La burbuja financiera y la esquizofrenia social

Raúl GARCÍA-DURÁN

Lehman Brothers

Hoy, el capitalismo es básicamente financiero. Lo que se ha dado en llamar burbuja financiera consiste en el movimiento de un billón de dólares diarios, por dar una cantidad sólo y no entrar en detalles de maniobras concretas. De hecho tenemos que hablar de un cambio profundo en el funcionamiento del capital, ya no sólo según el esquema clásico D–M–D’, es decir, disposición de un dinero (D) con el que se compran materias primas, maquinaria y fuerza de trabajo para fabricar una mercancía (M) que después se venderá por más dinero del que ha costado producirla (D’), siendo la diferencia D’–D el beneficio del capital. Hoy este beneficio se obtiene en gran parte directamente de especular con el dinero mediante una serie de modernas técnicas financieras que han recibido el pomposo nombre de ingeniería financiera. Sería un esquema D–D’, con un efecto sumamente negativo para el conjunto de los ciudadanos: la disminución relativa de la producción de mercancías (bienes materiales y servicios).

No está claro aún si este cambio cualitativo es sólo efecto de la crisis, de la crisis profunda, estructural, de modelo social de acumulación, que se inició en 1973 y de la que aún no hemos salido por más que hayan pequeños auges coyunturales –siempre las crisis aumentan la especulación– o más bien se trata de un cambio ya de naturaleza, una característica básica del nuevo modelo social de acumulación que se está intentando construir. Veamos qué es lo que implicaría este segundo caso, más grave para los ciudadanos y el que parece contar con más posibilidades.

Tan grave es, que nos hace a los ciudadanos del primer mundo innecesarios, tanto en nuestro papel de productores como en el de consumidores. Evidentemente, siempre tendrá que existir una mínima producción de bienes y servicios, pero con las nuevas tecnologías cada vez seremos –estamos siendo ya– menos necesarios para producirlos. ¿Consecuencias? De momento la esquizofrenia social.

Estamos viviendo en una sociedad con la que todos estamos en contra, pero que aceptamos porque no vemos otra posibilidad; creemos que no podemos hacer nada contra ella. Porque ésta es precisamente la ideología que nos inculcan y porque se trata prácticamente de una sociedad virtual, regida por los discursos tecnocrático y publicitario: el primero nos hace soñar en un futuro que se presenta siempre mejor que el presente –de forma que podemos aceptar el estar hoy mal en la convicción de un hipotético estar bien mañana, competitividad– y el segundo nos permite consumir no ya la realidad, sino el mundo maravilloso del anuncio, de hecho cuando tenemos el producto ya no nos satisface y tenemos que buscar otro.

De este modo podemos soportar una «sociedad de consumo» en la que el consumo de unos pocos es suntuoso y, sin embargo, el consumo de la mayoría es forzosamente decreciente –aunque sus deseos de consumo sean crecientes–. Mañana…

Uno de los más eminentes dirigentes empresariales catalanes esbozaba en una entrevista un modelo de sociedad futura en que sólo trabajarían unos pocos –los gestores–, desde su casa y con una potente red de ordenadores que harían trabajar a las máquinas productivas, mientras que el resto de la gente se dedicaría «a divertirse y a culturizarse», evidentemente ­–aunque esto no lo decía– según lo diseñado por los que trabajan y producen esa diversión y esa cultura. Tampoco decía nada de los países del tercer mundo, que ya no cuentan ni en el análisis.

No es una sociedad futura, sino más bien la copia de una sociedad antigua: el imperio romano, con su Pax romana (OTAN), sus bárbaros (tercer mundo) y su pan y circo. El imperio romano duró siglos, pero acabó hundiéndose…

Y realmente esa burbuja financiera está llena de poros por los que se le escapa el aire:

  • El tercer mundo ¿Cuánto tiempo aguantarán los bárbaros sin invasiones, por más obstáculos que se les ponga, principalmente su debilitamiento interno (CIA, demonización del Islam…)?
  • El cuarto mundo. Por más esquizofrénicos que estemos, la cosa no cuela indefinidamente. Por más bien que hagan los anuncios publicitarios, nadie vive sólo de anuncios…
  • La necesidad de equilibrio ecológico. No es que corramos el peligro de destruir el planeta, es que ya lo estamos destruyendo…
  • La necesidad de control de la misma burbuja, tan hinchada que supera ya la política económica de cualquier Estado e incluso de los organismos supranacionales (G-7, BM, FMI, OMC, Trilateral, Foro Económico Mundial de las multinacionales…). Estas multinacionales preparan a toda prisa el Acuerdo Multinacional sobre Inversiones, según el cual los Estados nacionales quedan sometidos a la inversión extranjera, perdiendo su soberanía. Pero este tema tendrá que esperar a otro artículo.

De hecho, ¿puede subsistir largo tiempo una sociedad basada en la esquizofrenia? Sólo en la medida en que nosotros mismos nos anulemos como ciudadanos, es decir nos consideremos sólo seres individuales. La cura es relativamente fácil, basta con pensar en el otro como parte de nuestra individualidad, porque somos al mismo tiempo –aunque nos lo nieguen por todos los medios– seres individuales y sociales. Renunciar a una de las dos cosas es la parte interna de nuestra enfermedad.

Publicado en Polémica, n.º 66, junio de 1998

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