Crisis mundial y tecnoburocracia

Raúl GARCÍA-DURÁN

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En otros textos ya he intentado mostrar que como mejor podemos comprender la sociedad contemporánea es a partir del concepto de tecnoburocracia profesional. Junto a la burguesía monopolista, en alianza y conflicto parcial con ella, existe una nueva clase dominante que, para entendemos, podemos resumir como la jerarquía a nivel internacional de los propietarios del conocimiento, conocimiento que ha quedado reducido a información técnica superespecializada. La nueva clase data ya, potencialmente, de la revolución burguesa, cuando se delegan en determinados grupos profesionales tres fuentes de poder de la antigua clase dominante aristocrática (las armas, el saber y el ejercicio del poder político), pero su gran salto adelante se da a partir de 1945 con el modelo del capitalismo organizado gestionado por esos grupos profesionales.

Así, para algunos, la crisis de 1973, la crisis de ese capitalismo organizado, es el fin de la nueva clase. Estaríamos, de nuevo, ante un capitalismo salvaje, con predominio absoluto del mercado (neoliberalismo) y con el beneficio capitalista como gran Dios absoluto. No es así. Otros seguimos insistiendo en la validez aún del concepto. Ya habíamos advertido que uno de los errores de éste era, en sus orígenes, el pensar que significaba el fin del capitalismo. Tras 1945, la nueva clase tecnoburocrática se desarrolla bajo la hegemonía de su fracción managerial-empresarial, es decir, con el menor rompimiento posible con el capital, y la búsqueda de un nuevo modo de acumulación tras la crisis del 73 no sólo no la elimina, sino que incluso la refuerza. El capital intenta seguir hacia adelante, pero para ello ha de ir más allá, de forma incluso más «anticapitalista» que en las crisis anteriores.

Pensemos, y veamos, que:
  • Lo del neoliberalismo no es de ninguna manera la vuelta al capitalismo competitivo, sino tan sólo el intento de salida de la crisis y una ofensiva ideológica llevada a cabo por la tecnoburocracia.
  • No estamos ni mucho menos ante el fin del papel esencial del Estado, sino tan sólo en un paso más en la sustitución del mercado por el sistema económico tecnoburocrático de «jerarquización de decisiones» (véase supra).
  • Las milagrosas nuevas tecnologías son un paso adelante crucial de la nueva clase.
  • La nueva clase está superando ya la misma empresa capitalista. No sólo significa un nuevo modo de explotación en cuanto a la forma de apropiación del excedente (diferencia salarial versus beneficio), sino también ya en cuanto a su forma de producción, en cuanto al modo de producción de los bienes materiales.
La ofensiva ideológica

Tan sólo tres ejemplos: el Club de Roma, el 25 Congreso de la Cámara de Comercio Internacional en 1975 y la Trilateral. Tres foros importantes y –¿casualidad?– de composición claramente tecnoburocrática: managers, profesores, científicos, periodistas… Incluso en el congreso de la Cámara de Comercio se invita, con participación activa, además de empresarios a economistas, políticos, profesores universitarios, directores de medios de comunicación…

1. El Club de Roma es una severa advertencia al capital, la crítica a su propia naturaleza: ya no puede seguir un sistema cuyo objetivo sea el máximo crecimiento. ¿Solución? Peccei, uno de los fundadores del Club nos dice que la «elección de lo razonable» y la planificación a escala mundial de los recursos. ¿Quién decide lo razonable y quién puede hacer esta planificación?

2. Del Congreso de la Cámara de comercio Internacional es significativo todo, empezando ya por u título: «La economía de mercado más allá de la concurrencia y del beneficio». El Congreso es, evidentemente, una defensa de la economía empresarial, pero insistiendo una y otra vez en que ésta ya no puede seguir igual. Estamos en una «nueva era» que exige limitar el beneficio y «responsabilidad social» de la empresa, con el tecnoburocrático pacto social como punto de partida. Manser inicia su crónica del Congreso con estas palabras: «Se hubieran podido esperar demandas imperiosas tendentes a obtener el laissez faire, los rigores espartanos de un mercado libre para todos, la inviolabilidad de la propiedad privada y de la disciplina del trabajo. Nada de todo esto, ni un eco. Los presidentes, los ponentes y los delegados han valorado con calma las obligaciones puestas a sus empresas, ha asignado a la empresa un determinado papel en la comunidad, han tomado nota de las responsabilidades que han de tener y hacia quién […] y han reconocido que todo esto no podía ser u traído a la autoridad y el control del Estado».

