El arte anarquista catalán de finales del siglo XIX

Lily LITVAK

FOTO 003Al abordar este tema debemos hacer notar la gran importancia que los anarquistas concedían al arte y la literatura. Estaban empeñados en lograr un arte proletario; para ellos, la revolución artística era tan importante como la social, pues por medio del arte, de la literatura y de la ciencia, se guiarían los destinos humanos hacia su redención. Ese arte debería surgir del proletariado, ser producto de obreros y campesinos que no fuesen artistas profesionales, pues en la síntesis estética política-social que los anarquistas querían llevar a cabo, pretendían destruir el status de la obra de arte como goce privativo de las clases pudientes y como producto exclusivo de artistas profesionales. Intentaban otorgar el derecho de gozar y de crear obras artísticas a todo individuo, volviendo el arte a sus raíces populares.

A pesar de que se apreciaba la obra de ciertos artistas consagrados, el dibujante libertario típico es un hombre común, obrero o campesino, que hace su obra en algún momento movido por su impulso social. Estas obras artísticas poseen un carácter y valor especial que derivan justamente del acto creador, y dan el tono fundamental a la estética ácrata. Hay un rechazo de la perfección formal que viene de considerar primordialmente al arte como experiencia, oponiendo como contrarios el arte que se crea al arte que se recibe. Se tiende a considerar a cada individuo como un creador en potencia, y al artista que hace de su arte un oficio, un símbolo de la sociedad clasista.

Tenemos un ejemplo interesante de la aplicación práctica de estas teorías en La Huelga General, de Barcelona, que en su número 5 publica un artículo «A los dibujantes, llamada a todos los artistas españoles para publicar allí sus colaboraciones. En los números siguientes, en efecto, comienzan a aparecer estas obras.

Otro de los puntos fundamentales de la praxis artística en la sociedad capitalista. A la concepción capitalista del arte, doblemente minoritaria, contraponían una concepción igualitaria. Ello implicaba la difusión masiva de la obra de arte y, para este fin, los anarquistas utilizaron todos los adelantos de la técnica de fin de siglo; litografía, aguatinta, nuevos métodos de grabado en madera, fotografía, grabado fotográfico.

Podemos revisar brevemente las formas de difusión artísticas. Los anarquistas vendían litografías, generalmente carteles de 40 cm de alto por 20 de ancho. Se anunciaba su venta en los periódicos. Un ejemplo es la llamada La Revolución Social, reproducción de un cuadro al fresco debida al pincel de un obrero (anónimo). Se vendía a 63 céntimos.

FOTO 002Pero entre las múltiples consecuencias de la revolución científica técnica la que influye más directamente en la plástica anarquista es la fotografía. Un ejemplo directo: el Segundo Premio en el Certamen Socialista de Reus, celebrado el 14 de julio de 1885 se concede a una fotografía con un grupo de trabajadoras del Carme en el momento de ser puestas en libertad después de sufrir condenas por cuestiones sindicales. Pero el desarrollo de la fotografía permitía también a los anarquistas reproducir en las páginas de sus publicaciones escenas de la vida obrera tomadas en instantáneas. Por ejemplo, «La causa proletaria», que mostraba la salida de un mitin obrero; «la crisis del algodón», «costumbres marineras», etc.

Además de carteles, se vendían también, a través de periódicos, retratos de los héroes del anarquismo; Bakunin, Faure, Pallás, Tolstoi; los retratos más grandes eran destinados a centros obreros, como el grupo de los Mártires de Chicago o Jerez. Estos retratos trababan de imitar la pintura, y están concebidos como óleos tradicionales, a veces con fondo de pesados cortinajes, ramas de olivo, objetos alegóricos.

Además, los anarquistas publicaban sellos, como los hechos con motivo de pedir la revisión del proceso de Montjuic. También hacían tarjetas postales, como la serie La Huelga Revolucionaria, publicada en Barcelona. Tierra Libre, periódico barcelonés, anuncia también las postales Tramontana. Estaban divididas en seis juegos de seis tarjetas, y había un total de 350 juegos. Ciertas postales eran más populares, como Solidaridad Obrera. Eran sobre todo alegóricas.

