Manifiesto del GRA por el No-Sí: ¡la revolución, sin Estado-nación, es la solución!

Mas-anuncia-los-terminos-de-la_54395454685_53699622600_601_341El Parlament de Cataluña aprobará próximamente una pregunta y una fecha para realizar un referéndum sobre la “independencia” de Cataluña. La pregunta, acordada por diversos partidos parlamentarios, será doble: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado? En caso afirmativo, ¿quiere que sea independiente?” (1). En este Manifiesto, en primer lugar, expondremos nuestro posicionamiento respecto a esta cuestión, explicando los motivos por los cuales responderíamos con un No-Sí a las respectivas preguntas, es decir, daríamos una respuesta que ha sido impedida en la formulación promulgada. En segundo lugar, haremos algunas consideraciones generales sobre el hecho nacional y el nacionalismo. Para terminar, reflexionaremos sobre las potencialidades del conflicto nacionalista en nuestras tierras y sobre el papel que está jugando la izquierda independentista por un lado, y el papel que podemos jugar los revolucionarios integrales por el otro, en todo este asunto.

1. No queremos ningún Estado

En primer lugar, es bueno notar que la primera pregunta del referéndum es capciosa ya que inquiere sobre la posibilidad que Cataluña sea un Estado cuando, por definición, Cataluña no puede ser un Estado. El vocablo Cataluña hace referencia a un territorio, no a sus estructuras políticas. No es lo mismo Francia que el Estado francés, ni Gerona es sinónimo de Ayuntamiento de Gerona. Cataluña puede estar gestionada y dominada por uno u otro Estado, pero no será nunca en sí misma un ente estatal. Mediante el uso indebido del lenguaje, la pregunta promulgada confunde Estado y territorio, intentando, de esta manera, liar conceptualmente y fusionar imaginariamente las estructuras de dominación con los territorios dominados, un sutil estratagema lingüística gentileza de los “representantes del pueblo”.

En segundo lugar, para responder con conocimiento de causa a la primera pregunta es necesario que los ciudadanos de Cataluña tengamos bien presente cuál es la esencia de la institución estatal. El Estado moderno se gestó durante los siglos XIV-XVII y se impuso como institución política fundamental en todo el mundo a través de las revoluciones liberales del siglo XVIII y XIX. Desde entonces ha adoptado, según las circunstancias, formas parlamentarias o dictatoriales, gobiernos de izquierdas o de derechas, pero su esencia ha sido siempre la misma: una estructura marcadamente jerárquica y burocrática, separada de la ciudadanía y por encima de ésta. El Estado-nación es un aparato de dominación y de coerción profesional que se instauró socavando y desmantelando las instituciones realmente democráticas de la sociedad popular tradicional, como el Concejo Abierto y el Comunal en la Península Ibérica. Es un agente causal de primera importancia en la crisis generalizada de hoy en día; su esencia es destructiva, violenta y capciosa, tal y como puso de manifiesto el mismo Maquiavelo. No hay un solo Estado en el mundo que no esté manchado de sangre, relleno de injusticia, erigido en base al engaño y a la explotación de los seres humanos y de la naturaleza.

Decimos rotundamente NO a un hipotético Estado catalán porque no queremos salir del fuego para caer en las brasas. Un Estado catalán sería sólo una nueva expresión de la misma fuente de problemas: la dominación política en forma de Estado “democrático representativo”. Si queremos liberarnos realmente de la espiral de miseria y barbaridad en que se encuentra el mundo contemporáneo es menester que empecemos a impugnar efectivamente esta dominación a través de una política realmente democrática, realizada en el marco de Asambleas Populares Confederadas en franca oposición al espectáculo oligárquico del Parlamento. Las múltiples crisis del siglo XXI nos emplazan urgentemente a organizarnos al margen del Estado y contra el mismo, de modo similar como el pueblo de Cataluña supo hacer con gran solvencia durante el primer tercio del siglo XX.

