Sobre el gregarismo

Adolfo HERNANDEZ

«En el siglo XIX el problema era Dios ha muerto; en el siglo XX el problema es El hombre ha muerto. En el pasado, el peligro consistió en que los hombres pudiesen convertirse en esclavos. El peligro que encierra el futuro es que los hombres puedan transformarse en robots…» (El Hombre Enajenado, Erich Fromm)

Black_sheep-1

1. Solo hay salvación en la unidad creadora

Siempre causa pesar –no por inesperada– la vuelta a la normalidad, aún fingida, de los pueblos que han sufrido convulsiones internas en las que la injusticia ha coronado una etapa sangrienta. Cierta apatía, el cansancio natural a los cuerpos y grupos humanos tienden a este retorno al gregarismo tan tentador y tan temido para el progreso. Es entonces cuando surge el milagro del chispazo individualista. En el arte, el inconformismo pide nuevas formas de expresarse; en las ideas, el rayo solitario que estigmatiza e ilumina; en el ritmo constructivo, el halo innovador que moderniza las formas y estructuras de la arquitectura e ingeniería en el marco de un mundo aparentemente indiferente o por mejor decir: estúpidamente indiferente. En medio de esas brumas surge la llave del eterno milagro: la consecuencia frente a la general inconsecuencia. La lucha contra el gregarismo de los pueblos es semilla de esperanza que marca el ritmo de la civilización. Causa espanto el pensar si el mundo no fuera así.

En cada recodo de la vida lo que consideramos perfecto suele ser efímero por circunstancial. Lo llamado perfecto tiene embrión de desarrollo y no puede estancarse: ahí reside su grandeza. Nuestra marcha por los misterios de la vida nos depara en cada caso, un futuro inquietante y seductor, en especial a los hombres que han hecho de la vida un reto constante al que hay que enfrentarse diariamente. Nada podría ser importante como unidad excepto en lo que esta pueda tener de creadora, para ello sus luces están dirigidas a la comunidad; de otra guisa, sería estéril. Estaríamos en el reino del gregarismo, de la indiferencia.

En principio el gregarismo podría definirse como una sensación de miedo. Miedo agudo a las extrañas fuerzas que se encadenaron para hacer surgir al hombre en la Tierra. Si nos atenemos a la fácil división humana que Ortega y Gasset hace en La Rebelión de las Masas, debemos convenir con él que el mundo está lleno de cabezas «poco claras»; y al hablarnos de las elucubraciones que se forjan en la mente del hombre común, naturalmente, lo que surge en materia de ideas no es sino un cendal de niebla conformista porque, lo poco que ha visto le ha asustado: «…el individuo trata con ellas de interceptar su propia visión de lo real, de la vida misma. Porque la vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus «ideas» no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad…» y entonces, siguiendo el razonamiento magistral de Ortega diremos que no es extraño el observar, a poco de calar la realidad ambiente, la serie de incongruencias que se operan en la vida real. Conviene profundizar un poco sobre el tema. Volvamos a la unidad creadora.

2. Roger Bacon y la tesis de la evolución emergente

Hace ya muchos siglos, allá por 1250, perdido en la niebla de los tiempos, Roger Bacon, sutil ingenio de la Edad Media, lanzó un dramático llamamiento liberal: «Cesad de ser gobernados por los dogmas y las autoridades. ¡Contemplad el mundo!». Al ahondar en torno de las fuentes regresivas de la Humanidad, Bacon precisó en cuatro puntos sus apreciaciones: el respeto a la autoridad; las costumbres; el sentido gregario de las muchedumbres ignorantes y la vana y pretenciosa indocilidad de nuestras inclinaciones. Bacon pidió solamente una cosa para exterminar estos tumores: ¡experimentad! ¡experimentad!

Muchos han seguido, desde remotos tiempos, el llamada del ya legendario sabio de Oxford llamado por Renan «el príncipe del pensamiento de la Edad Media» recordando sus valientes admoniciones a un mundo metafísico que no conocía el positivismo. Maurois en su Historia de Inglaterra destacará lo medular del pensamiento baconiano, diciendo: «En lo concerniente al razonamiento no se puede distinguir el sofisma de la demostración, sino verificando la conclusión por la experiencia y por la práctica. Las más ciertas conclusiones del razonamiento dejan que desear si no se las verifica. Hay mil errores arraigados que provienen de la pura demostración «de nuda demonstratione».

