Los padres de la patria y su té. Crónica del Tea Party

Yago VARELA HERRERA

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David y Charles Koch

En algún punto del periodo que va desde los padres fundadores, que se arrogaban la libertad de matar a los que carecieran de un título de propiedad, y la actualidad, en la que sus herederos políticos luchan contra los derechos sociales, aparecen los hermanos Koch y su conglomerado político-empresarial: el Kochtópodo. Toda su gloria y grandeza proviene de su táctica principal: cuando corren ríos de sangre en las calles, se apresuran a hacerse con el mayor dinero posible. Andando, eso sí, de puntillas para, en la medida de lo posible, evitar mancharse demasiado.

The Boston Tea Partyy los Hijos de la Libertad

En 1773, en el puerto de Boston, un grupo de colonos llamados «Hijos de la libertad», hartos de las medidas arancelarias promulgadas por su majestad el rey de Inglaterra (la Tea Act, en este caso), se disfrazaron de indios mohicanos y, entre comentarios jocosos, tiraron por la borda cerca de 50 toneladas de té que llevaban 19 días en el puerto. Lo hicieron en ese preciso momento, ya que pasados 20 días sin pagar los impuestos por el recibo de mercancías, el total del material retenido era confiscado por las autoridades inglesas para «sufragar posibles gastos». A este hecho histórico se le denominó Motín del té (en inglés Tea Party), y fue una breve advertencia de la Guerra por la Independencia que se avecinaba. El trasfondo sociopolítico que se extrae de este momento en la historia de EE. UU., es que constituyó, en efecto, un movimiento social que se oponía a la autoridad central reguladora, y que supuestamente simpatizaba con la emancipación de los pueblos y la libertad de los colonos y de su té. Digo supuestamente, porque luego significó el exterminio total de los indios norteamericanos y gran parte de su acervo antropológico –el final de su lucha por la supervivencia tuvo lugar en Wounded Knee a finales del siglo XIX– a manos de hombres libres que, eso sí, lucharon por su té contra el yugo cruel del Viejo Continente.

«[…] Cuando miro atrás desde la altura de mi senectud, vienen todavía a mí las imágenes de las mujeres y los niños asesinados, amontonados y dispersos por la escarpada garganta [de Wounded Knee]. […] Y me doy cuenta de que algo más murió también en aquel barro sangriento y fue enterrado por la tormenta. Allí acabó el sueño de un pueblo. Era un hermoso sueño […] se ha roto el collar de la nación y las cuentas se han dispersado. No queda ya simiente alguna y el árbol sagrado ha muerto»

Alce Negro, sioux oglala

Es interesante este episodio porque a él apela al discurso que llena de significado patriótico el Tea Party, que se desarrolla en Nashville, en Nueva York o en el Tucson de nuestros días. Dicho de otro modo, la construcción del actual discurso de los Tea Partiesse basa en la defensa del individualismo frente a sus enemigos, el Estado o el poder establecido, a los que se suma el deber patriótico de la rebelión, tomando como referencia el Motín del Té en Boston. En definitiva, los supuestos valores fundacionales que acompañan al homólogo Tea Party de finales del siglo XX y principios del XXI, respecto al del 1773, son:

  1. «La voluntad de Motín», es decir, todo surge de una iniciativa popular de la «muchedumbre enervada contra el poder»
  2. El discurso ataca principalmente el intervencionismo del Estado, ya sea con impuestos o medidas que atenten contra la libertad individual.
  3. Es de base individualista y a la vez patriótica, paradójicamente.

Es decir, a nivel dialéctico se nutre de ideologías cercanas tanto a la extrema izquierda como a la extrema derecha, con retazos de demagogia coyuntural e invocaciones al compromiso revolucionario.

Revolucionarios, millonarios y ultraconservadores: los padres del Tea Party de hoy en día

Las industrias de los gemelos Davidy Charles Koch (con sede en Wichita, Kansas) facturan al año más de cien mil millones de dólares (hablamos del segundo grupo industrial del país), y desempeñan una actividad polifacética que abarca refinerías, plantas de productos químicos, grandes superficies de explotación agrícola, fertilizantes, minerales, polímeros, fibras, y también tecnología y producción de equipos de ingeniería industrial.