La difusión masiva de estas obras marcaba en la praxis anarquista el gran divorcio entre el arte oficial y el arte vivo. La experiencia plástica se basaba en la imaginería impresa de gran difusión. Son obras que no están destinadas a gabinetes de estetas, a salones o museos, sino que están al alcance de cualquier persona. Las obras más caras, una o dos pesetas, eran destinadas a centros obreros. Estas pequeñas obras artísticas, tarjetas, sellos, carteles, retratos, constituían una especie de democratización de la pintura.

Las obras artísticas más interesantes son los dibujos aparecidos en periódicos anarquistas. Esta forma de publicación es importante, hay que hacer notar la importancia que tuvieron los periódicos en la sensacional difusión de las teorías ácratas en la España de fin de siglo. Estas publicaciones de poca o larga duración, brotaron en pueblos, ciudades, aldeas, llevando a las masas proletarias catalanas las noticias de la Buena Nueva.

Algunos de los periódicos más interesantes desde el punto de vista de sus dibujos eran, en primer lugar, La Tramontana de Barcelona (1881-1893), dirigida por J. Llunas que adornaba prácticamente todas sus páginas con grabados. La Huelga General de Barcelona, 1901-1903, fundada por Ferrer, Solidaridad Obrera de Barcelona, aparecida en 1907 dirigida por Jaime Bisbal, Tierra y Libertad, Barcelona, 1902-1913 como continuación del Suplemento a la Revista Blanca. Traían dibujos en cada número, generalmente en primera página y a veces alguna a página doble en el centro.

Debemos mencionar también algunas de las viñetas más bonitas, que orlaban el título de los periódicos, La Alarma de Reus (1901), Espartaco de Barcelona (1904) y las varias que acompañaron a Solidaridad Obrera.

Si revisamos rápidamente las características del arte anarquista encontramos que sus temas se relacionan a la lucha social. Los dibujos son trazados a veces con torpeza, hay que recordar que se trata de artistas no profesionales y poco preocupados por la forma. El trazo es generalmente de línea, y a menudo la falta de perspectiva y la superposición de planos imparte a estas obras una apariencia plana. A menudo no hay proporción de imágenes.

La función esencial del arte anarquista es la propaganda. Por ello se vuelve expresionista, y al lado del expresionismo figurativo hay además uno alegórico y simbólico referente a ideas o entidades abstractas. En esta forma, toda una serie de connotaciones teóricas forman un campo estético superpuesto al campo ideológico. Se trata de comunicar el mensaje ideológico en la forma más emotiva posible, y por ello, el dibujo más eficaz es aquel que requiere menos deliberación para comprenderse.

Los personajes en los dibujos se representan a través de códigos bien previstos. Al representar a los burgueses, por ejemplo, los artistas de la caricatura, deforman al personaje por medio de algún rasgo que se vuelve incisivo, dominante mordiente.

Así, los dibujos se basan en convenciones familiares y fácilmente identificables, y los personajes se presentan en tipos amplios e invariables, reconocibles instantáneamente por el receptor. Y como a ellos va unida la definición de una moral, de una ética, las ideas sociales se presentan también en figuras esquematizadas y absolutas.

Muchas veces los anarquistas también suelen reducir la representación de su enemigo al diseño de unos cuantos objetos que se convierten en símbolos al asociarse a él; pilas de dinero, tiaras sacerdotales, espadas. Por ejemplo «Galería fúnebre» y «La sabateta al balcó» en La Tramontana. Tales «jeroglíficos» aseguran un reconocimiento inmediato y son aforísticos al encapsular una gama de significados sociales.

En la otra parte de la lucha, los anarquistas dibujan a los desheredados. Recordemos que es en ellos donde el anarquismo español enraizaba su fuerza moral. Ciertos dibujos se captan como tomados al paso, como instantáneas fotográficas, y donde un espectador inocente, generalmente un niño, pone de relieve la injusticia social. Los personajes pobres son tópicos: el pobre, el viejo, el niño, la mujer, el lisiado, el enfermo, víctimas que se retrataban siempre con dignidad y una cierta belleza trágica. Se sitúan en escenas donde se ven explotados por el patrón, desahuciados por el casero, etc. La escena nos coloca en un escenario que nos permite apreciar «la verdad» en un instante de realidad.

Pero los obreros también se representan en su medio de trabajo. Muchas veces en una escena industrial que se dibuja como lugar de producción anónima y explotadora. En el centro o al fondo, una fábrica de aspecto siniestro, con chimeneas que se yerguen amenazadoras. El trabajo se representa así como fagocitado por el imperio industrial al que el proletario aporta su fuerza.