2. Queremos verdadera independencia

Consideramos que la independencia es un valor humano fundamental que, para realizarse genuinamente, tiene que ir asociado a otro valor tanto o más importante: la interdependencia. Abogamos porque cada persona, cada colectivo, cada pueblo, cada región y cada país sea independiente y, al mismo tiempo, en distintos grados y de distintas maneras, interdependiente con los otros. La verdadera independencia a todos los niveles sólo puede realizarse a través de la autonomía generalizada, lo que implica la creación de una verdadera democracia donde cada persona pueda participar directa e igualitariamente en la formulación de las políticas y en la toma de decisiones que le afectan. Pero la independencia que proponen los partidos “independentistas” no consiste en esto, sino en la creación de nuevas estructuras de Estado, es decir, en renovar las formas de dependencia.

Decimos decididamente SÍ a la independencia de Cataluña, pero precisando que, según pensamos, la verdadera independencia de un país es indisociable de la independencia de cada una de sus regiones, pueblos y personas. Además, la independencia política es indisociable de la independencia económica. Es por esto que un sistema de Estado con economía de mercado capitalista es siempre antitético a la verdadera independencia: un Estado supone, por definición, la imposición de decisiones al conjunto de la población por parte de una élite política que concentra la potestad de mandar a través de un conglomerado de instancias burocráticas y oligárquicas; una economía de mercado supone, por definición, que las decisiones económicas fundamentales quedan en manos de las dinámicas de la competencia mercantil y de cada una de las entidades empresariales privadas. No hay ningún Estado en el mundo que aplique verdaderamente el principio de autodeterminación y de subsidiariedad, sencillamente, porque la descentralización y la autonomía son antitéticas a la naturaleza del ente estatal. No hay ninguna economía de mercado en el mundo que permita la verdadera independencia de los pueblos y de las personas, sencillamente, porque este sistema económico se basa en desposeer a las personas y espoliar a los pueblos para hacerlos así más dependientes de las corporaciones empresariales y de sus mecanismos de explotación laboral.

3. Defendemos el hecho nacional sin incurrir en el nacionalismo 

Probablemente, el principal factor que ha espoleado el auge del independentismo estatista catalán en los últimos años son las reiteradas provocaciones anti-catalanas del Estado español. Éste ha recortado competencias del gobierno de Cataluña y se ha cebado contra la lengua y la cultura catalana a través de legislaciones (ley Wert), resoluciones (Tribunal Constitucional), campañas (propaganda mediática anti-catalana), etc. Estas problemáticas tienen su causa última en la propia naturaleza del ente estatal y en la propia noción de Estado-nación, surgida en siglo XVIII para justificar el establecimiento de los Estados modernos. La pretensión de que el hecho nacional pueda delimitarse con fronteras es una entelequia que conlleva siempre un forzamiento de la realidad, mientras que la ideología según la cual las estructuras políticas tienen que coincidir con aquellas fronteras, es decir, la ideología nacionalista, es una fuente inacabable de incongruencias y problemas. Para respetar verdaderamente el hecho nacional en toda su diversidad, espontaneidad y entremezcla, para que la lengua y la cultura de cada persona y de cada región puedan expresarse naturalmente y desarrollarse libremente, es menester desvincular completamente el hecho nacional de las fronteras y estructuras políticas, en otras palabras, hay que tirar la ideología nacionalista al vertedero de la historia.

Impugnamos la opresión que el nacionalismo del Estado español ha infligido históricamente hacia el hecho nacional catalán, pero no consideramos que la forma correcta de defendernos de ella sea incurriendo en otro nacionalismo, enarbolando la estelada; la superación verdaderamente positiva de las opresiones nacionales consiste en crear un nuevo movimiento revolucionario integral y global que impugne tanto el ente estatal, agente causal de infinidad de problemas, como la ideología nacionalista, fuente de conflictos y de opresiones nacionales. De este modo conseguiremos desarrollar culturas locales y regionales realmente vivas, libres, auténticas, populares, sinérgicas y respetuosas.

