Los pueblos indígenas

Evaristo NUGKUAG IKANAM 

Evaristo Nugkuag Ikanan, activista indígena y ecologista peruano, perteneciente a la etnia aguaruna, pronunció estas palabras al recibir en 1986 el Premio alternativo Nobel de la Paz The Right Livelihood Award.

EvaristoNugkuagIkanantwoPeruAgradezco mucho a la institución Right Livelihood Foundation que decidió otorgarme este Premio alternativo al Premio Nobel de la paz.

Acepto este Premio, en nombre de mi Pueblo, los Aguaruna y nuestra organización: El consejo Aguaruna y Huambisa.

En nombre de los indígenas de la selva peruana que conforman las trece organizaciones, consejos y federaciones que se agrupan en AIDESEP (Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana).

En nombre finalmente de todos los indígenas amazónicos que son miembros de las organizaciones indígenas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil que conformaron en 1984 la Coordinadora de las organizaciones indígenas de la cuenca amazónica.

En nombre de todos ellos, muchas gracias.

Es algo muy nuevo, muy especial, que el jurado de esta institución haya considerado a mi persona, un representante indígena Aguaruna, como merecedor de tan importante premio. Es nuevo por dos razones.

En primer lugar, nosotros, los indígenas no estamos acostumbrados a recibir reconocimiento a nivel personal. La gran diferencia entre el mundo indígena y el mundo occidental es que nosotros vivimos una vida comunitaria, colectiva.

Vivimos en comunidades, nos sentimos bien con nuestros hermanos de nuestro grupo, de nuestro pueblo, de nuestra nación indígena. Juntos somos fuertes. El individuo vale en su colectividad. Nuestros antepasados no conocían el individualismo occidental. Nosotros no lo concebimos para nuestros hijos. El enfrentamiento entre los dos mundos, el occidental y el mundo indígena nos ha causado un gran choque porque nosotros no estábamos preparados para el individualismo, el egoísmo y su más peligrosa expresión el capitalismo, que está destruyendo gran parte del mundo y que cada día pasa por encima del nuestro.

En segundo lugar, esta es la primera vez que una institución del mundo occidental nos considera para recibir un tan alto y valioso premio.

Claro que se nos han abierto algunas puertas para expresar nuestra voz, pero esta es la primera vez que reconocen como correcta la lucha de todas las organizaciones indígenas que venimos defendiendo nuestro ancestral derecho a nuestras tierras y la reivindicación de ser portadores y creadores de nuestra cultura.

El premio es, por eso, una novedad. En Occidente han estado acostumbrados a glorificar las grandes hazañas de los colonos y conquistadores que ganaron un mundo para el capitalismo; de los pioneros que ganaron cientos de pueblos a la civilización. ¡Cuántos monumentos para Colón y otros héroes se encuentran en las ciudades europeas! Nosotros hemos sido los grandes olvidados. Nadie ha escuchado cómo fue, como está siendo, la historia de los indígenas sometidos a la civilización.

Se habla de la independencia de América, ese gran paso adelante de la historia de nuestros pueblos. Pero Bolivia trajo sus ideas de Europa y su independencia fue mestiza. Nosotros, los indígenas de América, los americanos autóctonos, todavía tenemos esa cuenta pendiente.

Todavía ni siquiera en Naciones Unidas, cuanto menos en las legislaciones de nuestros países, no se han dado reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos, de las naciones que existen dentro de los estados.

Es por ello, que este Premio, dado por una Institución de Occidente, es doblemente importante. Tenemos la esperanza de que sea un paso a la fraternidad en un momento en que todavía es posible.

La llegada de la llamada civilización a nuestros pueblos, significó el inicio de una serie de transformaciones en nuestra realidad de vida, destruyendo total o parcialmente las tierras y los recursos naturales existentes, imponiéndonos costumbres y culturas diferentes a las nuestras, las que practicábamos desde siempre los pueblos indígenas. las costumbres que nos permitían resolver con eficacia los problemas y las interrogantes de nuestro medio.

