Los escritores simbolistas y el anarquismo

Thierry MARICOURT

Coin de table, retrato de los simbolistas

Coin de table, retrato de los simbolistas

A partir de 1880, después de la amnistía de los miembros de la Comuna todavía en el exilio o la deportación, el movimiento libertario, hasta entonces informal, comienza a estructurarse. Teóricos confían al público sus reflexiones. Se publican revistas. La propaganda es masiva y nadie puede ignorarla. Los llamamientos a la rebelión son diarios y van dirigidos a todas las categorías sociales explotadas por la burguesía. Así es como Pedro Kropotkin, en 1881, exhorta «a los jóvenes» y, entre ellos, los artistas, a sumarse a la revolución social en marcha.

«Si realmente vuestro corazón late al unísono con el de la humanidad, si en auténtico poeta, tenéis un oído para escuchar la vida, entonces, en presencia de ese mar de sufrimientos cuyo flujo ascendente os rodea […] no podéis permanecer neutrales; os colocaréis aliados de los oprimidos, porque sabéis que lo bello, lo sublime, la vida en una palabra, está aliado con los que luchan por la inteligencia, por la humanidad, por la justicia».1

El llamamiento no podía dejar de ser escuchado, y llegaba después de un período durante el cual «el arte por el arte» había tenido la supremacía. Además, no hay que olvidar que la derrota de la Comuna había sido saludada casi unánimemente por los literatos. Felizmente, poco a poco, los artistas adquirieron conciencia de su papel en el seno de la sociedad, de su responsabilidad. La escuela naturalista ya había destacado la tarea que le incumbía al artista. Este debía contribuir a mejorar la suerte de la humanidad revelando los mecanismos de la vida social.

En 1887, a raíz de complicaciones con la justicia, el periódico Le Révolté se convirtió en La Révolte. A partir del número 10 (19-25 de noviembre de 1887), y hasta que la Révolte deje de ser publicado (marzo de 1894), el director, Jean Grave, decidió publicar un suplemento literario. Se trata de demostrar que la mayoría de los escritores han encomiado, en un momento de su vida, ideas libertarias. Se publican extractos de sus obras aliado de textos inéditos.

A pesar de ciertas dificultades con Emilio Zola, que representaba a la Sociedad de Autores y que exigía el pago de los artículos publicados, Grave se ganó la simpatía de muchos escritores. Aurélien Scholl, Séverine, Mirbeau… defendieron al animador de La Révolte. La Société mourante et l’anarchie,2 que Jean Grave publicó en 1893, lleva un prefacio amistoso de Mirbeau.

Estos esfuerzos de los libertarios en dirección del arte, y de la literatura en particular, predispuso a los autores a acoger favorablemente las teorías anarquistas. Como señala Jean Grave, «a partir de 1890, las publicaciones semi literarias como L’Echo de Paris, Le journal, incluso algunas veces L’Eclair, estaban llenas de artículos revolucionarios. Mirbeau, Séverine, Ajalbert, Bernard Lazare, Descaves, Geffroy, Arsene Alexandre, escribían artículos puramente anarquistas. Nuestro suplemento no corría el menor riesgo de quedarse sin trabajo».3

Los escritores parecen descubrir repentinamente las teorías anarquistas. Desde entonces dedicarán muchos artículos en defensa de los libertarios confrontados a la justicia, y, sobre todo, publicando revistas donde se desarrollarán las tesis antiautoritarias. Este interés de los escritores por la causa anarquista no constituye realmente una sorpresa. «La aspiración anarquista a una libertad ilimitada permite al poeta profundizar su acción subversiva»,4 anota André Reszler. Las discusiones relativas al verso libre, a las cuales se lanza Adolphe Retté, son un signo de esta búsqueda de la «libertad absoluta». El ideal libertario daba a pensar, aunque no fuera así, que se podía alcanzar.

Pronto, y mientras que el teatro de Ibsen hace su aparición en Francia, varias revistas toman el relevo de La Révolte en la propagación de ciertos temas anarquistas. No serán publicaciones específicamente políticas, incluso darán prioridad al campo artístico, pero, sin embargo, divulgarán las tesis libertarias.

Se crea una nueva estética, expresión de ese estado de espíritu individualista y anarquizante a la vez, que encuentra en el simbolismo su expresión privilegiada. El simbolismo, nacido como reacción al formalismo estrecho de los poetas parnasianos, es la expresión más directa del individualismo en el arte.5

Los escritores simbolistas resentirán como ataques a su actividad todas las coacciones derivadas de las estructuras sociales (gobierno, o más sencillamente instituciones). Tendrán tendencia, pues, a afirmarse como anarquistas, desconociendo totalmente, algunas veces, las doctrinas antiautoritarias. Pero esta rebeldía contra el orden establecido les dará la impresión de emanciparse de sus predecesores, de hacer obra de precursores. Sus múltiples cambios pueden deberse a desilusiones.