¿Pero cuál es su vinculación con losTea Parties? Su padre, Fred Koch (del que heredaron su fortuna y su participación en la industria del petróleo) ya tenía claro el hecho de que el control del entramado social es el origen del control sobre la economía y la política. En cuanto a esta última, Fred Koch advertía siempre del peligro de tener un presidente con tendencias «comunistas» aunque si los rojos pagan tampoco importan mucho las ideologías, como en el período de entreguerras, durante el cual Fred ayudó a Stalin a construir unas cuantas refinerías de petróleo. Siguiendo la tradición familiar, en 1980 David Koch se lanzó a la conquista de la Casa Blanca como segundo de lista de un tercer partido, el Libertarian Party, al que nadie había de hacer mucho caso, con Ronald Reagan como su principal competidor ideológico. Con esa candidatura consiguieron el exorbitante resultado de un 1% del voto (no aparecieron ni en el mapa coloreado rojo-azul de Reagan/Carter de los resultados electorales, con el 100% de los votos escrutados). No consiguieron poner en marcha, por supuesto, ninguna de las propuestas de su programa: ni la supresión del FBI y la CIA, ni la desregulación del salario mínimo, así como tampoco la eliminación total de la Seguridad Social.

Tras su fracaso en las urnas, se decantaron por otra estrategia: unirse a los republicanos (parte de su programa electoral fue asimilado espontáneamente por la administración Reagan). De este modo, David y Charles Koch pasaron a militar oficialmente en el partido republicano. Pese a ello, y a la vista de que la defensa de sus privilegios no era prioritaria para el ala republicana –que no los defendía con tanto ahínco como ellos mismos solían–, fundaron sendos movimientos sociales de base de los que hablaremos más adelante: Citizens for a Sound Economy y Americans for Prosperity. Así se construye por fin el Tea Party, el amotinamiento de la muchedumbre furiosa contra el poder del gobierno de EE.UU., con el apoyo de republicanos, pero en contra de ellos y de los demócratas, y siempre a favor de las empresas de los hermanos Koch, los Big Brothersde EE.UU.

A pesar de la habitual alternancia de partidos en el poder, característica del sistema presidencialista norteamericano, los Koch se han mantenido a lo largo de los años en todos los estratos políticos a los que han tenido acceso. Para conseguirlo, su instrumento principal ha sido la creación de los Tea Parties, o revoluciones controladas y promovidas por sus «movimientos sociales de base». Así han orquestado un panorama idóneo para sus fines empresariales, con la ayuda del populismo y del sentimiento patriótico, tan común en los norteamericanos. La histórica revuelta de Boston se convierte en una mera anécdota si la comparamos con su capacidad para difundir poderosas imágenes propagandísticas, y su habilidad para conseguir que sus slogan ultraconservadores sean coreados por todos aquellos a los que perjudican. Pero no sólo se trata de palabras. Según la revista New Yorker, los Koch donaron más de 196 millones de dólares a causas conservadoras, tanto a mítines como a organizaciones ultrarreligiosas, a través de la creación de Patients United Now. Esta organización, creada por los hermanos Koch, organizó más de 200 protestas contra la reforma sanitaria de Obama. Por último, según Greenpeace, el dinero de los Koch ha servido también para promover escepticismo contra el fenómeno del cambio climático, y les ha llevado a boicotear la Ley del Clima con más de 100 manifestaciones a lo largo de todo el país. En la misma línea, apoyaron del desarrollo de la Proposición 23, una reforma legislativa que intentaba derogar las rigurosas leyes californianas que controlan los factores que contribuyen al cambio climático.

Entre el público bien informado, también provocan preocupación y inseguridad el volumen de productos que exportan las Koch Enterprise a todo el mundo, y el consiguiente incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera, de desechos plásticos y de todo tipo de residuos industriales. Del mismo modo, preocupa su alarmante interés por los Centros de Salud Privados, y su apuesta por la privatización total de los sistemas educativo y sanitario en todo Estados Unidos. Los Koch se quejan del daño provocado por la intervención estatal, cuando en realidad lo que quieren es ejercer el control total por medio de sus empresas, incorporando a su monopolio la sanidad pública, las aseguradoras y los productos de primera necesidad.

El Kochtópodoy Scott Walker, infantería pesada contra los trabajadores

El término Kochtópodo es muy popular en Internet, y creo que sugiere una imagen que se ajusta bastante a la realidad, si uno piensa en los múltiples tentáculos que los hermanos Koch parecen agitar en cada una de las capas del tejido político-administrativo y social de Estados Unidos.

Pero antes de presentarles a Scotty, quizá valga la pena echar un vistazo otro de los grupúsculos creado por los Koch para crear distracciones y difundir rumores. Se trata de Citizens United, quizás mucho más activo en sus ataques directo a algunas figuras del Gobierno y a famosos «rojillos», o a gente que tiende a ignorar al Kochtópodo, e incluso ponérsele en contra. En su página web se pueden comprar libros de todo tipo y condición, en realidad libelos contra senadores y congresistas demócratas (John Kerry) y miembros de la Administración Obama (Hillary Clinton), o documentales donde se parodia a Michael Moore («Celsius 41.11, The Truth Behind the Lies of Michael Moore’s Fahrenheit 9/11»). El artículo más interesante de su tienda, sin embargo, es un documental que incentiva la xenofobia «denunciando» la invasión que sufre Estados Unidos en su frontera con México, y relacionándola malintencionadamente con el movimiento del narcotráfico y la inmigración ilegal («Border War: The Battle over Illegal Immigration».) Narrado en primera persona, podríamos resumir el contenido de dicho dvd como una llamada al ciudadano americano medio a «resolver un problema que está adquiriendo proporciones masivas».