Causa pesar comprobar cómo tan brillante intelecto cayó en manos de la Iglesia para subsistir; empero sus singulares destellos no se apagaron. Bacon se hizo franciscano y en la paz del claustro compuso su Opus Maius, monumento enciclopédico de la época, lo cual no deja de ser consolador si se compara con el final misterioso de otro preclaro español, el aragonés Gracián, a quien la suspicacia jesuítica tomó en sus manos para confinarlo en la soledad de la celda, privado del ejercicio de su inteligencia, rebelde por naturaleza, precisamente por antigregario (dígalo si no El Criticón, obra cumbre en reflexión y agudeza).

En nuestros ajetreados días el escritor y pensador inglés H.G. Wells se cansó de pedir al mundo, hasta su muerte, que no se dejara ahorcar en la órbita despiadada y gregaria del dogma. El hombre no podía ser sujetado por el hombre. Teníamos que desmentir a Hobbes.

De ahí que el papado moderno, para su particular conveniencia, haya calado hondo y sagazmente en los problemas humanos de la época presente donde se está operando una transición de importancia incalculable y decisiva para los futuros derroteros de la especie: la supresión del estrecho nacionalismo y un nuevo concepto de las esferas de influencia. Lo que va de Hausshofer a los hombres que marcan el destino del «Mercomún» europeo. Tampoco creemos que falten muchas generaciones para la universalización del hombre. Por otra parte, el materialismo llegaba a su cénit encarnado por esta era del átomo. Todo ello, estudiado acuciosamente por la iglesia, conducía a reflexiones de extrema gravedad para la fe cristiana, puesto que cuantos más prejuicios nacionalistas existan mayor será el entronizamiento religioso. Minimizar es gobernar, para el Vaticano.

Para la Iglesia era necesario crear dogmas ante la duda que atenazaba al mundo; hacía falta afianzar el gregarismo y si bien era imposible frenar la libre investigación, sí se podía condicionarla a nuevos cánones que afianzaran la intangibilidad jurídica del Vaticano.

Notable jugada maquiavélica en aquel revolucionario momento por el que atravesaba la humanidad. La credulidad engendra el servilismo. ¿Quién era el hombre para enfrentarse a la Divinidad?

La Iglesia retaba la libre experimentación y la duda creadora con el dogma. El resultado es desolador. Debemos confesar que el éxito, aunque relativo, es importante. El hombre, en fuertes segmentos civilizados sigue en la oscuridad, lo cual no deja de ser irónico si tomamos en cuenta que estamos en el siglo de la luz.

¿Cómo destruir la marcha de estas fuerzas regresivas? Ayudando a la rebelión mental del hombre, el estudio de la biología moderna ha sentado nuevas tesis que, por otra parte, corroboran el método inductivo-deductivo de que nos hablara tan brillantemente Kropotkin; en efecto, el notable libro de H.S. Jennings The Biological Basis of Human NatureBases Biológicas de la Naturaleza Humana») resume las tendencias que privan en los conceptos de la evolución y los resume en dos corrientes básicas: «La evolución mecánica»: en esencia, método de cálculo y predicción equivalente a que el Cosmos y sus factores fueran equivalencias matemáticas y «la evolución emergente», tesis de los «imprevistos», lo que vendría a ser aquello que los fríos teoremas de la lógica no pueden captar.

«La doctrina de la evolución emergente –dice Jennings– no pone trabas a la experimentación. Tampoco se opone a reconocer que todo lo que sucede depende de las condiciones precedentes, siempre que el experimento confirme esta dependencia. Las cosas sufren cambios en sus propiedades y acciones cuando cambian sus combinaciones y relaciones. Siempre existe una causa experimental para todo cambio que se presenta. Esta doctrina no pone obstáculos al progreso continuo de la ciencia, ni a su formación» … Más adelante, remachará el pensamiento precedente indicando: «Reconoce que la tarea de la ciencia no tiene término; que debe continuar desarrollándose mientras el proceso de la evolución continúe…»

Es decir, debemos enfrentarnos al escenario del Universo, no con fórmulas preestablecidas, sino dispuestos a un cambio de razones si la experimentación de nuevos procesos así lo establece. Somos escépticos. Porque lo que ayer parecía factible, hoy puede ser rebatible, y esto es muy importante, sin dejar de reconocer la importancia que tuvo en la cadena ascendente de razones. «La evolución emergente» es la tesis del progresismo y está conquistando adeptos constantemente, corroborando la dinámica que agita todas las fases de nuestra vida, declarándose contra todo estancamiento aunque sea invocando sacrosantas razones, para nosotros poco valederas, si con ellas se nos quiere preservar del constante proceso experimental.

