Barak Obama: el final de otro Mesías mediático

Bernat Muniesa

barack_obama_superman_electA Obama –la gran esperanza negra de los ingenuos vocacionales– ya solo le faltaba organizar una guerra para ser un presidente estadounidense más, imposible de diferenciar de cualquier otro. Ahora parece que está a punto de aprobar esa asignatura pendiente. Cuando llegó a la presidencia, muchos se preguntaron sobre lo que sería capaz de hacer y hasta dónde llegaría en el cumplimiento de sus promesas. Hoy, cuando está dispuesto a descender el último escalón de la infamia para ponerse a la altura de sus predecesores, es un buen momento para repasar aquellas incógnitas que se plantearon en su día.

1. ¿Cerrará Obama las chekas de tortura y crimen de Guantánamo y Abu Ghirab? Dice que sí, pero dentro de un año. ¡Ah! Dice también, Obama, que prohíbe las torturas y ya ha firmado un decreto? ¡Ah! Pero ¿no estaban prohibidas…? O sea que ¿se podía torturar…? Y si se torturaba ¿por qué no lo denunciaba él, Obama, cuando era senador por Illinois?

Y con los torturadores y sus jefes, ¿qué piensa hacer Obama?

¿Creará Obama un Tribunal Penal Internacional contra crímenes de guerra y genocidio o reactivará el que ya existe?

¿Obligará Obama a definirse a la señora Carla del Ponte, que tan activa se mostró contra el serbio Milosevic y tan silenciosa permanece ahora ante los crímenes judíos contra el pueblo palestino?

¿Declarará Obama a los Bush, senior y junior, criminales de guerra y genocidas contra la humanidad y los conducirá a un proceso jurídico?

¿Pedirá Obama disculpas al pueblo iraquí, a sus mujeres y sus niños, por el millón de muertos causado por la invasión armada comandadas por los jerifaltes que mandaban en Washington el clan Bush?

¿Procesará Obama a ese otro criminal de guerra llamado Rumsfeld? ¿O a su colega la señora Condolezza? ¿O a ese otro facineroso llamado Wolffit? ¿O a la camada de mamporreros intelectuales llamados genéricamente neocons, tan cristianos ellos…?

Y junto a los Bush, ¿denunciará Obama a quienes fueron sus lacayos, el británico Blair y el español Aznar (a quien Bush jr. llamaba «Ansar»)?

2. ¿Retirará Obama las tropas USA de Irak e indemnizará al pueblo iraquí con tres billones de dólares, por ejemplo, debido a los daños infraestructurales perpetrados? ¿Retirará Obama las tropas de ese pedregal que es Afganistán, pero por el cual debe pasar un oleoducto de las oligarquías energéticas yankees?

¿Desvelará Obama las connivencias y negocios mutuos de las familias Bush y Ben Laden? ¿Promoverá Obama abrir una investigación sobre la trama que inspiró la destrucción de las Torres Gemelas?

¿Dejará Obama de abastecer armamento, incluido el nuclear, a ese Estado artificial llamado Israel, a cuyos habitantes sólo les coyunda la religión?

¿Acusará Obama a los dirigentes de Israel, los Olmert, Netanyahu, Barak, etc. etc., de genocidas y criminales de guerra por el uso de armas prohibidas por las convenciones internacionales, como por ejemplo las bombas de fósforo blanco?

¿Obligará Obama a los judíos a aceptar las resoluciones de las Naciones Unidas y cumplirlas, retirándose de territorios usurpados?

¿Les dirá Obama que se han convertido, esos dirigentes sionistas, en excelentes discípulos de Adolf Hitler?

¿Reactivará Obama las Naciones Unidas con el espíritu pacifista con que fueron creadas por Franklyn D. Roosevelt?

¿Y si lo hace, Obama las democratizará, cancelando ese organismo monopolista llamado Consejo de Seguridad, que convierte en inoperante y grotesca a la Asamblea General, que deberla ser la instancia soberana?

3. ¿Devolverá Obama a la soberanía de Cuba el territorio usurpado de Guantánamo?