Con todo, como dirá en una ponencia M. Murdoch, «vivimos hoy en una economía del miedo». La crisis es demasiado grande y es esto lo que lleva al neoliberalismo, a la necesidad de por encima de todo de la reducción salarial. Tanto la burguesía como la tecnoburocracia extraen sus recursos de la menor retribución obrera.

3. Claramente consciente de ello es la Trilateral que sabe aparcar, por la economía del miedo, su proyecto mundial: Elite planing for World Managemenf. Primero es necesario reducir los salarios. Por ello la Trilateral hace cambiar su política a Carter (su peón en la presidencia USA) y pasar del Comittee for National Economic Planning a la política de austeridad, que dará pie al neoliberalismo reaganiano. El tándem Reagan-Bush fue también apoyado (¿encumbrado?) por la Trilateral…

El capitalismo ha de ir cambiando, superándose a sí mismo, pero antes hay que acabar con la crisis.

La crisis del Estado

O mejor crisis del Estado de Bienestar, que no es lo mismo. De ninguna manera podemos hablar de decremento de la intervención económica del Estado, sino tan sólo de cambio de su concreción. Lo que está en crisis no es la intervención del Estado sino sólo el Estado de Bienestar, aquellos aspectos de esa intervención que significan alza de salarios y por tanto decremento de los ingresos tanto de la burguesía monopolista como de la tecnoburocracia. Lo que hay, a este nivel, es:

1. Decremento de los gastos sociales del Estado (seguro de desempleo, enseñanza y sanidad…). Sólo de los sociales, nótese bien. Ningún descenso significativo en los militares (pese al fin de la guerra fría), de los tecnológicos, de las ayudas a empresas, de los gastos de infraestructura, etc. Los gastos sociales significan protección de las capas más desfavorecidas y el nuevo modelo de acumulación se basa en los bajos salarios de la clase obrera parada o relegada al mercado secundario de trabajo. Estamos en la sociedad de los dos tercios y el resto ha de quedar excluido, desprotegido, marginado (cuarto mundo). Son los gajes de la jerarquización de salarios, y de decisiones…

2. Privatización de algunas actividades del Estado. De algunas tan sólo, de aquellas que son rentables. Ningún cambio a este nivel en las funciones estatales, de siempre encargado, de forma directa, de lo que es necesario pero no rentable. Si ahora con el incremento de renta de algunos la sanidad, la enseñanza, el seguro de vejez pasan a ser rentables…

3. Papel central del Estado como impulsor de las nuevas tecnologías, es decir de la racionalidad científico-técnica propia de la tecnoburocracia, incluso por encima, a veces, de la racionalidad económica propia de la burguesías.

4. Papel, se diga lo que se diga, planificador del Estado. El término de moda es desregulación, pero ésta se refiere tan sólo al ataque a las conquistas obreras del período de auge. El Estado marca, más que nunca, las directrices de desarrollo del conjunto de la economía, aunque bajo las órdenes de las transnacionales (jerarquización de las decisiones…)

5. Papel central del Estado en el determinante proceso de globalización-mundialización. Dicen que basado en la competitividad. Deberían decir: las diferentes burguesías monopolistas y tecnoburocracias nacionales buscan un sitio en la jerarquía que es hoy la clase dominante a nivel mundial a través del Estado nacional. Como siempre represor de las fuerzas transformadoras pero al mismo tiempo árbitro, aunque también tomando parte en el juego, entre las fuerzas dominantes.

Ningún ataque, pues, a la tecnoburocracia política. Es lógico, se haya fusionado ya con la managerial-empresarial

El papel de las nuevas tecnologías

Nos dicen que son la gran solución. Mentira. Como he mostrado ya en otro lugar las «nuevas tecnologías» no solucionan sino que agravan la crisis actual:

  1. Tienen un coste excesivo que frena la inversión;
  2. se renuevan demasiado rápidamente, de forma que quedan pronto obsoletas (nuevo freno a la inversión);
  3. implican un cambio demasiado radical para que el capitalista se atreva a él y
  4. se diga lo que se diga, son altamente creadoras de desempleo.