Si amamos al ser humano nada puede quedar en utopía por temor al fracaso. El hombre «vive» hoy, como vivirá mañana. ¿Podemos esperar…? El ciego será menos ciego si examina con las manos las aristas que lo rodean. Roger Bacon desde las lejanías del medioevo nos recuerda su vigencia, eterno punto hacia el porvenir.

3. La alerta a la «locura milagrera»

Entre las deducciones lógicas que nos deparan las ideas expuestas anteriormente, una de ellas será advertir a los defensores de las grandes ideas que caracterizan el siglo pasado y el presente que no pueden dormirse en sus laureles. Todo ideal es «activo». Por ello estimamos que la mayor esperanza de supervivencia de un concepto es que esté sometido a la evolución constante.

¿Por qué el gregarismo consume hasta los conceptos más nobles? Porque el mundo parece cansarse hasta de lo que parece perfecto. Definamos cuidadosamente este punto: si cumbres de la música como Beethoven y Bach, rapsodas como Virgilio y Petrarca, dramaturgos como Shakespeare y Calderón, plumas geniales como Cervantes, Dante o Goethe permanecen incólumes se debe a que la vigencia inmortal de los próceres consiste en que «son puntos de partida» en el navegar hacia el arcano. No son inmutables; irradian inconformismo y duda.

Con el avance la mente se expande y capta mayor número de facetas. Por lacerante que sea llegamos a un punto explosivo en este «Ensayo» y que concierne a un tipo de gregarismo negativo, del cual no se han ocupado bastante los pensadores de la época: el factor corrosivo y decadente en las mentes librepensadoras. Expliquémonos: hay un momento en que el cerebro deja de producir; ha cumplido su ciclo. Entonces es cuando surge el instante que Mella define magistralmente en estos párrafos: «Hay que prosternarse ante algo. Cae de rodillas el místico; rinde su vida el fanático y, por inversión de términos el revolucionario divaga la locura milagrera de las maravillosas transformaciones». En una especie de paráfrasis de los grandes entendimientos de edades pretéritas como Sócrates o Bacon, y salvando las distancias con que la celeridad de la verdad puede hacerlo, es el propio Mella quien dirá: «No pongáis muros al pensamiento. El mismo pensamiento los derribará como cascotes. Abrid vuestro entendimiento a los más atrevidos análisis; rendíos a todas las verdades que vayan surgiendo; no os petrifiquéis en el quietismo de una concepción bella, por amplia y grande que os parezca».

Lo increíble, lo asombroso, lo que renueva, lo que turba la digestión plácida de los comodones, es necesario. Se trata de un combate constante contra el gregarismo que jalona –por largos periodos– la crónica de los hombres. Sacudir el letargo es signo de vida. La Naturaleza nos marca la pauta al enseñarnos que, incluso lo que llamamos muerte, no es si no el principio de otras vidas. Y no hay cosa menos estable que la naturaleza con su maravillosa y eterna mutación que presta colorido a la Tierra y trabajo a los geólogos. No debemos desesperar si los signos históricos no nos son propicios. Los años de satrapías e injusticias de toda laya son segundos en el minutero eterno.

Hagamos hincapié en la «locura milagrera». Estamos con Don Quijote, pero queremos saber si en el horizonte hay algo más que molinos. Urge una rebelión mental, incluso en las ideas que nos son más caras.

4. La rebelión mental del hombre moderno

El problema de la libertad en función de la era atómica y del poder actual del Estado se ha agudizado a extremos dramáticos. La vida privada del hombre está siendo intervenida en forma que supera lo imaginable.

Dejando de ser sentimentales vamos cayendo cada vez más en el mundo ancho, complejo, deshumanizado de la automatización. Podríamos sintetizar lo expuesto con el cruel concepto de que estamos siendo clasificados y archivados. y ello sucede precisamente cuando, tras grandes desdichas, el hombre avizora o desea un destino más feliz.