En estas escenas se incluyen a veces canteras de piedra, edificios imponentes en la profundidad del campo visual, que se oponen al hombre a la manera de collage. Por ejemplo, un dibujo aparecido en La Tramontana, donde un obrero lisiado sale de la fábrica apoyado en sus muletas.

La dificultad del trabajo se destaca a menudo. Un buen ejemplo es el dibujo alegórico de La Tramontana: «Carrera d’obstacles pel obrer». Al comienzo de una difícil senda, el obrero, cargado de bultos, que simbolizan debers y treball pretende llegar al final del camino, donde un radiante sol donde aparece la inscripción «derechos del obrero» encuadra un saco del que salen dinero y espigas de trigo; la recompensa del trabajo. La senda está sembrada de letreros, «Atrás», «fuerza bruta», «imposiciones». A los lados, burgueses, policías y militares intentan detenerlo, y en el paisaje circundante, una fábrica con un letrero: «matadero» y una tumba con otro: «orden». Estas obras sirven para expresar las condiciones del trabajo, la sociedad capitalista. Se refuerza la idea del obrero como fuerza productora y excluida del progreso. En «Los esclavos modernos», la procesión de trabajadores entra en la fábrica, inmensa y temible construcción que parece fortaleza o prisión.

Se ve en tales escenas al proletariado trabajando, mientras el burgués contempla la escena, como en el dibujo «El Capital y el Trabajo» de Solidaridad Obrera. En primer plano un gordo burgués que mira el trabajo abrumador de los obreros, la gran fábrica al fondo, corta el panorama con sus humeantes chimeneas que se yerguen con un aire de dureza y vitalidad antinatural.

Otras veces se representa el aspecto épico del trabajo, entonces se presentan los cuerpos fuertes de los obreros, torsos amplios, el modelado del pecho para expresar vigor, o la imaginería industrial como en la viñeta de El proletariado de San Feliu de Guixols, con un paisaje fabril, una locomotora, hilos de telégrafos. Un dibujo de Solidaridad Obrera muestra una masa de obreros arrastrando un cañón con el nombre del periódico. Preside sobre la escena una figura alegórica: La Anarquía. De hecho, una de las técnicas más importantes en el arte anarquista es el uso de las alegorías. Estas se forman generalmente con conceptos ideológicos abstractos encarnados en figuras humanas. Las que se representan más abundantemente son la Anarquía, o la Revolución Social, casi siempre con figura de mujer, vestida con una túnica, llevando en la mano una antorcha, y al frente de una masa de obreros o luchando contra los enemigos del pueblo.

Encontramos un ejemplo interesante en «Una Resurrecció que s’acosta» en La Tramontana. Allí, una figura alegórica, la Revolución Social, recortada contra un sol naciente, hace huir a políticos, burgueses y militares. En el punto de perspectiva, intencionadamente adoptado, el ojo del observador se encuentra al mismo nivel que el plano inferior del cuadro, y provoca la reducción óptica de la parte superior de los cuerpos y un alargamiento de los miembros inferiores. Gracias a ello, el dibujo adquiere una cierta fuerza dinámica, que diríase arranca del suelo, creando en esta figura central la impresión de invulnerabilidad, de potencia victoriosa. Este punto de observación desde en nivel inferior, se relaciona con la iconografía estatuaria, y de ella toma también la alegoría otros elementos, pues no está concebida como si se encontrara en el interior de una acción real o realizable, sino que posa –como en la estatuaria monumental–, aislada. Así se suscita la impresión de que está triunfante, y no se sujeta a conexiones objetivas externas, sino que es ella quien impone las condiciones.

Vale la pena señalar la técnica bien lograda de una alegoría más. Se trata de «Avant Sempre», en La Tramontana. Allí, un joven ataviado con un gorro jacobino, se recorta contra un sol que despunta. Va montado en un carro alado, sostiene un libro y una bandera donde se lee: «Llibertat, Igualtat, Fraternitat, Avant Sempre». Ayudado por otros mozos, con escobas, picos y palos, arrojan hacia abajo, por todo el semicírculo inferior del cuadro, pedazos de cadenas, barras de oro, gordos burgueses y asquerosas cucarachas, algunas de ellas con rosarios y tocas sacerdotales. Estos seres malignos y repulsivos están dibujados como antítesis de las figuras centrales. Se adopta una perspectiva desde arriba, y esta perspectiva en contrapicado, confiere al grupo central una impresión de relieve definitiva.