¿De dónde viene pues el mito de las nuevas tecnologías? De la lógica tecnológica propia de la nueva clase, inicio del nuevo modo de producción. Es la tecnoburocracia quien las desarrolla (y crea la ideología de que si existen son «progreso» y se tienen que utilizar) al mismo tiempo que ellas refuerzan el poder de la nueva clase. A tres niveles:

1. Incrementando la centralización, aunque algunas de ellas permitan descentralizaciones parciales:

  1. El 90% de su investigación se realiza en los países ricos y en unas cuantas empresas;
  2. su diferente grado de introducción crea una inmensa diferenciación en el grado de información (y poder) entre unas empresas y otras;
  3. son las nuevas tecnologías lo que permite el funcionamiento de las organizaciones empresariales gigantes, y del Estado, y
  4. el conocimiento queda ordenado, medido, dirigido, planificado, ¿por quién?

2. Reforzando la «barrera de clase» entre el trabajo intelectual y el manual. Numerosos estudios han mostrado que el efecto fundamental de las nuevas tecnologías en el mercado de trabajo es la polarización. Hay una clara disminución de los puestos de trabajo intelectual más bajos y de los más altos del trabajo manual. Son las nuevas tecnologías las que crean la sociedad de los dos tercios: una pequeña cúspide de directivos altamente cualificados, una minoría de trabajadores cualificados y fijos… el resto al cuarto mundo.

3. Aumentando la alienación, incapacidad de autogestión, de los trabajadores: individualismo, validez sólo de lo que dicen los medios de comunicación, creencia en la verdad absoluta de lo que sale en una pantalla, etc.

Son los propietarios del conocimiento existente los interesados en una sociedad basada en éste, en la información.

Mas allá de la empresa

De hecho las mayores modificaciones se están dando en la empresa, como es lógico en el capital y habitual en todas sus crisis. Tres son hoy las modificaciones esenciales:

  1. la ya citada polarización profesional,
  2. la precarización de las condiciones de trabajo de los obreros no cualificados, y
  3. el tema que más nos interesa aquí: la sustitución de la empresa por «redes de empresas». Robert B. Reich, ministro de trabajo del presidente Clinton, nos las define con un ejemplo:

La Great American Corporation anuncia […] que la firma está introduciendo una nueva línea de aparatos a medida para la práctica del fisioculturismo […]. El anuncio crea la falsa expectativa de que existe una inmensa y única entidad llamada Great American Corporation, que es exclusiva o ampliamente responsable de los nuevos productos, y que la consecuencia principal del éxito o el fracaso en el mercado recaerá sobre los accionistas de la compañía.

En realidad es más probable que estos nuevos aparatos sean un producto de la combinación de una compleja red empresarial. La idea es concebida por un grupo llamado Compañía A, la cual es formalmente una división de la Great American, pero opera casi independientemente. Los aparatos han sido diseñados por otro grupo que se especializa en traducir las ideas en productos que puedan ser fabricados con eficiencia y a bajo coste llamado Compañía B, la cual está legalmente separada de la Great American Corporation, pero estrechamente relacionada con la misma, ya que la mayor parte de los diseños de la Compañía B son adquiridos por Great American. Los nuevos aparatos han sido fabricados y armados por la Compañía C, cuyos empleados trabajan con alta tecnología en Taiwan y Hong Kong. El producto final es embalado por la Compañía D, distribuido por la Compañía E y vendido por la compañía F. Las Compañías G y H prestan dinero para el proyecto y ya han vendido los documentos de la deuda a otras tantas compañías. Las compañías I y J venden los aparatos a través de sus concesionarios-gimnasios y centros de salud. La Compañía K maneja todas la cuestiones legales, mientras la Compañía L se ocupa de la publicidad. La Compañía M es propietaria de la planta donde se arman los aparatos y la Compañía N es dueña de la maquinaria. Las compañías O y P han firmado contratos exclusivos para vender los aparatos en sus áreas de influencia, mientras la compañía Q ha adquirido los derechos para fabricar y vender el producto en Europa y suscribirá contratos con las compañías R, S, T y V para distribuirlo y venderlo allí. La Compañía W, entre tanto, lleva la contabilidad y maneja el dinero en efectivo, mientras las Compañías X, Y y Z tienen a su cargo el transporte, la comunicación y la logística. El personal de algunos de estos grupos recibe salarios directamente de Great American Corporation; otros participarán en las ganancias que genere el producto […]; otros más trabajan bajo contratos a largo plazo con la compañía, y perciben un honorario fijo por sus servicios.

¿Qué es entonces, la Great American Corporation? Es una combinación –semejante a una telaraña– de todos estos grupos, en la cual participan algunos inversores ajenos a la misma –los accionistas de Great American– quienes también percibirán una parte de las ganancias, y los coordinadores o intermediarios estratégicos de las oficinas centrales, que son quienes negocian todos esos contratos y arman los acuerdos (una destreza nada despreciable, por la cual recibirán una generosa retribución).