Veamos: a través de millones de muertos y de muchos mártires de la ciencia, se ha creado una imagen brillante y prometedora del mundo futuro cuyos antecedentes en la época presente apasionan y sobrecogen. Se han abatido privilegios económicos y culturales; avanzamos –en general– hacia un socialismo de proyecciones modestas pero tangibles. Los valores culturales que por siglos fueron coto cerrado para las mayorías son patrimonio en la actualidad, de grandes segmentos humanos por la enorme difusión de la letra impresa, las emisiones de radio-vídeo y la grabación de la música. Cabe afirmar que un moderado deseo autodidáctico puede crear un hombre satisfactoriamente informado en la era presente, de las corrientes que privan en los distintos campos del interés humano. ¿A que se debe?

Podríamos contestar de inmediato indicando de manera concreta que el poder del Estado ha crecido a tal grado que, a pesar dejadas las promesas y compromisos, sigue planeando dramáticamente la amenaza de cada vez más cruentos y absurdos conflictos, que los Gobiernos o representantes de los países autoproclamados hegemónicos, lejos de evitar, atizan y estimulan con un cinismo más que condenable.

El problema es pues –sin lugar a dudas– la permanencia del Estado como método para regir la colectividad humana.

Los grandes avances científicos, benéficos a la humanidad, creados inicialmente para preservar y asegurar la libertad individual, haciéndola más rica en experiencia, han conferido privilegios indiscutibles al sistema estatal que ha visto reforzada su discutible hegemonía.

Así, el psicoanálisis, maravilloso auxiliar para corregir problemas surgidos por un mal enfoque mental, se emplea –en sus distintas ramas– por el Estado para la coacción; díganlo si no los famosos «lavados cerebrales» o las campañas de ciertas corporaciones públicas que emplean la difamación o el terror contra las íntimas convicciones políticas de algunos de sus ciudadanos.

La educación, en constante evolución por el ahondar en el fascinante campo de la pedagogía es neutralizada en gran parte, por una sistemática campaña de proselitismo nacionalista y religioso en todos los países. Gregarismo grato al Estado.

La difusión cultural queda mediatizada en la prensa, radio, televisión, cine y libros a una implacable ofensiva de captación por todas armas lícitas e ilícitas. Música adulterada, películas de sentido patriótico, exaltación de falsos valores para proteger la política en turno. Todo contribuye a una minimización total del hombre cuando, por contradicción, el progreso tiende a elevarlo.

Las estructuras políticas que rigen el mundo tienden, en esencia, a lograr un tipo de hombre de alto consumo material y bajo rendimiento mental. Un hombre moderno vacío o lo que es peor: un «robot» con vísceras auténticas.

En suma, el hombre de la era atómica llega a las profundidades microbianas, a las simas del mar y a la grandeza cósmica, pero tiene su mente encadenada a una estructura estatal omnipotente, la cual le impone normas que moldean su gusto, su carácter y que le obligan, en definitiva, a uniformar su personalidad; un escritor norteamericano escribió hace unos años una novela titulada El Hombre de Gris, el patético ser anónimo que puebla las grandes y pequeñas ciudades del mundo y pugna por librarse de los slogans políticos, comerciales y culturales en turno, preparados por los trusts financieros que aspiran a dominar mente y músculo y sueñan con un autómata con arterias y corazón, pero sin alma.

Por todo lo expuesto, las minorías empiezan a preguntarse si la necesidad de la rebelión mental contra el orden constituido es inaplazable. Más claro: mientras subsista el incontestable poder político no podremos abatir el privilegio económico porque uno es hechura del otro. Y el socialismo, en su rama libertaria, que es el más avanzado programa de dignidad humana, no habrá podido completar su misión.

Es esencial hacer hincapié en que la aportación del anarquismo a la solución de estos ingentes problemas humanos es manifiesta, por cuanto sus más conspicuos pensadores convienen en observar el carácter esencialmente político del privilegio económico; en cierta ocasión la admirable Luce Fabbri, apuntaba las exigencias libertarias, manifestando que ellas consistían en un retorno a la realidad concreta constituida por la persona individual y su esfera de acción: la colectividad local, en la que convergen todas las actividades geográficamente consideradas y una multiplicidad de organismos funcionales no necesariamente locales, basados en intereses materiales. Deberíamos añadir que los intereses deberían ser revolucionarios y renovadores y dentro de un cauce anarquista. No queremos nacionalizar, sino colectivizar. Fromm apuntaba irónicamente en su Manifiesto Socialista que, el error fundamental del socialismo contemporáneo en su aspecto económico, fue el nacionalizar los medios de producción dentro del sistema capitalista, olvidándose de que: «para el trabajador no hay diferencia esencial entre ser gobernado por una burocracia privada y ser gobernado por una burocracia de carácter público…»

El valor del anarquismo y su digna secuela, el anarcosindicalismo, en estos días consiste en la vigencia insoslayable de lo que es más caro al hombre, tanto en el presente como en el porvenir: su libertad integral. De ella depende una colectividad feliz e inductora de grandeza. Se impone pues la rebelión mental en el hombre moderno. Forma decisiva de atacar el canceroso conformismo de las muchedumbres: su indiferencia.