Scott Kevin Walker, hijo del predicador de una pequeña ciudad de Delavan (Wisconsin) y republicano hasta la médula, se empapa con rapidez de todo lo que dice el Kochtópodo. El lema de su campaña electoral consiste en tres puntos básicos:

  • No gastes más de lo que tienes.
  • El mejor gobierno es un gobierno pequeño.
  • Es la gente/el pueblo quien crea trabajo, no el gobierno.

Una vez horneado el pastel de su programa tan sólo le faltaba un pequeño ingrediente para fulminar a Tom Barrett, su rival demócrata en las elecciones del 3 de enero del 2011: necesitaba ayuda de alguno de los tentáculos del Kochtópodo. El grupo Koch y su plataforma antigubernamental habían calado ya muy hondo en la mente de Scotty, pero lo que acabo de fundirle en el abrazo total de los hermanos fue la generosa aportación económica que los hermanos hicieron a la campaña electoral de Walker.

Aquí es donde interviene Citizens United, que bajo su lema «entregados a devolver el control del gobierno a los ciudadanos», promovió numerosas campañas de presión contra el Tribunal Supremo para remodelar las leyes que fiscalizaban la financiación en las campañas electorales. Tras un larga batalla legal, que no terminaría hasta el 21 de enero del 2009, el Supremo resolvió finalmente lo siguiente: «se eliminan las restricciones a las contribuciones para campañas presidenciales por considerar que vulneran la primera enmienda constitucional». Este fallo fue duramente criticado por Obama en un comunicado oficial de la Casa Blanca que consideraba que podía abrir la puerta a una considerable «estampida de capitales».

Sobre «movimientos revolucionarios» y nuevas formas de holocausto

«Somos los soñadores americanos, corremos hacia el saber verdadero por la ruta sagrada de sangre y oro, somos soldados de la oscuridad, gladiadores, guerreros y dioses, somos los empresarios de un sector en expansión»

El Corintio, personaje de Casa de muñecas, Neil Gaiman

La doctrina del shock(de recortes) que se aplica en Estados Unidos (y desde Estados Unidos) no es muy distinta al resto de los métodos que usan algún tipo de violencia explícita para obtener el control social sobre la mente y el cuerpo de la población, y a los que se que se aplicaron en otros momentos de la historia de la humanidad. El desmembramiento en plaza pública practicado en la Alta Edad Media se practicaba como lección sobre el cuerpo no sólo del torturado, sino sobre el de la gente que acudía al espectáculo, transfiriendo a través de su éxtasis morboso grandes dosis de cohibición, recogimiento, y extremismo puritano. En el mundo actual, la doctrina aplicada por Estados Unidos difiere en gran medida de la aplicada en otros Estados del mundo. La gente está realmente convencida de que las medidas de recorte se hacen por el bien de la nación. Es terrible sufrir una dolorosa muerte por derrame cerebral, tirado en la calle por no tener dinero para pagar la intervención médica o la cura paliativa, todo gracias al copago o a la total privatización de la Sanidad. Si un grupo de fanáticos ultraliberales, a modo de suicidio colectivo, se ponen de acuerdo en renunciar a la sanidad pública, no nos quejaremos. El problema viene cuando la opinión de estos soñadores americanos, estos soldados de la oscuridad, pesa sobre la libertad de los demás a decidir cómo y de qué manera quieren morir. O si quieren, por el contrario, seguir viviendo de una manera digna.

Las verdadera causa de que nuestras sociedades «avanzadas» del siglo XXI estén avanzando hacia un holocausto es que, en realidad, dichas sociedades pertenecen aún al siglo pasado, su moral no ha cambiado desde hace cinco, y la alienación de parte de la población para que actúe en contra de sus propios derechos se ha producido a lo largo de toda la historia. Ahora, además, se produce una evolución interesante de la manera en que el poder económico ejerce el control social. En primer lugar, el ruido mediático generado por los Tea Partypretende hacerse pasar por una auténtica revolución social espontánea, en plena combustión. Todos los que no forman parte de ella son «el resto», «los otros», o «los asesinos de blancos» (se invisibiliza la realidad exterior al Kochtópodo). Por otra parte, los Koch no reparan en gastos para atacar cualquier institución que proporcione servicios sociales, creando movimientos sociales de base específicos que las atacan continuamente. Aquí se produce una deformación de la agenda ciudadana, y por tanto política (que acabará por modificar el marco legal). Las prioridades de la gente han dejado de estar relacionadas con mejorar su vida, ahora son la patria y la empresa privada. Y en tercer lugar, el factor de más importancia: con la excusa de una supuesta libertad social que debería sacrificarlo «todo por la revolución», proclamada por la aparición «espontánea» de supuestos movimientos sociales de base, se produce un ataque masivo a la separación de poderes que constituye el núcleo duro del liberalismo político (histórico): Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial han pasado a ser tres tentáculos más del Kochtópodo.