¿Colaborará Obama con el Gobierno mejicano para destruir el poder del narcotráfico?

¿Dejará Obama de sostener al oligarca colombiano Uribe, a sus cárteles narcotraficantes y a sus terroristas paramilitares que constituyen un foco de subversión antisocial y antidemocrático en América Latina?

¿Dejará Obama de entorpecer los procesos políticos y sociales que en Venezuela y Bolivia intentan acabar con las viejas oligarquías?

¿Pedirá un día Obama perdón al pueblo guatemalteco por haber derribado Washington a su presidente demócrata Jacobo Arbenz?

¿Acaso pedirá Obama disculpas a los pueblos centroamericanos por los crímenes de USA cometidos contra ellos directamente o a través de su apoyo a las oligarquías?

¿Cerrará Obama esos miles de bases militares, nucleares o no, con las que Washington ha convertido el planeta en un arsenal global?

¿Ordenará Obama el encarcelamiento preventivo y subsiguiente proceso de esos protagonistas de la gran estafa financiera universal que tras años de funcionar a explotado ahora?

¿No deberla, Obama, procesarlos y encerrarlos hasta que no devuelvan el dinero robado a los pueblos trabajadores del planeta?

¿Disolverá Obama esa infamia económica llamada Paraísos Fiscales?

4. ¿Fomentará Obama el cooperativismo, la autogestión, el confederalismo como conjunto de alternativas universales al capitalismo?

¿Deshará Obama esa trama mafiosa que constituye el verdadero poder en USA, ese núcleo del mal (que no eje) que un día el presidente Eisenhower denunciara como el complejo financiero-militar-industrial?

Parece, ese dossier que acabamos de exponer, demasiado barco para tan poco corsario. Y aunque ese corsario fuera más poderoso, lo cierto es que el dossier seguiría siendo «excesivo»… Y además, porque al fin y al cabo, Mr. Obama no es más que eso, un corsario. Y los corsarios, a quienes no debe confundirse con los piratas –nos recuerda el poeta Espronceda–, eran, en los mares y los océanos, los lacayos servidores de los poderes, de la Pancracia Real instalada en las tierras firmes, es decir, lacayos de las potencias políticas y militares de Occidente.

El Mesías Obama ha empezado mal. Pero eso no es sorprendente para aquellos ciudadanos que, con el viejo Proudhon, saben que la política no solventa nunca ningún problema, los reproduce, como máximo los matiza, cuando no decide crear otros nuevos… Porque precisamente de eso vive y se reproduce lo que mi amigo el poeta Jesús Lizano llama la Pancracia. Obama es una mercancía mediática, exótica, porque el hecho de ser de estética morena aumenta ese valor para los negocios mass media. Y los mass media difunden por doquier ese sofisma de que se va a recuperar el sueño americano, slogan ya repetido por el mismo Obama una y otra vez… Él, Obama, debiera recordar aquellas palabras de Norman Mailer, cuando al frente de la Marcha sobre Washington contra la Guerra de Vietnam, en 1966, al pie de el Capitolio dijo aquello de:

El sueño americano es simplemente una pesadilla organizada por los gángsters que gobiernan al servicio de las mafias económicas y con el soporte de esa clase media, consumista, conformista y mediocre que les delega cada cuatro años.

A todos esos profetas de la nada mediáticos, lacayos de sus señores, a ese El País que sigue siendo un Pravda, a esa La Vanguardia, sede periodística del lobby judío en Cataluña, desde donde una tal Rahola se permite insultar a quien discrepa de su sionismo, a ese mejunje que sigue siendo El periódico, a esa prensa neofranquista madrileña, es decir, La Razón (¿razón?), El Mundo (iqué mundo tan apestoso!), El Imparcial (¿imparcial?), ABC (deberían ir a la escuela primaria a aprender el abecedario)… A esas televisiones, llámense 3, 4, 2, 1, 7… etcétera, etcétera… Pues, para ellos aquello del poeta León Felipe: ¡Qué no nos vengan con cuentos!

Publicado en Polémica, n.º 95, 2009

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