5. Consideraciones finales en torno a la sociedad humana y su misión

Todo es importante como conjunto y más que nada el conjunto humano que es la sociedad en la cual vivimos. Nada significa para la vida del hombre la caprichosa división política de la geografía que crea naciones. Pero sí significa mucho para la vida de este hombre que encuentre su propio significado. Nacido en estado de reto, superó su primitiva condición animal, rebasó los estadios de la esclavitud y debe llegar a una valoración más amplia acerca de su permanencia en la Tierra para que su actuación sea trascendente. Aquí es donde entra la chispa que nos distingue, para no confundirnos con individualismos egoístas. Hemos hablado, al principio, de unidades creadoras; nos estamos refiriendo al selecto ejemplar humano que lucha por redimir y que solo conoce una meta: la superación del hombre dentro de su sociedad.

Queremos recurrir a un sabio varón, clásico. Cicerón habla no solo a su hijo, sino a todos los hombres en su tratado Los Oficios, cuando dice: «Aún aquellos que emplearon su vida y sus talentos en el conocimiento de las ciencias, tampoco perdieron de vista el aumento de las utilidades y conveniencias de los hombres. Porque enseñaron a otro para formarles mejores ciudadanos y más útiles al manejo de los negocios públicos…» (sin duda se referiría el insigne romano al estoico Posidonio de quien tan cumplido elogio hace Ortega y Gasset en su «Prólogo para Franceses». Humildad que habla de grandeza prolongada de generación en generación por un principio de suprema fraternidad humana y que nos salva del negativismo.

Concluye Cicerón afirmando: «y al modo que las abejas se juntan en enjambres no con el fin de fabricar los panales, sino siendo congregables por naturaleza, se emplean en aquella obra, así los hombres cuya sociedad es mucho más natural, consagran a ella toda la habilidad de sus pensamientos y acciones. De modo que si la virtud que tiene por objeto la unión y conservación de los hombres no influye en el conocimiento de las cosas, éste queda árido y sin provecho; y lo mismo la grandeza de ánimo, si no es su primer móvil la unión y sociedad humana, degenera en barbarie y ferocidad. De lo cual se concluye que la consociación y comunidad de los hombres lleva muchas ventajas a la ciencia y nociones especulativas…»

No podemos dudar de la vigencia –a través de los siglos– de los consejos del ilustre romano a su hijo Marco y un argumento decisivo a los individualistas a ultranza que ningún bien proporcionan a la sociedad en que viven. De donde se colige que la unidad debe ser creadora para la comunidad y la forma más operante de luchar contra el servilismo.

De acuerdo con las fuerzas naturales que lo crearon el hombre se enfrenta a un destino brillante siempre que su mente, capte, irradie, reflexione, cree y, en definitiva, no se detenga jamás. Debemos superar el límite natural de cansancio; crear un puente de continuidad vital para nuestra existencia. Somos un todo de verdades relativas en busca de una verdad total, amparados bajo el signo de una preeminencia indiscutible ante las demás especies que pueblan el planeta. Seamos dignos de esa jerarquía. La leucemia de los pueblos, el gregarismo, debe extirparse en lo posible para bien del hombre y su sociedad. Y todos podemos contribuir un poco a lograrlo denunciándolo, aislándolo, atacándolo.

Publicado en Polémica, n.º 52-53, mayo 1993

Anuncios

Un pensamiento en “Sobre el gregarismo

  1. Pingback: INFORMACIÓN DE INTERÉS – 14 febrero 2014: CONVOCATÒRIA DE DOBLE CONCENTRACIÓ CONTRA ELS ACOMIADAMENTS A MERCADONA // [Solidaridad Obrera] Invitación a organizaciones, colectivos, asambleas de barrio, asambleas vecinales, sindicatos, para exigir

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s