La socialización de la medicina en la II República

Félix MARTÍ IBÁÑEZ

Este artículo apareció por primera vez en la revista Tiempos Nuevos, en enero de 1937. Su autor, Félix Martí Ibáñez, (25/12/1911 – 24/41972)​ fue un médico psiquiatra cuya filiación anarquista le llevó a asumir la responsabilidad de la sanidad en la Columna Durruti y fue subsecretario de Sanidad del gobierno de la II República y director general de Sanidad y Asistencia Social de la Generalidad de Cataluña.

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Félix Martí

No existe otra salida del caos en el cual hasta hoy vivió sumida la Medicina que la socialización de la misma. Y hacía ya tiempo que, como un ideal utópico, flameaba sobre las cabezas de los artífices de la Medicina la imagen del día en el cual, socializada la Sanidad, pudiese el profesional vivir liberado de las amarguras que aquélla le ocasionaba.

En 1882, Stein ensoñaba con hacer independiente la protección de la salud popular de la falta de recursos económicos. Lo cual entonces, en la época de puritanismo imperante, suscitó una polvareda pasional que ahogó el noble clamor de Stein.

Revisemos previamente, de modo sintético, cuantos tímidos tanteos de socialización de la Medicina se han verificado hasta el momento presente. Sigue leyendo

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Ocaso de la sociología de progreso

Joan BERNAT

La reciente lectura de dos libros, productos de una escuela crítica sociológica impregnada de rebelión contra el orden oficialista, y la relectura de Durkheim, el venerable ancestro, junto con Spencer, de la sociología europea, guiarán estas reflexiones. El tiempo de las tribus, de Michel Maffessoli, uno, y Herejía y Rebelión, de Jean Duvignaud (septiembre de 1990), el otro. Ambos editados por Icaria, Barcelona. Este último libro, el de Jean Duvignaud, profesor en la Universidad de París VII, merecerá hoy mayor atención. Si bien los estudios, cada uno atacando problemas sociológicos de nuestro tiempo desde ángulos diferentes, no llegan a conclusiones presumiblemente constructivas, sí se trasluce en ambos la misma corrosión e impertinencia, el mismo ímpetu dilacerante contra lo estatuido convencional y preceptual.

Michel Maffessoli

Michel Maffessoli

Digo que no llegan a conclusiones prácticas porque toda la crítica queda como suspendida en el aire, ingrávida; el lector no puede discernir ninguna elaboración tendente a propiciar cambio, o cambios. Si las sociedades cambian, si los regímenes políticos y sociales renuevan sus presupuestos, sus moldes, modelos o esquemas, en la compleja urdimbre que se teje por las naciones desarrollistas y democráticas (de democracias solo formales, quizás, con sus pecados y desvergüenzas, con sus virtudes también), se deberá a algo. Digo yo. No creo que las fuerzas políticas expresadas en el seno de típicas organizaciones con proyectos conceptuales sean tan inoperantes, o tan inútiles, a tenor de lo que se desprende de dos lecturas distintas. O entonces tendríamos que extendernos sobre el concepto sociología, faena ímproba para mis menguados títulos e incluso para muchos sesudos varones de la pedagogía oficial. Así, pues, osadamente, me he dicho si no podría yo poner mis conclusiones donde creo que no las hay, o no acierto a ver; mis preocupaciones, que también las tengo; mi crítica, que de la misma forma que nuestros autores considero necesaria; mi fe (aunque parezca irrisorio) en la sociología de progreso, para emplear el término de Salvador Giner. Sigue leyendo

Félix Martí Ibáñez. Pensar alto, sentir hondo y hablar claro

Manuel SALAS

Félix Martí

Félix Martí

En estos momentos en que se vienen produciendo acontecimientos que marcan una profunda revisión del pasado y una deseable recuperación de la auténtica dimensión política, humana y cultural de los hombres y mujeres que pueblan este mundo que todos deberíamos esforzarnos en hacerlo libre, justo y habitable, parecería útil y oportuno, sin caer en mostrencas adhesiones ni untuosos panegíricos, referirnos a personas singulares que, desde diversos orígenes étnicos o sociales, pero con una común voluntad y esfuerzo, dedicaron su voluntad y su saber a conquistar derechos, defender libertades, educar y ayudar a los desposeídos y fomentar entre sus coetáneos legítimas aspiraciones de fraterna convivencia que, entonces y ahora, siguen siendo consideradas como utópicas ensoñaciones de idílicos mundos, tan solo hechos realidad tangible para algunos privilegiados del poder, mientras la miseria, la explotación y el abandono continúan aniquilando cientos de miles de seres condenados a malvivir sin esperanza o utilizados como pretexto de una hipócrita caridad. Sigue leyendo

