¿Es posible el Comercio Justo en la actualidad?

Xavier LATORRE

El movimiento del comercio justo que apoyan diversas ONG como un instrumento para promover un intercambio más equitativo con los países del denominado tercer mundo, engloba en su seno visiones y enfoques muy distintos, unos que perjudican y otros que benefician a los habitantes de dichos países. Hoy en el sector del comercio justo nos encontramos tanto alguna transnacional con sede en EE UU como redes críticas que cuestionan el actual sistema económico. Interesa, por tanto estar lo mejor informados posible.

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El presente artículo pretende debatir sobre la promoción del Comercio Justo por parte de algunas ONG y empresas, a través de productos como el café, mermelada, artesanía, ropa, etc., producidos en el Sur, pero que gracias al sello del Comercio Justo pretenden tener una garantía de justicia hacia quienes los producen y constituir una alternativa al actual comercio internacional regido por las reglas del sistema capitalista.

Uno de los primeros rasgos del movimiento de Comercio Justo es la diversidad de visiones existentes, de ahí que ya en su interior podamos descubrir diferencias importantes sobre su enfoque como estrategia para modificar las reglas del comercio internacional.

Podemos ver que una ONG como Intermón Oxfam desarrolla una cadena de tiendas con productos de Comercio Justo y, por otra parte, defiende en su campaña internacional «Cambiar las reglas sobre el comercio, la globalización y la lucha contra la pobreza», los mismos supuestos de la Organización Mundial del Comercio y del Banco Mundial sobre los beneficios de los mercados liberalizados. Se defiende que el comercio puede constituir un poderoso instrumento para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Como expone Vandana Shiva de una manera crítica respecto a los contenidos de esta campaña:

[…] Se supone que el acceso a los mercados sea la porción mágica para sacar a los más pobres de la pobreza. Sin embargo, el acceso al mercado no es más que otra palabra para orientarlo hacia la exportación y a ser dominado por la exportación. El comercio es sobre todo una relación entre un país exportador y un país importador. Al basarse por entero en el acceso al mercado de los países ricos importadores, Oxfam oculta y hace invisible los costes económicos, sociales y ecológicos generados por las políticas agrarias obsesionadas por la exportación y dominadas por ésta en los países pobres del Tercer Mundo. Aunque el acceso al mercado sugiere que se llama a los países ricos a hacer un sacrificio, son los países pobres a los que se pide un auténtico sacrificio. El aumento de las exportaciones agrarias y el acceso al mercado implica también un aumento del consumo en los países en los que el consumo no sostenible ya está empujando los limitados recursos de la tierra más allá de su capacidad. ¿Cuántas camisas y jeans pueden usar los consumidores ricos, cuántas más judías verdes y fresas pueden comer? El informe de Oxfam no ve las implicaciones para el consumo no sostenible basado en el aumento de las exportaciones de los países pobres a los países ricos. Ignora el hecho de que en la agricultura el mayor consumo en los países ricos se basa en menos consumo para las necesidades básicas y, por lo tanto, en más pobreza en los países pobres. […]

Desde la visión de la red Vía Campesina se apuesta por otro paradigma que de prioridad a los principios de justicia, democracia, soberanía y sostenibilidad, denunciando las reglas deformes e injustas de la OMC y de los programas de liberalización del Banco Mundial y del FMI. Con este enfoque, Bengala Occidental aumentó su productividad agrícola y su crecimiento no a través de las exportaciones sino mediante reformas agrarias. Poner los recursos en manos de la gente, y garantizar a los pequeños productores el acceso a los mercados locales es la manera más segura, sostenible e inclusiva de eliminar la pobreza. Los pequeños productores necesitan acceso a los mercados locales que están siendo destruidos por los productos de las corporaciones globales a precios falsos, artificialmente baratos, subvencionados, que aprovechan las reglas de la liberalización de las importaciones.

No obstante, desde finales de abril del 2003 en las mesas de los 140 restaurantes de McDonald’s en Suiza, se puede encontrar un pequeño letrero que dice:

«El partenariado con Max Havelaar le permite, con cada café AROMA que usted deguste, aportar su contribución a un comercio más justo y al porvenir de los países en vías de desarrollo»

Procter & Gamble (P & G) la mayor compañía de café de USA Y una de las cuatro que controlan el mercado mundial, suministra café certificado de Comercio Justo a 15.000 supermercados de USA.

El Banco Mundial se adhirió a la campaña mundial en favor de los productores de café del Sur en desarrollo, al alentar el pago de un precio justo por el grano y su cultivo ambientalmente sustentable. Llamó al establecimiento de políticas y criterios más estrictos para etiquetar o certificar café como «orgánico», de «comercio justo», «shade grown» («cultivado a la sombra», o con métodos que no dañan el ambiente) o «sustentable».