A lo largo de este proceso de conquista y colonización, que se inició hace 400 años, diferentes personajes han ido dejando su rastro de destrucción en nuestros pueblos. Los pioneros conquistadores en la búsqueda de «El Dorado», que no vieron en nuestros abuelos más que estorbos cuya eliminación era heroísmo. Las misiones religiosas que, en nombre de una supuesta salvación de almas, fueron aniquilando nuestro espíritu para abrir la puerta a los explotadores. Los empresarios caucheros que delegaron en sus agentes la hazaña del mayor exterminio físico que pudieron sufrir los pueblos indígenas. Los colonizadores que mostraron al mundo una Amazonía vacía y que tuvieron más respeto por los animales que por la vida de nuestros antepasados.

Nuestros pueblos fueron debilitados, sometidos a la esclavitud, a las enfermedades extrañas que diezmaron en cuatro siglos nuestra población. Las atrocidades y el exterminio de los indígenas fueron señalados como victorias de la civilización. De 78 naciones o étnias existentes en la Amazonía peruana, a principios del presente siglo, no más de 60 se mantienen sobrevivientes. De 45.000 habitantes que poblaron los territorios huitotos en ese tiempo, sólo 5.000 pueden hoy enorgullecerse junto conmigo de recibir este premio.

Como consecuencia de la colonización, cada día se fueron reduciendo los territorios indígenas y se fue destruyendo irreversiblemente la naturaleza que nos daba vida. Cuando los gobiernos reconocieron nuestros títulos comunales, los indígenas entendimos que el resto de nuestras tierras ya no eran nuestras, o que empezaba una larga lucha por recuperarlas. Se dividieron terrenos que eran complementarios. Se partieron pueblos cuya relación era la base de su sobrevivencia. Y los gobiernos cerraron los ojos ante la destrucción masiva de los recursos que la sabiduría de nuestros antepasados había hecho útiles durante siglos.

Además de esta destrucción, los indígenas hemos sido víctimas del complejo de superioridad cultural de Occidente. Se nos ha impuesto valores, creencias y necesidades extrañas a las nuestras como instrumento de dominación para nuestros pueblos. Valores que han demostrado su inutilidad en nuestro medio amazónico y que nos hace revalorizar cada día los conocimientos de nuestros antepasados y nuestra propia capacidad de creación cultural.

Porque a pesar de todo este proceso de destrucción, muchos indígenas seguimos vivos aunque hayamos sufrido un debilitamiento de nuestra cultura.

Hay pueblos que se encuentran en un estado tal de alienación que se avergü̈enzan de su cultura. Nos han creado dependencias que nos atan al sistema dominante. Muchos de nuestros hijos han olvidado el idioma nativo y se ha creado un prejuicio y un sentimiento de humillación por la práctica de la cultura tradicional. Las escuelas misioneras y civilizadoras fueron desprestigiando la ciencia de nuestros padres. Los sistemas de enganche, los patrones que cambiaban ollas por mano de obra, fueron desorganizando nuestra vida colectiva.

En una sociedad racista nosotros fuimos los últimos…

Pero puede parecer a ustedes que todo esto es una historia pasada, indeseable, superada.

Una historia protagonizada por la ignorancia y la prepotencia de las viejas sociedades occidentales, capitalistas y deshumanizadas. Quiero, señores, recordarles que aquella horrible historia es la historia de hoy y que los actores, misioneros y conquistadores, enganchadores, empresarios y turistas, son actores de hoy y viven entre nosotros. Les recuerdo algunos casos; y cito tan sólo los que han preocupado a nuestra institución, AIDESEP, durante los últimos meses:

