso. Muñoz Alonso confirmó a Royano que en el último Consejo de Ministros (abril) algunos ministros del Opus Dei habían planteado ciertas denuncias sobre unas conversaciones celebradas entre la CNS y la CNT en las que se llegó a acuerdos concretos, que comentaron. Solís respondió que no había acuerdos, y tras un escabroso debate, Franco cortó por lo sano diciendo a Solís que acabara con el asunto. Los días 22 y 23 de abril los periódicos Informaciones, Madrid, Ya, Tele Exprés, Pueblo y otros muchos de provincias dieron la noticia.[viii] El proceso de los

«cinco puntos» había concluido.

Hay que añadir como apostilla final, que algunos de los que participaron en el sector de los dialogantes, participaron en las siguientes elecciones sindicales, accediendo en algunos casos a puestos de representación de los trabajadores, pero no a puestos de designación política.

Publicado en Polémica, n.º 35-36, diciembre 1988

Notas

[i] La conflictividad laboral iniciada en el norte del país había ido extendiéndose a otros lugares de la geografía, dando lugar a que el Régimen tuviera que aprobar un Decreto sobre Conflictos colectivos para tratar de enmarcar la conflictividad dentro de los moldes del sindicalismo vertical.

[ii] Esta tertulia es citada por L. Iñigo en su manuscrito «Los cinco puntos», 1985, inédito. Fundación Seguí.

[iii] Véase manuscrito «Los cinco puntos» de L. Iñigo.

[iv] Se trataba de Manuel Lizcano, profesor de la FAC, de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, y miembro del IES que dirigía Muñoz Alonso.

[v] Royano e Iñigo habrían ocupado puestos de responsabilidad en representación de los libertarios durante la etapa de guerra, Manuel Fernández había militado en Galicia, trasladándose posteriormente a Madrid.

[vi] Véase La Resistencia Libertaria, Cipriano Damiano, pág. 302,.

[vii] La primera manifestación pública que conocemos es de Mayo de 1966. «40 años…», págs. 92 y 55. Posterior al anuncio público por parte de los dialogantes de que la CNT asumía el proyecto en enero de 1966.

[viii] Esta información dio lugar a posicionamientos de distintos sectores del Régimen, que arremetieron contra el diálogo en nombre de la ortodoxia fascista, como en el caso de la Hermandad de Alféreces Provisionales de Madrid (Informaciones, 7-5-66).

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