La posibilidad de legitimar la entrada de las transnacionales al sector del comercio justo está siendo posible a través de algunas ONG que plantean que para hacer crecer el comercio justo es necesario crear un sello tipo FairTrade Labelling Organisations International (FLO-International), que es una certificadora y comercial de comercio justo que ha validado que determinados productos de McDonal’s y de P&G cumplen las condiciones de productos de comercio justo.

Esto es posible ya que un sello tipo FLO tiene el objetivo de ofrecer algunos productos a todo tipo de empresas garantizando fundamentalmente dos criterios estrictamente monetarios:

  • Un precio «justo»
  • Financiación, al menos en parte, anticipada

A ello se añaden unos criterios de mínimos: no trabajo infantil, respeto al medio ambiente, intentar favorecer a pequeños campesinos, a cooperativas…

Para FLO el precio justo se crea añadiendo un sobreprecio al precio mundial del producto en cuestión. El precio así creado ¿se puede considerar un precio que garantiza una vida digna al productor? ¿Pueden existir precios mundiales que sean justos? Desde el análisis de las organizaciones campesinas e indígenas agrupadas en Vía Campesina, a partir de sus experiencias cotidianas, tienen claro que los precios mundiales de los productos agrícolas nada tienen que ver con los costes reales de los campesinos. Los precios internacionales reflejan una situación de desigualdad fruto de una larga historia de explotación.

Además este tipo de certificaciones sólo tienen en cuenta si los productos cumplen unos determinados requisitos «justos» en el ámbito de los productores del sur. La visión del comercio justo centrada exclusivamente en las condiciones de los productores del sur desprecia el trabajo de los otros sectores económicos que intervienen en la cadena comercial: transportistas, transformadores, importadores, exportadores, poderes públicos, organizaciones sindicales, distribuidoras, etc. ¿No hay que exigir justicia para todos los trabajadores implicados tanto en el norte como en el sur? ¿No es esta visión paternalista hacia el sur e interesada para no cuestionar la lucha por el comercio justo también entre los agentes económicos del norte?

Pero no todas las organizaciones y colectivos identificados con el movimiento de Comercio Justo comparten estas visiones de convertir el comercio justo en un nuevo negocio para los de siempre o en un ocultamiento de la imposibilidad de hablar de comercio justo mientras impera la lógica capitalista en las relaciones internacionales.

Desde la Xarxa de Consum Solidari o el Colectivo de Solidaridad de Barcelona con la Rebelión Zapatista, u otras entidades que desarrollan un comercio justo se han desmarcado de estos posicionamientos y están colaborando con redes críticas tipo Vía Campesina o por la promoción de iniciativas de autogestión de consumo y producción que no pasan por la lógica capitalista.

Uno de los problemas que puede ocurrir en este movimiento es la dificultad de comunicar las diferencias existentes en el mismo y las propuestas de transformación social que se están dando a través de una red de colaboración entre organizaciones del sur y del norte críticas y que puedan ser absorbidas por la marca Comercio Justo controladas por las grandes ONG y transnacionales.

Pienso que para evitar esta posible desactivación de los sectores críticos de este movimiento se debe continuar reforzando sus alianzas tanto con organizaciones del sur como del norte que están trabajando por otros modelos de autogestión en la producción y en el consumo. Plantear el enfoque del comercio justo como una herramienta más que posibilita el reforzamiento de una amplia red de colectivos que a pequeña escala están intentando construir otras relaciones económicas y sociales. Cultivar un espíritu crítico acerca de las contradicciones y limitaciones de la práctica del comercio justo. No crear una dependencia de las organizaciones productoras del sur a través del acceso del mercado del norte vía el comercio justo. No generar unas expectativas falsas a los consumidores del norte «concienciados», creyendo que con la compra de productos del comercio justo se va a solucionar las injustas relaciones internacionales en el ámbito del comercio, y mucho menos, que sea una alternativa para garantizar un desarrollo sostenible en las poblaciones del sur.

Desde nuestra capacidad de transformar nuestra sociedad, el movimiento crítico del Comercio Justo, nos anima a participar en una red amplia de personas, colectivos y organizaciones que ya están trabajando a partir de un cuestionamiento de nuestra sociedad del consumo y de las relaciones de producción capitalistas, por otros modelos basados en la simplicidad voluntaria, en las redes de intercambio, en la participación en cooperativas de consumo agroecológico, campañas de boicot…

Publicado en Polémica, n.º 84, abril 2005

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