  • Matanza a dirigentes indígenas del Pueblo Ashaninka en la región del Gran Pajonal y despojo masivo de sus terrenos por invasión descontrolada de colonos.
  • Asesinato del Jefe Nuncanquit de la comunidad de Tsuntsuntsa, de mi propio pueblo, los Aguaruna, asesinato producido en una emboscada de pistoleros contratados por colonos que habían sido expulsados por orden judicial tras un largo y costosísimo juicio.
  • Desplazamiento de la población indígena Ashaninka en la región de Atalaya, ocupándose hasta las viviendas de las familias indígenas, brutalmente abandonadas a su suerte.
  • Grandes Proyectos Especiales de Colonización de Pichis-Palcazú, Jaén, San Ignacio, Bagua, Huallaga Central, Alto Mayo y Madre de Dios que programan colonizar extensísimas regiones Aguaruna, Amuesha, Ashaninka, Amarakaere, Cocamilla y otros, y que son financiados por Instituciones occidentales como el Banco Mundial, el BID, y la AID.
  • Anulación anticonstitucional del Título Comunal de Tsachopén, del pueblo Amuesha, por presiones de los misioneros franciscanos quienes no quieren perder propiedades territoriales que arrebataron a los indígenas en su tiempo.
  • Etnocidio del Pueblo Nahua, en la Convención, quienes hoy inician la historia de muerte por contagio de enfermedades traídas por los madereros y que vienen diezmando, ahora, hoy, a la población.
  • Invasiones masivas de terrenos del Pueblo Amarakaere por compañías extractoras auríferas que defienden con la trampa, las armas y la coima, sus despojos.
  • Concesiones de regiones inmensas, en terrenos indígenas, para la exploración de petróleo por compañías como la Shell, en Madre de Dios.
  • Luchas permanentes del Grupo Cocamilla para defender la Laguna de Achual Tipishca, única fuente de su alimento y del grupo Shipibo para defensa de sus barrizales.
  • Licencias inescrupulosas a las grandes compañías madereras con tala indiscriminada de nuestros recursos naturales y con la consecuencia de la huida de nuestros animales, como es el caso de las Comunidades Ashaninkas de la Selva Central.
  • Explotación turística de las personas y del patrimonio cultural de pueblos Yahua, Shipibo y otros.
  • Invasión ilegal de los terrenos de la Comunidad Aguaruna de Chamikar determinado por la conexión de una carretera que atraviesa su territorio, invasión que ha sido protegida por el ejército con amenazas y disparos sobre la vivienda familiar del jefe comunal.
  • Desconocimiento del voto indígena a los mismos Aguarunas en el Distrito de Imazita, alegando motivos racistas. Estoy hablando del Perú, de nuestros problemas recientes. Pero a nivel de la Cuenca amazónica, nuestras organizaciones hermanas vienen siendo afectadas por una problemática similar y en muchos casos aún más graves.
  • Invasiones de buscadores de oro y compañías mineras en el Alto Río Negro de Brasil, poniendo en peligro la sobrevivencia de más de 18.000 indígenas.
  • Prospecciones petroleras en el área indígena del Valle de Javeri por la compañía estatal Petrobras que está causando violentos conflictos entre los indígenas y los intrusos.
  • Desalojo violento por la policía militar a los Pataxo HaHaHa en el sur de Bahía, en el Brasil, cuya larga lucha ha sido frustrada por dejadez de la Corte Suprema Federal.
  • Etnocidio de 19 pueblos indígenas, de aproximadamente 10.000 personas por el más grande proyecto de Desarrollo del mundo, financiado por el Banco Mundial, Bancos alemanes y japoneses, en Brasil.
  • Grandes plantaciones de palma africana aceitera explotadas por empresas mixtas con capital nacional y europeo como Palmoriente S.A. y Palmera de Ecuador, que amenaza crecientemente la existencia de las comunas Quichua en las áreas del río Napo y Río Coca en Ecuador.
  • Firmas de nuevos contratos por el gobierno de Ecuador con las empresas transnacionales como la Occidental, ESSO, Hispanoil, OPIP. Diamond y Nomeco, afectando una vez más la vida de los indígenas ecuatorianos.
  • Despojo de tierras, robo de maderas, discriminación por parte del obispo empresario Boese contra los indígenas Guaraní en Santa Cruz, Bolivia.