4. Evitemos la escalada de beligerancia nacionalista

A través de este Manifiesto queremos hacer un llamado para evitar que las élites políticas, tanto catalanas como españolas, consigan involucrar plenamente al pueblo de Cataluña en el creciente conflicto entre el Estado español y el proto-Estado catalán. La historia nos enseña que los Estados a menudo se apoyan en el conflicto y la rivalidad entre ellos, atizando el nacionalismo y la beligerancia para así, en última instancia, afianzar la dominación en sus respectivos territorios. En determinadas coyunturas, si resulta conveniente para los intereses de diversos sectores del poder, estos conflictos pueden aumentar en intensidad hasta adoptar una forma bélica, tal y como sucedió en la ex-Yugoslavia.

Precisamente, algunos comentaristas han señalado paralelismos entre la atmósfera social de la Yugoslavia pre-bélica y la atmósfera que se respira en nuestras regiones hoy en día: la crispación va en aumento; cada vez más energía social es canalizada a través de la disputa nacionalista; los ataques verbales, las amenazas y los desprecios se han multiplicado en el último lustro. Los medios de “comunicación” han incrementado progresivamente la atención que dedican a este asunto, bombardeando las conciencias de la población con los fervores y furores nacionalistas en sus diversas expresiones: celebraciones multitudinarias, debates encendidos, resoluciones provocadoras, declaraciones ilusionadoras… Y bien, ¿hacia dónde nos puede llevar esta escalada?

Llegado el momento en que el Parlament declarase la “independencia” de Cataluña, presumiblemente, el Estado español desautorizaría la decisión tal y como ha advertido. Aplicando la legislación constitucional para mantener “la indisoluble unidad de España”, no sería extraño que el Estado español usara la fuerza de las armas, disolviendo el Parlament e incrementando la militarización de nuestras regiones para frustrar la creación de un Estado catalán. Algunos confían en que la élite internacional, con la “bondad” que le caracteriza, nos vendría a “salvar” en un escenario como éste. Pero los hechos indican más bien lo contrario: ningún miembro ni órgano de la élite internacional se ha comprometido mínimamente a usar la fuerza de las armas para defender la separación de Cataluña, mientras que algunos de ellos sí que han afirmado que este conflicto “es un asunto interno de España”.

Lo que se encuentra en nuestras manos y puede resultar decisivo es nuestra actuación como pueblo. Si el pueblo se deja llevar por los furores promovidos por las ideologías nacionalistas y las instituciones estatistas, la crispación social puede aumentar hasta niveles inusitados, acaparando una gran parte de la atención pública y socavando seriamente las posibilidades de una liberación real del pueblo de Cataluña. Con estas palabras queremos dar pues un toque de alerta sobre el factor contrarrevolucionario que supondría un proceso de creciente beligerancia en términos estatistas y nacionalistas. La contienda nacional-estatista no tiene ninguna posibilidad de llevarnos hacia una situación realmente positiva, ya que no estamos hablando de un conflicto en el que el pueblo organizado autónoma y conscientemente se enfrenta a todas las formas de dominación, construyendo así una sociedad realmente democrática, substancialmente mejor que la actual, sino que se trata de un conflicto en el que la forma de dominación estatal, una u otra, siempre saldrá ganando y, por esto, el pueblo siempre saldrá perdiendo.

5. Cuestionamos al Caballo de Troya 

Es pertinente la pregunta: ¿cuál está siendo el papel de la Izquierda Independentista en esta coyuntura? Examinemos el ejemplo de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), el partido que ha entrado en el Parlament de Cataluña hace poco más de un año con tres diputados. La CUP se presentó en las elecciones como “la voz de la calle en el Parlament” y como “Caballo de Troya de los movimientos sociales en las instituciones”. Aún así, en el caso del referéndum, parece ser que se ha “olvidado” que hay personas de la calle y de los movimientos sociales que podrían querer votar No-Sí. Era previsible que la CUP no promoviera el No-Sí, dado que un eje fundamental de su línea programática consiste en la creación de un Estado catalán. Pero para hacer mérito a las proclamas de ser un partido “democrático radical” y a las pretensiones de ser “amigo de lo libertario”, la CUP hubiera tenido que intervenir en favor de permitir la expresión del No-Sí, la opción más afín a los planteamientos libertarios. Tal intervención hubiese sido muy sencilla: hubiera bastado con presentar una enmienda para suprimir la expresión “en caso afirmativo” que precede a la segunda pregunta, explicando que la respuesta No-Sí es de carácter revolucionario y que el pueblo de Cataluña cuenta con una relevante tradición revolucionaria que tiene que poder expresarse para que el referéndum cuente con un mínimo de calidad democrática.

