Vicente Moriones. Historia de un anarquista

Antonio TÉLLEZ SOLÀ

Vicente Moriones

Vicente Moriones

Vicente Mariones Belzunegui, aunque nacido en Sangüesa (Navarra) el 22 de enero de 1913, puede ser considerado como militante vasco, ya que el País Vasco fue el principal escenario de su actividad sindical y de obrero revolucionario. Falleció en el hospital civil de Basurto (Bilbao) el 22 de marzo de 1970 de un infarto de miocardio.

Navarra, feudo indiscutible del carlismo y de la causa del tradicionalismo español, esquematizada en las tres palabras DIOS, PATRIA y REY, no tuvo especial relevancia en las luchas sociales, pero ya hay noticias de influencia anarquista entre la clase obrera a partir de 1872, cuando la Federación local pamplonesa de la Primera Internacional optó por la corriente bakuninista opuesta a la marxista. La CNT apareció en Navarra en 1916, pero puede decirse que se consolidó hacia 1921, y desde el año anterior al golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera (1923) ya desarrolló actividades importantes. Navarra fue cuna de destacados militantes anarcosindicalistas, entre los que citaremos a Gregario Suberviola Baigorri, de Morentin; Miguel Yoldi Beroiz y Enrique Melchor, ambos de Pamplona; Ezequiel Endériz Olaverri, periodista de gran prestigio, redactor de La Tierra, de Madrid, nacido en Tudela; Fermín Aldave Escagüés, de Sangüesa, como Mariones; Severiano Ruiz, de Estella,

Soledad Villafranca, la última compañera de Francisco Ferrer Guardia, fundador de la Escuela Moderna, también era de Navarra.

Vicente Mariones militó en la CNT desde muy joven, y ya en el movimiento insurreccional del 8 de diciembre de 1933, que tuvo su mayor amplitud en Aragón, la Rioja y Álava, fue detenido y procesado en Logroño, junto con Antonio Larrañaga Goñi, con quien había viajado desde San Sebastián, en un taxi, en misión de coordinación y enlace.

La vista de la causa por los sucesos revolucionarios de Logroño se celebró del 1 al 7 de febrero de 1934. En un mismo proceso veinte compañeros fueron condenados y las penas más severas recayeron en Antonio Oñate Pérez y José Santamaría San Miguel, que fueron de veintitrés años, cuatro meses y un día de reclusión mayor. Vicente Mariones, Antonio Larrañaga y Feliciano Subero Martínez estaban en la lista de los veintiún compañeros absueltos.

Aunque no existen estudios sobre la revolución de 1934 en el País Vasco, fue allí donde los acontecimientos de octubre tuvieron mayor gravedad, excepción hecha, por supuesto, de los dos centros neurálgicos de la revolución, Asturias y Cataluña. La huelga, de carácter insurreccional, fue prácticamente general, del 5 al 12 de octubre en todas las localidades de Vizcaya y Guipúzcoa. El 16 de octubre, el número de detenidos en Vizcaya era de 900, y de 720 en Guipúzcoa: Se registraron 40 víctimas mortales, centenares de heridos y los encarcelados y procesados en el País Vasco no bajaban de 1.500.

Vicente Mariones fue procesado y condenado a varios años de cárcel y conducido al penal de Burgos. En junio de 1936, un mes antes de la sublevación militar en España, Mariones fue trasladado al fuerte de San Cristóbal (Pamplona), provincia que quedó inmediatamente en manos de los que se alzaron contra la República. Nuestro amigo participó entonces en un intento colectivo de evasión que fracasó. Juzgado de nuevo, el fiscal solicitó para él la pena capital, pero no fue concedida. Mariones fue liberado en mayo de 1938 –cuando todo el norte de España ya había sido conquistado por los franquistas– e incorporado a filas en servicios de retaguardia del entonces llamado ejército «nacional».

Al finalizar la contienda, en el verano de 1939, «El navarrico», como así lo llamaban sus amigos, pasó clandestinamente la frontera y, en Francia, fue a parar a un campo de concentración del cual salió enrolado en una Compañía de Trabajadores Extranjeros (militarizada) y afecta al departamento de las Landas, en el sudoeste francés. En el mes de mayo de 1940 la Blitzkrieg («guerra relámpago») de la estrategia nazi ya se había orientado hacia el Oeste y Hitler había hecho capitular a Bélgica, Holanda, Luxemburgo y hundía el dispositivo francés en la región de Sedán. Moriones intuyó que Francia iba a ser ocupada por el ejército alemán y desertó con otros tres compañeros, pero fue capturado y devuelto a la Compañía. Cuando el 22 de junio Francia firmó el armisticio, Moriones pensó que ya no podía esperar más, se escapó nuevamente, esta vez con éxito, y llegó a Toulouse. El 27 de junio los alemanes llegaban a Hendaya y la bandera con la cruz gamada ondeaba en el puente internacional.