No quiero cansarles, la lista es interminable. Crímenes, atrocidades, despojos, injusticias que, por repetidas, ya ni hieren los sentimientos. ¿Se imaginan la conmoción que ocasionaría cualquiera de estos casos sucedidos en uno de sus países?

Sin embargo nuestros hijos son niños como los de ustedes, nuestras mujeres, nuestros hombres son personas igual que las demás. Nuestras naciones tienen su orgullo, su historia, sus héroes, sus creencias, sus costumbres. Como los demás. Ustedes hoy nos permiten porque lo comprenden. iHagan cuanto puedan para impedir que sus gobiernos ayuden a enlutar nuestros pueblos!

Nuestra lucha tendrá más fuerza si ustedes la complementan.

Querría explicarles algo. Ese inmenso mar verde que es la Amazonía no es un paraíso de fertilidad. Los indígenas vivimos en un medio que hace años estaba equilibrado gracias a la sabia aplicación de nuestros conocimientos para no destruir las tierras.

Las tierras amazónicas, son las más libres del mundo y exigen de mucho cuidado para que sigan siendo útiles. Una vez destruidas ya no se pueden recuperar. Sólo el 2% de los suelos son aptos para la agricultura y en estas tierras vivimos desde siglos los indígenas.

Esta es una realidad que los diversos países amazónicos no quieren entender. La selva les sirve para evitar reformas agrarias en favor de los campesinos, los que trabajan la tierra en otras áreas de nuestros países.

Con la colonización se busca evitar una distribución de tierra justa para ellos.

Tampoco lo han entendido las financiadoras de los países desarrollados. Ni el Banco Mundial, ni el Banco Interamericano, ni la AID, ni otras. Muchos de sus proyectos fallan porque el cambio de los bosques tropicales para su explotación agrícola significa a un plazo medio la destrucción absoluta de las tierras amazónicas.

Para el capitalismo, es sólo un fallo, una mala inversión que a corto plazo, produce sus beneficios políticos. Para nosotros, que pensamos más en el futuro de nuestros hijos, es la pérdida definitiva de la posibilidad de vivir. Porque en este punto es donde está la gran diferencia. Los colonos, los gobiernos, los bancos, miran la Amazonía como una posibilidad de ganancia inmediata cuyas consecuencias posteriores carecen de interés.

Para nosotros la tierra es la base de nuestra existencia y la necesitamos completa, con toda la variedad de sus elementos y la necesitamos para siempre, no para negociarla y olvidarla. Para nosotros la tierra no es sólo un factor de producción.

Pero así es como lo entienden los gobiernos cuando nos conceden nuestros pequeños terrenos comunales parciales, diseminados en medio de Proyectos de Colonización, rodeados de extractores.

Cuando el viejo jefe Ashaninka Juaneco nos solicitó hace pocos días el apoyo para la titulación de su comunidad Tahuanti, le hicimos ver que habría grandes dificultades para obtener una tan grande extensión de terreno. Él contestó; «Eso dices porque no conoces. Esa es nuestra tierra, así son nuestros territorios: ¿Acaso solamente vivimos gente? También están los monos. Hasta osos viven. ¿y dónde irán los monos si no pedimos tierra para ellos?».

Con él les digo: ¡Así es nuestra tierra! Tierra para vivir todos, hombres, animales y plantas, tierras para relacionamos, tierras llenas de espíritu de nuestros antepasados, tierras para nuestros hombres de hoy y para nuestros hijos.

¡Cómo pueden darnos terreno unos gobiernos que han llegado a nuestras tierras muchos siglos después que nosotros!

Por eso la tierra es nuestra gran lucha de hoy. Una lucha que no podemos perder porque es nuestra vida.

Porque quiero que lo sepan. En ese inmenso mar verde los indígenas estamos conociendo el hambre.

Y la otra gran pelea es el respeto. Porque las dos cosas vienen unidas. Se nos puede despojar de la tierra porque somos indígenas, porque nos ven diferentes y esa diferencia es mejor despreciarla que convivirla en igualdad.