Pero por desgracia la posición de la CUP en este asunto es aún más flagrantemente antidemocrática. Este partido no sólo impide la expresión del voto revolucionario sino que, si por él fuera, tampoco la opción federalista del Sí-No podría expresarse: la CUP querría reducir al mínimo las posibilidades de expresión del pueblo en este referéndum, proponiendo una sola pregunta binaria para forzar el resultado que ella desea, el Sí a la “independencia” estatista. ¿En esto consiste la “democracia radical”? “No era això, companys, no era això”. Y es que esta historia ya es muy vieja y se ha repetido una vez tras otra: aquellos que pretenden transformar el orden establecido participando como “representantes” en sus estructuras oligárquicas, en la medida que obtienen poder, se amoldan a las inercias y dinámicas del sistema estatal-mercantil. Por todo esto, haremos bien en cuestionar: ¿es la CUP realmente un Caballo de Troya de los movimientos sociales dentro del Parlament o más bien un Caballo de Troya del Parlament dentro de los movimientos sociales?

6. ¡Avancemos hacia la Revolución Integral! 

La dimensión política de nuestras vidas, es decir, la actividad deliberativa y decisiva sobre los asuntos de la esfera pública que nos conciernen, no puede desarrollarse adecuadamente a través de los mecanismos pseudo-democráticos con los que cuenta el sistema de dominación establecido. Este referéndum es una buena muestra de cómo el sistema estatal-mercantil orquesta el espectáculo de la “política” con el fin último de legitimarse y distraer nuestra atención de los procesos que realmente nos permitirían liberarnos: la reflexión rigurosa y profunda, la autoorganización colectiva y autónoma, la mejora moral cotidiana y el empoderamiento popular a través de un movimiento de transición por el cambio global democrático.

En algunas manifestaciones del 15M se coreó una consigna llena de sentido: “el problema es el sistema, la solución es la revolución”. Un referéndum convocado por una institución oligárquica como es el Parlament y escenificado por los medios de “comunicación” de masas, forma parte del problema, no de la solución. Por esto, a través de nuestras posibilidades de difusión, los firmantes abogaremos por la abstención activa en este referéndum, alentando a todo el mundo a reflexionar sobre la opción revolucionaria, la opción excluida del No-Sí. Tenemos que responder a muchas preguntas para construir una Cataluña y un mundo realmente independientes y autodeterminados, es decir, sin Estados. Si respondemos acertadamente a ellas, con hechos y palabras, estaremos iniciando una Revolución Integral: una transformación profunda y generalizada de nuestra forma de vida, un cambio cualitativo y de gran alcance en las estructuras y los valores que definen nuestra sociedad.

¡Sólo cambiándolo todo seremos independientes!

Grupo de Reflexión por la Autonomía

Diciembre de 2013 

Nota

(1) Artur Mas anunció que la segunda pregunta sería “En caso afirmativo, quiere que sea un Estado independiente?”. Sin embargo, varios medios de “comunicación” excusaron la redundancia estatista del presidente y omitieron acertadamente el término “Estado” que lógicamente ya queda incluido en la expresión “en caso afirmativo”. La formulación que empleamos en este Manifiesto es esta última ya que es la que más se acerca a la formulación que consideramos más netamente democrática (al permitir la expresión de todas las posibilidades) y lingüísticamente correcta (al no redundar innecesariamente): “Quiere usted que Cataluña tenga un Estado propio? Quiere usted que Cataluña sea independiente? “. Sin embargo, es altamente probable que la formulación que finalmente prevalezca sea aquella que contiene más redundancias y distorsiones estatistas, es decir, la que fue pronunciada por el presidente.

http://www.grupreflexioautonomia.org/es/

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