El 19 de julio de 1936 en África

Francisco DIREITIÑO

Moorish Soldiers in Madrid¿Cómo podemos referirnos, los que por allá vivíamos, a la efemérides del 19 de julio, en la risueña y blanca ciudad del Estrecho –donde Hércules aportó con ensoñaciones y desvelos una obra grande que, al no cristalizarla, tomó refugio en las famosas grutas que hoy llevan su nombre– amaneció inquieta, nerviosa, aunque diáfanamente desnuda de su espíritu españolista? Los bulos de los primeros instantes se transformaban rápidamente de rumores en realidades.

Vientos de desolación y de muerte barrían las ciudades de soberanía. Ceuta y Melilla conocían por igual el espíritu que animaba a las hordas salvajes… y esto el 18 de julio… Los siguientes y primeros días del levantamiento, nos traían nuevos alientos.

El Instituto Hidrográfico flotante asumía las funciones de base. No perdía su contacto con Madrid. Recibía y transmitía órdenes. Uno por uno, iba llegando la flota. Sánchez Barcaiztegui, Libertad, Miguel de Cervantes y otro y otro, iban formando conjunto. Los españoles y cuantos extranjeros antifascistas y revolucionarios por educación y temperamento vivíamos allí, respirábamos a pleno pulmón. La presencia de estas fuerzas nos daban calor y cariño.

Pero un día, por la punta del cabo Espartel, asoma una mole negra acosada por unos aviones. El Jaime I llegaba a la entrada del puerto, burlando los ataques de la aviación enemiga. Y, allí mismo, en aguas de jurisdicción internacional, el pájaro extranjero soltó su metralla, que levantó a pocos metros de la proa del Jaime I una densa columna de agua.

Campo de Gibraltar, punto neurálgico del fascismo

Cuantos elementos venían de Marruecos, centro perpetuo de conspiración, nos hablaban de la provocación de los militares. Así, unos días, hasta que el 17 por la tarde estalló el primer chispazo. Una bandera del Tercio destacada en Xauen tuvo fiesta, previa la indicación de que hicieran cuanto en gana les viniera, y que viviera preparada para entrar en acción, dando rienda suelta a sus instintos asesinos.

El proletariado y el pueblo liberal de Melilla se percató rápidamente de la tragedia que se cernía sobre la plaza y se aprestó a la defensa; más todo fue inútil: el fascismo había de triunfar, puesto que había lanzado a la calle a la Legión con facultades excepcionales.

El primer ensayo lo culminaban victoriosamente con la más brutal caza del hombre.

Detrás de Melilla, Ceuta.

Aquí ya fue más fácil y más decisivo el atropello. En el Hacho había muchos camaradas presos, que lo fueron con vista a este acontecimiento. En la calle quedaban otros, comentando la insolencia fascista, cuando una compañía de infantería llegó a la Telefónica y se hizo cargo de las comunicaciones, frente a la parsimonia de los políticos.

El día 18 de julio, por la mañana, tuvimos conocimiento en Algeciras de los hechos de Melilla y Ceuta. Ya nada había que esperar, sino obrar rápidamente. Sabiendo la suerte que nos tocaba, movilizamos los resortes revolucionarios de que disponíamos en el campo de Gibraltar. Durante aquella mañana nos constituimos en reunión permanente los militantes libertarios, a la espera de los hechos que no tardaron en producirse. Así las cosas, llegamos a las cuatro de la tarde, hora en la que, por nuestra presión, el comandante Gutiérrez sostuvo con el coronel jefe militar de las fuerzas de la guarnición el siguiente diálogo por teléfono:

—Ruego a V.S. me entregue el mando de las fuerzas, para evitar que el fascismo triunfe en el campo de Gibraltar.

A lo que el coronel contestó:

—Nuestro deber es ayudar al fascio, salvador de España y de la raza, y le conmino a ponerse a mis órdenes.

Inmediatamente el comandante Gutiérrez envió al capitán de la Guardia Civil y dos parejas del mismo instituto, reaccionario por excelencia, para que detuvieran al coronel. Cuando aquéllos llegaron a Capitanía se pusieron de parte del coronel faccioso e inmediatamente soldados mandados por oficiales monárquicos se dedicaron a implantar el estado de guerra en Algeciras. Al día siguiente, domingo, 19, bien temprano, desembarcaron 2.800 mercenarios marroquíes que a los gritos de iViva el Fascio!, fueron conducidos a Sevilla, Jerez, Cádiz y otros puntos de Andalucía.

Hacía tres días que la facción asestó a las libertades del pueblo su criminal golpe de mano, cuando un camión de moros procedente de Algeciras, llegó a las puertas de La Línea. En ellas les esperaban nuestros camaradas con algunos fusiles y pistolas, abriendo fuego contra él al ver que no hacían caso del alto que los nuestros les dieron. Resultó herido el teniente coronel y algunos de su séquito, yendo a parar el vehículo a la cuneta. A partir de ese momento, empezaron las operaciones de envergadura: acudieron importantes fuerzas que se establecieron en las cercanías de La Línea e intentaron tomarla por asalto. Los facciosos se hicieron ayudar para su entrada en La Línea de moros, fuerzas del Tercio y del cañonero Dato, que abrió fuego sobre la entrada de La Línea. Pese a ello, la resistencia no cejaba, y en ella colaboraban mujeres, ancianos, hasta el extremo de que moros y falangistas evitaban transitar de noche temerosos de frecuentes emboscadas. A medida que aumentaban las fuerzas invasoras, los antifascistas buscaron refugio en la sierra para continuar hostigándoles y buscar contacto con las columnas de voluntarios que en ellas había.

Publicado en Polémica, n.º 22-25, julio 1986

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