Sobre el relativismo moral. Sociologismo y conformismo

Ángel J. CAPPELLETTI

Angel J. Cappelletti

Angel J. Cappelletti

El sociologismo es la modalidad del relativismo moral que más adeptos ha encontrado entre filósofos y científicos sociales en el siglo XX. En realidad, se inicia en el siglo XIX y puede decirse que el fundador de la sociología es también el fundador del sociologismo. Augusto Comte proporciona, por lo menos, los fundamentos para una interpretación de la moral que no hace depender el valor y la norma de una realidad divina y trascendente, de una Idea subsistente o de una ley universal de la conciencia ni tampoco de una apreciación del sujeto individual, movido por el placer o por el interés, sino de un juicio del sujeto colectivo. Entre los positivistas posteriores a Comte, John Stuart Mill escribió:

«La única prueba capaz de demostrar que un objeto es visible, es que la gente actualmente lo vea. La única prueba de que un sonido sea audible es que la gente lo oiga: y así con los otros aspectos de nuestra experiencia. De igual modo, entiendo que la única evidencia que hace que algo sea deseable es que la gente actualmente lo desee» (Utilitarianism, ch. 4).

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El anarquismo y el proceso soberanista catalán

Tomás Ibáñez

Intervención de Tomás Ibáñez en un debate sobre anarquismo y nacionalismo organizado por CGT-Enseñanza en Barcelona el 20 de enero de 2015

Tomás Ibáñez

Tomás Ibáñez

Pienso que un debate, teórico y abstracto, sobre «Anarquismo y Nacionalismo», se podría desarrollar perfectamente en cualquier otro momento, y en cualquier otro lugar del planeta, y que el debate que aquí nos interesa, es el que entronca con el actual momento político, para intentar perfilar una postura libertaria sobre temas como el «Procés», el independentismo, el «dret a decidir», o la autodeterminación… Sigue leyendo

Wagner y Verdi: dos opciones estéticas del siglo XIX

Bernat MUNIESA

En muchas ocasiones uno se imagina al artista a través de su obra, pero cuando uno indaga en su vida descubre que una no tiene que ver con la otra, y se sorprende que un ser humano mediocre o mezquino pueda crear algo maravilloso. La cuestión será, al volver a ver su obra, si olvidamos a la persona o no, ya que la decisión podría hacernos cambiar nuestra idea inicial.

verdi+wagnerEn 1929, Igor Stravinsky, célebre compositor ruso exiliado en París, fue invitado a Barcelona para realizar una conferencia en el Ateneu Barcelonés acerca de Richard Wagner y su música. En ella, Stravinsky, tras una disertación que promovió momentos de tensión con el auditorio, concluyó con la siguiente afirmación: «… y en definitiva, señores, debo afirmar que en La donna é mobile, del Rigoletto verdiano, hay más inspiración que en toda la Tetralogía wagneriana… ». Finalmente, se armó un escándalo y el amplio local de la institución se pobló de gritos e insultos contra el maestro ruso, quien en el curso de su explicación había afirmado también que «Wagner son tres instantes sublimes en medio de una inmensa hojarasca vulgar Stravinsky conocía muy bien el carácter de aquella institución de la gran burguesía catalana, propietaria también del Gran Teatre del Liceu y protectora, financieramente hablando, de la Asociación Wagneriana de la ciudad. Aquella clase social, la gran burguesía, ligada a la industrial textil, se decía wagneriana, pero acudía a presenciar y escuchar las óperas de Giuseppe Verdi, que eran las más representadas. Aún hoy, las estadísticas no engañan: la ópera más exhibida en la historia del Coliseo liceístico barcelonés sigue siendo Aída, seguida de Rigoletto, y a considerable distancia la primera de Wagner, Lohengrin (la más «italiana» de sus óperas), la cual tiene delante suyo óperas de otros autores, como por ejemplo Il barbiere di Siviglia, de Giacomo Rossini, o La favorita, de Gaetano Donizetti, o Tosca y La boheme, ambas de Giacomo Puccini. Sigue leyendo