El mismo tema, llevado a cabo horizontalmente, resulta menos efectivo. La orla de El Nuevo Espartaco presenta un gigantesco guerrero romano, en cuyo escudo se lee «Libertad, Justicia», y a la espada «Huelga General». Juega como si fueran trompos, con las pequeñas figuras –insignificantes– de los enemigos del pueblo.

La orla de La Alarma presenta a Acracia como alegoría. Esa palabra se lee en la llama de una antorcha que la figura porta en su mano derecha. La mano izquierda se extiende sobre la cabeza de un hombro arrodillado y encadenado por «el capital». Siguen a Acracia multitud de obreros. En la parte inferior izquierda despunta un radiante sol con la palabra «Libertad».

Debemos analizar este tema, el sol que despunta, pues aparece en infinidad de composiciones libertarias. Su constante presencia no es fortuita, apunta siempre al optimismo ácrata, y gráficamente aumenta la carga empírica del dibujo. La misión simbólica de las figuras alegóricas queda así, generalmente, reafirmada por el astro solar en el horizonte, y extendiendo sus rayos por el arco cósmico. Simboliza, obviamente, el devenir social, el alba de un nuevo día de redención humana.

FOTO 001Otros bonitos ejemplos del desarrollo de este tema, los tenemos en «Alegoría del 1 de Maig», «Lo que son las revolucions» y «Avant sempre», en La Tramontana, y uno más elaborado en el grabado de cabecera del periódico La Humanidad Libre de Valencia. Allí, el sol que despunta, identificado por la palabra «Verdad», preside una composición que desenvuelve, al lado izquierdo, entre flores y ramas de olivo, la familia del porvenir. Se leen por ese lado los letreros «Germinal» y «Amor libre». Al otro lado de la escena, el título del periódico se despliega en sinuosa senda sembrada de amorcillos y cartelitos con las palabras «Resurrección», «conquista del pan», «Sociedad futura».

El tratamiento alegórico se usa a menudo para recordar la fecha de algún acontecimiento fundamental en el calendario ácrata; por ejemplo, la conmemoración del primero de mayo, la Comuna, el 11 de noviembre. Estas composiciones son a veces muy elaboradas. En El Productor, por ejemplo, se ve una construida a base de varias escenas. En la parte inferior, unas figuras enmascaradas colgadas en patíbulos, una mujer llorando increpada por un policía.

En la parte central, las figuras de los Mártires de Chicago, conducidos al patíbulo. En la esquina superior derecha, un obelisco conmemorativo con la fecha 1871. En la parte superior izquierda, un hombre con un cartucho de dinamita, y en el centro y arriba, un sol que despunta con la palabra «Acordaos», enmarcado por una figura alegórica, y el cartel «Chicago, 11 de noviembre».

Otras alegorías empleadas por los libertarios son unas criaturas fantásticas, que representan a sus enemigos. Se trata de serpientes, dragones alados, figuras monstruosas que epitomizan sus peores temores. Tal vez podemos encontrar una filiación directa de estos seres son las gárgolas y figuras fantásticas que carpinteros y canteros labraron en capiteles, bancos y oscuros rincones de iglesias medievales. La función de la gárgola medieval debe haber sido muy similar a la de estas visiones anarquistas: el exorcizar a los demonios. Su representación era una forma de superar el miedo y el odio, trayendo a plena conciencia el objeto de ese sentimiento. Así, en «1 de Maig», de La Tramontana, la burguesía aparece como asquerosa serpiente.

Se pueden sacar ciertas conclusiones del dibujo anarquista:

  • Reaparece en ellos una función ético-social del arte, de acuerdo con la cual se exige el reconocimiento de la clase desposeída, de su lucha social y de sus ideales.
  • Por medio de ellos se valora más al acto creado que a la perfección formal por considerarse el acto artístico espontáneo una forma de acción social.
  • Se postula el valor del artista espontáneo por encima del profesional.
  • Se rechaza el arte minoritario y se aprovecha la tecnología para lograr una difusión masiva de la obra de arte.

Publicado en Polémica, n.º 13-14, octubre 1984

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