¿Exagerado? No creo. ¿Qué significa? Que la propiedad, el capital, es ya un elemento secundario, ajeno a la empresa, que se compra igual que se compran las máquinas, la materia prima y la mano de obra, es un coste (como tal a reducir) mientras que el funcionamiento real, las decisiones empresariales, están más que nunca en manos de los directivos de las empresas que forman la red, principalmente de los de la Great American Corporation, la transnacional base. Reich los llama coordinadores estratégicos, creo que sin embargo sigue siendo adecuado el nombre más tradicional de tecnoburocracia. Es ésta quien dirige la financiación, la producción, la comercialización, el conjunto de la actividad «empresarial»…

¿Consecuencias? Que la apropiación del excedente no se realiza ya vía beneficios del capital (coste a reducir) sino vía diferenciación salarial, a través de los altos salarios que se autofijan los directivos. Sigamos con Reich:

«Entre 1977 y 1990 los altos ejecutivos de las compañías americanas hicieron su agosto. Su remuneración promedio aumentó el 220%, o sea, cerca de un 12% anual (esto al margen de los normales beneficios empresarios: el automóvil y el avión de la compañía, la pertenencia a un club, los planes de propiedad, los análisis médicos y así sucesivamente). Hay que tener en cuenta que en 1960 […] el profesional ejecutivo de las principales compañías americanas ganaba aproximadamente 190.000 dólares anuales. Esta suma representaba casi 40 veces el salario medio de un operario de planta norteamericano. Desde luego, en 1960, cuando la tasa máxima de impuesto era del 90%, el sueldo real, en mano, de un director ejecutivo quedaba sustancialmente reducido, ya que él […] debía contentarse con ser sólo 12 veces más rico que sus trabajadores de planta. Pero hacia 1988, el principal director ejecutivo de una de las cien más importantes compañías americanas recibía, en promedio, 2.025.000 dólares anuales. Esto representaba 93 veces el salario pagado a un trabajador de producción de las mismas compañías. Además, como la tasa máxima de impuestos era del 28%, el ejecutivo recibía en mano casi 70 veces más que el operario de planta.

No es sólo en EE UU, lo datos son igual de significativos, y con diferencias crecientes, en prácticamente todas las realidades. En mi tesis doctoral los estudié para España y aunque con distintos datos (cierta menor diferencia) los fenómenos son los mismos.

No olvidemos que la forma de apropiación del excedente es lo que define a un modo de explotación. Aunque, sin embargo, estamos aún, desde luego, en el capitalismo. Todavía la fuente básica del excedente es el trabajo asalariado, sólo parcialmente y en el capitalismo de centro, sustituido por máquinas. De hecho estamos en dos dinámicas paralelas fruto de los intereses prioritarios de las dos clases dominantes: la burguesía monopolista insiste en el proceso de mundialización (aumento del proletariado al que se extrae plusvalía, aunque dejando países al margen) mientras que la tecnoburocracia insiste en el proceso de tecnificación (nuevas tecnologías, aunque disminuyan el proletariado). La econológica y la tecnológica…

Mas allá del mercado: el sistema de jerarquización de decisiones

Estamos aún en el capitalismo, tecnoburocrático, pero no estamos ya en una economía de mercado. Este nuevo dios también ha muerto. Estamos en un sistema económico de jerarquización de decisiones.

Como dicen todos los libros de texto de introducción a la economía, un sistema económico es, de hecho, cómo toman (y quién toma) las decisiones de qué, cómo y para quién se produce. Pues bien, hoy no toman estas decisiones ni el mercado ni el plan estatal, sino una jerarquía de poderes con las grandes empresas transnacionales en la cúspide, seguidas por los diferentes poderes a escala mundial (G-5, G-7, FMI, Trilateral, etc.), después vienen las integrales, y finalmente los monopolios de escala sólo nacional. Cada nivel con su propio plan y todos estos entrelazados y subordinados. Con la tecnoburocracia como coordinadora estratégica.

Es esto lo que aquí quería mostrar. La tecnoburocracia se ha formado con la apropiación del conocimiento moderno, dominándonos con él, y reduciéndolo a aquello que coincide con su propiedad. Como dice T. S. Elliot «¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información?

Publicado en Polémica, n.º 60, enero 1996

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