Las comunidades con capacidad de autogobierno se dan en aquellos lugares en los que el diálogo entre sus actores se basa prioritariamente en conseguir objetivos públicos (encaminados a conseguir el bien colectivo) y nunca privados (intereses personales, o promovidos por los lobbysde los grupos empresariales). Asimismo, los procesos de diálogo en estas comunidades deberían ten der a la deliberación, es decir, los oponentes deben de estar dispuestos a corregir sus creencias y objetivos, para poder llegar a una «conclusión densa». Un catálogo de la realidad mucho más amplio en contenidos, y un análisis más detallado de las cuestiones que preocupan al pueblo, tanto en el detalle como en lo general. Esta es, por tanto, la parte más interesante del ataque ideológico del Think Tankglobal más poderoso de la época actual: la utilización de manera activa de la sociedad civil por parte de la empresa privada para incidir de manera negativa en sus propios objetivos, quebrando toda capacidad de autogobierno a través de la colonización de los tres poderes. De esta forma, la sociedad percibe al Kochtópodo como un ser omnipotente, se acostumbra a su presencia, y pasa a modificar sus creencias y objetivos, para asumir los de los que los pisotean a su gusto, permitiendo alegremente daños estructurales difícilmente reversibles (como por ejemplo, la decisión del Tribunal Supremo, bajo la presión de Citizens United, de eliminar cualquier tipo de control sobre la cantidad de las contribuciones privadas a las campañas políticas en Estados Unidos).

La política de los Tea Partyrecuerda vagamente a la pretensión de la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) de incidir en cualquier tipo de política antiterrorista, o a la Iglesia católica española y sus formaciones Pro Vida, que intentan hablar sobre aborto y condones sin tener la más mínima experiencia que les permita opinar sobre esos temas. Hablan de presuntas revueltas en la calle, y de manifestaciones multitudinarias (preparadas cuidadosamente por sus expertos, y hervidas en el agua caliente de la crisis), como si todo eso les diera permiso para opinar sobre la moralidad, la lucha por la supervivencia, y la sexualidad de todos (después de incumplir sus propias normas violando la ley y, en el caso de la Iglesia, a los alumnos de sus propias escuelas). Por no hablar de los Concordatos con la Santa Sede del periodo de entreguerras, que ayudaron a tumbar cinco democracias europeas. Siempre cabe encontrar alguna legislación arcaica y reaccionaria en la que puedan apoyarse las minorías para decir que no lo son, y tergiversar el derecho a la libertad de expresión en contra de todo el mundo, y a favor de un pequeño/gran lobby (en este caso la Iglesia, en el caso de Estados Unidos, la Empresa Koch, la Constitución de dicho país y los Mass Media).

Así, según el Kochtópodo, el gasto público va en contra de las libertades. La intervención estatal, en contra del libre mercado… Bueno, esto último no siempre, porque las guerras por el sueño americano (y por asimilación, también el del resto del mundo libre), son un ejemplo evidente de intervencionismo, y dependen del presupuesto estatal. La pena de muerte es otro claro ejemplo de intervención estatal, así que quizá resulte al final que los republicanos son en realidad más keynesianos que el propio Franklin D. Roosevelt (el presidente «rojo»). Estos contrasentidos, que casi llegan a la categoría de eufemismo, pretenden legitimar cualquier tipo de acción, y de hecho le dan poder a Estados Unidos sobre las cortes y jurisdicciones de medio mundo, de un modo parecido a la época en la que los «hijos de la libertad» arrancaban sin ningún complejo las cabelleras a los indios masacrados en etnicidios, como los de Sand Creeko Wounded Kneea mediados del siglo XIX, o en los asesinatos actuales (por ejemplo, el de Bin Laden, ya bien entrado el siglo XXI). Por cierto, durante la Guerra Fría los talibanes supusieron un gran apoyo contra el Ejército Rojo, además de suponer una costosa inversión para la economía americana.

Mientras tanto, ondean en la calle los colores rojo, blanco y azul, para todos y para siempre. Significan el fin de lo que los fundadores de la patria escribieron con la sangre vertida por los ingleses, los negros y los indios norteamericanos: una nación bajo Dios, la República de Estados Unidos de América, y justicia para todos… los que puedan pagarla y tengan armas para defenderla.

«We got a thousand points of light,for the homeless man, we gota kinder, gentler machine gun head»

Keep on Rockin’ the free world, Neil Young

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