¿Qué hacen los gobiernos, los jefes religiosos, los funcionarios, las fuerzas militares para defender nuestros derechos? Nada; para ellos hay otras prioridades.

Y es por ello que los indígenas hemos decidido emprender este proceso unitario que hoy se nos premia. Es por eso que van fortaleciéndose nuestras organizaciones indígenas. De comunidad a comunidad. De pueblo a pueblo. De país a país, viene surgiendo una voz indígena.

Ahora voy a presentarles las Organizaciones Indígenas que, en mi nombre, han sido reconocidas por este galardón: El Consejo Aguaruna y Huambisa, la organización indígena de mi pueblo de origen, que ha unido los esfuerzos de 89 comunidades asentadas en cinco ríos afluentes del Marañón, en la frontera con Ecuador.

El Consejo Aguaruna y Huambisa ha juntado nuestros dos pueblos para comenzar una historia nueva. Juntos venimos logrando la defensa de nuestra tierra y de nuestros recursos.

Son muchos los casos, pero tal vez algunos de ustedes hayan conocido nuestras luchas contra la compañía del cineasta alemán Werner Herzog o con el orero norteamericano Gerald Stucky que intentaron apropiarse de nuestros recursos y hasta de nuestra propia imagen.

Con el Consejo estamos solucionando los problemas de salud, largamente abandonado por el Estado. Con un programa que respeta nuestras tradiciones curativas y que incorpora todo un sistema autóctono de salud con más de 100 sanitarios, promotoras materno infantiles, supervisores, laboratoristas. Todos aguarunas y huambisas. Un sistema que incluye más de 80 puestos de salud, 5 postas centrales, buenos procesos de capacitación permanente, mecanismos autónomos de abastecimiento.

Con el Consejo hemos organizado un sistema económico con más de 70 empresas comunales y 5 centrales de comercialización, además de controlar los excesos de producción hacia el mercado y asegurando los terrenos para la subsistencia.

Con el Consejo Aguaruna y Huambisa estamos intentando dar un propio contenido para la educación de nuestros hijos, el contenido que nos robaron la misión jesuita, los comerciantes, el Instituto Lingü̈ístico de Verano. En fin, con el Consejo hemos recuperado el ejercicio de nuestro orgullo Aguaruna y Huambisa.

En las actuales elecciones municipales hemos conseguido la totalidad de las alcaldías de la zona. En definitiva, el gobierno ha tenido que reconocernos como interlocutores autorizados en nuestra región.

Asimismo, se ha considerado en el premio a la AIDESEP (Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana).

Es una organización que agrupa a la gran mayoría de los sectores organizados de la población indígena amazónica peruana. Fue creada en 1980 por iniciativa de un conjunto de federaciones, consejos y organizaciones indígenas. Nuestro objetivo principal es el de ofrecer una respuesta orgánica, autónoma y actualizada a los problemas que afrontan los pueblos indígenas de la selva peruana así como la defensa y la lucha por sus derechos desde nuestra propia perspectiva indígena, sin intermediarios.

Nuestra línea principal de acción es la defensa de la tierra y los recursos naturales y del derecho a la propia lengua, cultura y educación, a la autodeterminación y organización política, a la vida, la salud, la integridad física y seguridad de nuestros pueblos.

Hemos elaborado políticas indígenas para cada uno de estos aspectos, trabajamos un curriculum amazónico, alternativas para el uso de la tierra en las condiciones actuales. Fortalecemos en general la presencia de las organizaciones indígenas ante el gobierno y sus organismos de desarrollo amazónico.

Por último, La coordinadora de las organizaciones indígenas de la Cuenca amazónica, que fue formada en 1984 por las organizaciones indígenas más representativas de los países de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil. Con ella intentamos, a nivel más amplio, fortalecer y respaldar la unidad de las organizaciones miembro y establecer una estrecha y permanente relación entre ellas, así como unificar las acciones de lucha por la reivindicaciones indígenas de la región.

Publicado en Polémica, n.º 28, mayo 1987

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