En 1883, Félix Fénéon funda La Revue indépendante.

El primer número de La Plume, una «revista de literatura, de crítica y de arte independiente», se publica en 1889, bajo la dirección de Léon Deschamps. No pretende imponer una estética o una ideología, apunta Pierre Aubéry. Lo que pretendía era reflejar el hervidero de ideas y de tendencias que agitaba a la juventud.6

Sus colaboradores eran Laurent Tailhade, Adolphe Retté, y también Maurice Barres, Paul Verlaine, Maurice Maeterlinck, León Stuart, Bloy Merril –el cual especificó «la actitud decididamente libertaria de los poetas simbolistas»–.7 La Plume se interesará más especialmente por el anarquismo a partir de 1893. Dedicará a ello un número en mayo de 1893. Señalaremos que es en un banquete organizado por esta revista donde Tailhade («poeta satírico y decadente más bien que propiamente simbolista»,8 cuando se encontraba en compañía de Verlaine, de Mallarmé, de Zola, declaró «Qué importan las víctimas si la acción es bella…», cuando Paul Brulat, para Le Journal, le preguntó lo que pensaba del atentado de Vaillant en la Cámara de Diputados. Los comentarios prorrumpieron destacando la ironía de esta declaración cuando meses más tarde Laurent Tailhade perdió un ojo en un nuevo atentado.

El Mercure de France fue fundado en 1890 por Rémy de Gourmont, con la colaboración de Pierre Quillard, Alfred Villette… que «no disimulan sus simpatías libertarias».9 Sous-Offs de Lucien Descaves y Biribi de Georges Darien son calurosamente acogidos desde su aparición. Rémy de Gourmont publica por otra parte un texto antipatriótico que no pasará inadvertido: Le Joujou patriotisme. Pierre Quillard redacta un elogio de Ravachol en septiembre de 1892.

Los Entretiens politiques et littéraires, revista fundada por Paul Adam y Francis Viélé-Griffin, es animada por Henry Fevre, Henri de Régnier… Se publica desde 1890. Bernard-Lazare se encarga de la dirección política. Más tarde será conocido por su apoyo al capitán Dreyfus. La firma de Eliseo Reclus figurará en esta revista, que también publica textos de Bakunin, Stirner… Entre otros colaboradores se pueden citar Paul Valéry y Stéphane Mallarmé. En julio de 1892, Paul Adam, como Pierre Quillard unos meses más tarde en el Mercure de France, dedica a Ravachol un artículo elogioso. «¡En este tiempo de cinismo y de ironía, un santo ha nacido entre nosotros!»,10 escribe. Los «Entretiens politiques et littéraires», recuerda Jean Grave, «hacia el final eran totalmente revolucionarios».11

L’En dehors, publicación animada por Zo d’Axa,12 se publica a partir de mayo de 1891. Prestigiosos autores escriben en ella: Emile Verhaeren, Lucien Descaves, Charles Malato, Félix Fénéon, Saint-Pol Roux, Mirbeau, Victor Barrucand, Tristan Bernard, Paul Adam, Jean Ajalbert, que fue el abogado de Vaillant, y otros.

Lo cierto es que esta revista es hasta tal punto nihilista que «va más allá de la anarquía, no obstante defiende de ella las ideas y los hombres»,13 reconoce Jean Maitron, sumándose a la opinión de Jean Grave, quien se preguntaba si su director, Zo d’Axa, no era más monárquico que anarquista… Octave Mirbeau defenderá a Ravachol en La Révolte en mayo de 1892, pero sin embargo se negará poco después a reincidir en defensa de Emile Henry.

En marzo de 1892 Camille Mauclair expresa en I’En dehors su visión del anarquismo:

Teóricos de lo bello, abnegados por nuestra íntima pasión a la coordinación de los elementos estéticos dispersos en el mundo, nosotros extraemos de este propio amor, tan exclusivo y altivo, ideas puras, el sentimiento de una anarquía. […] Poetas, dramaturgos, novelistas, profundizando y heroizando al individuo, somos los obreros constantes y los firmes progresistas de la anarquía.14

Después de haber dejado de colaborar en L’En dehors, Danen editará L’Escaramuche (de diciembre de 1893 a marzo de 1894), publicación muy próxima a las teorías anarquistas.