Francisco Ponzán

Francisco Ponzán

En Toulouse, Vicente Moriones se puso en contacto con Francisco Ponzán Vidal, y se integró en la red de evasión que éste había organizado a través de los Pirineos.

Inmediatamente comenzó a efectuar misiones en España, donde se mantenía relación con el Comité Nacional de la CNT clandestino, cuyo secretario general era entonces Manuel Amil Barcia.

Moriones fue detenido en Barcelona el 7 de agosto de 1941, con documentación a nombre de José Luis Márquez Boya. Se le ocupó un amplio informe de Saturnino Carod Lerín, destinado al Movimiento Libertario en Francia, donde se detallaba la actividad desarrollada en España, contactos con el Comité Nacional de Madrid y con las regionales de Cataluña, Levante y Centro, junto con otros escritos y documentos. En la misma galería de la Cárcel Modelo se encontró con Saturnino Carod que había sido detenido el mismo día y también con Manuel Villar Mingo, que se encontraba en prisión preventiva desde el 11 de agosto de 1941.

Eduardo Quintela

Eduardo Quintela

Eduardo Quintela Bóveda, jefe de la Brigada político-social de Barcelona, mediante la intervención de Eliseo Mélis Díaz, propuso entonces a Moriones la libertad a cambio de algunos «servicios». Como que éste no se sentía obligado a respetar un pacto con el que se chantajeaba su libertad o quizá su vida, no dudó en «aceptar» la proposición y regresó a Francia bajo la protección discreta de la policía española. En cuanto llegó a Toulouse contó toda la historia a Francisco Ponzán y a Victorio Castán Guillén (Reyes) que en contacto con el primero también realizaba trabajos de conspiración en España. Moriones, libre, siguió trabajando en el grupo y en sus misiones a España, sin preocuparse del mayor riesgo que corría después de su jugarreta a Quintela.

El 14 de octubre de 1942, debido a la delación de un hombre que en otro tiempo fue un excelente compañero aragonés, Julián Comeras, la policía irrumpió en la casa de Toulouse donde Francisco Ponzán tenía su «cuartel general» y se llevó detenidos a todos los que allí encontraron, entre ellos a Vicente Moriones y al propio Ponzán, yendo a parar al campo de concentración de Vernet. Pero el 22 de diciembre del mismo año, todos eran liberados mediante una falsa orden de liberación, que habían cursado sus amigos de la Resistencia francesa.

El 11 de junio de 1943, cuando Moriones salía una vez más camino de España, fue detenido en Perpiñán, con la identidad de Enrique Martínez, de profesión relojero, y fue a parar a la cárcel de Fresnes, al sur de París. De allí fue llevado al campo de tránsito de Compiegne, en el departamento francés del Oise, y luego deportado al tristemente célebre campo de concentración nazi de Buchenwald, el 17 de junio del mismo año. Esta rapidez no permitió que sus compañeros pudieran efectuar ninguna gestión o acción en su favor.

Moriones fue liberado por las fuerzas aliadas el 30 de abril de 1945 y, cuando regresó a Francia, con bastantes problemas de salud, se instaló en Toulouse, la capital del Languedoc y sede del Comité Nacional del Movimiento Libertario Español en Francia.

En 1947, nada podía detenerlo en su ansia de ver liberada España; volvió a la Península, en misión orgánica, pero 15 días después era detenido por la policía en San Sebastián. Fue condenado a más de 40 años de presidio y a esta pena tan severa no fue ajeno el comisario Eduardo Quintela, quien no podía perdonarle la bromita que le gastó en 1941.

Después de recorrer varios penales, fue descubierto en un intento de fuga, lo que determinó que le recargaran la pena. Salió en libertad en 1965, después de pasar 18 años en las cárceles franquistas.

Aunque con la salud muy quebrantada, se incorporó inmediatamente a la lucha clandestina y ocupó cargos de responsabilidad en la CNT de Euskadi. Buscado activamente por la policía, pasó a Francia en 1967, para poder respirar un poco, pero la verdad es que a Vicente Moriones la inactividad le ahogaba y agravaba sus males. Seis meses después ya estaba de nuevo en su tierra para proseguir la lucha contra el franquismo.

Cuando falleció, el Comité Regional de Euskadi precisaba: «… al morir ocupaba el puesto de secretario general del Comité Regional de la CNT de Euskadi, era secretario general de la Alianza sindical de Euskadi y miembro de la Junta de Defensa y de Resistencia del Gobierno vasco en el Interior». Enterrado civilmente, su cuerpo yace en una tumba del cementerio de Baracaldo. En ella puede leerse como epitafio esta frase de Goethe: «No lloréis mi muerte. Proseguid la lucha. Adelante, adelante siempre, por encima de las tumbas».

Publicado en Polémica, n.º 31, marzo de 1988

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