En 1891, los hermanos Natanson publican La Revue Blanche. Sus columnas acogen estudios de Henry-David Thoreau, Bakunin, Tolstoi, Paul RobinRémy de Gourmont publicará en esta revista la relación que el columbra entre el simbolismo y el anarquismo:

«El simbolismo se traduce literalmente por la palabra libertad y para los violentos por la palabra anarquía».15

En L’Ermitage, en julio de 1893, a la pregunta: «Cuál es la mejor condición del bien social: una organización espontánea y libre o bien una organización disciplinada y metódica?», una mayoría de artistas de menos de treinta y cinco años se declara favorable a la primera posibilidad. Y muchos de ellos por el anarquismo.

La Revue anarchiste, bajo la dirección de Charles Chatel y A. Ibel, sucede a L’En dehors, en agosto de 1893, cuando la represión obliga a desaparecer la publicación de Zo d’Axa. En diciembre de 1893 es a su vez víctima de la represión, la Revue libertaire toma el relevo, hasta que las Iois scélerates («leyes malvadas») sean votadas (1894). También en esta revista las acciones de los anarquistas individualistas son incensadas. En el número 5 (febrero-marzo 1894), Lucien Penjean admira la conducta de Vaillant (guillotinado el 5 de febrero de 1894).

Bajo la dirección de Ibel y de Mécislas Goldberg, aparecen seguidamente algunos números del Courrier Social.

En pos de una dimensión estética nueva, la atracción de los escritores simbolistas por el anarquismo será de corta duración. El presunto anarquismo desarrollado en sus revistas (con excepción quizá, de L’En dehors y de revistas más específicamente libertarias que literarias) tenía muy poca cosa en común con la práctica habitual de los militantes. En el Mercure de France, en septiembre de 1897, Rémy de Gourmont se sublevará contra estos últimos. A partir de 1892, en un artículo de Entretiens Politiques et Littéraires ya había declarado que «la anarquía, en la medida en que permite el libre desarrollo de la personalidad de los individuos, conduce al reconocimiento implícito de la dominación de los más fuertes sobre los demás. La anarquía quedará reservada para los que nacieron para poder vivir sin leyes; para los otros, el despotismo es necesario, ya que, sin inteligencia, el hombre muerde».16

Camille Mauclair, autor de un libro titulado Le Soleil des morts,17 desde 1893 guardará sus distancias con los militantes libertarios escribiendo que «la anarquía no se encuentra en la búsqueda de una organización económica, sino en un nuevo estado del individuo.18 Era confesar que bajo una misma palabra se afrontaban dos conceptos diferentes. El de los simbolistas, de orden estético, era inconciliable con el concepto de orden político y social de los militantes.

«La obra, si se relee hoy día, parece más atenta a encontrar circunstancias atenuantes a los generosos entusiasmos libertarios de la juventud del autor, que a presentar un testimonio objetivo y completo de la atmósfera de la época».19 También narra sus recuerdos de escritor en Servitudes et grandeur littéraires,20 publicado en 1922.

Nos está permitido, pues, interrogarnos sobre el significado real del «compromiso» político de los escritores simbolistas. Sus textos y su actitud están impregnados las más de las veces de una profunda confusión.

«Para estos literatos ¿qué era en el fondo el anarquismo? Desde el punto de vista de la doctrina, hablando con propiedad, ésta quedaba resumida a muy poca cosa. Son muy raros los que han leído realmente textos anarquistas. En su mayoría confiesan su incompetencia en materia de «sociología». Obligados a pronunciarse directamente sobre el movimiento libertario, en su mayoría se salieron por la tangente. Sería muy fácil enunciar citas o referencias en tal sentido».21

La represión se encargará de convencer a los escritores simbolistas de seguir una doctrina más moderada. Se prohíben revistas y sus redactores son perseguidos. L’En dehors es objeto de varios procesos, hasta el punto que en 1892 Zo d’Axa se refugia en Londres después de confiar la dirección de la publicación a Félix Fénéon. En 1895 publica como folletín en La Renaissance una novela autobiográfica: De Mazas a Jerusalem,22 y editará a partir de 1897 y «en cualquier ocasión» un nuevo periódico: La Feuille.

El mensaje represivo es bien claro, y al transcurrir de los días unos y otros se apartan del anarquismo. Mientras que Lucien Penjean aclama a Vaillant en La Revue Libertaire, se oyen voces discordantes. Un mes antes, en La Plume, Léon Deschamps se desolidarizaba ya de los «propagandistas por la acción».23 Y, antes que él, Paul Adam había publicado en La Revue Blanche, en mayo de 1893, una «Crítica del socialismo y de la anarquía». «La anarquía no puede defenderse integralmente –afirmaba–. Todo lo más da una graciosa y conmovedora idea estética».24 Paul Adam, el «genio confuso, lleno de las más nobles ambiciones,25 como será definido por un universitario, abandonará definitivamente el movimiento anarquista. Convertido en «hombre de bien»26 y ultranacionalista, fallecerá en 1920. En la inauguración de su estatua, el general Weygand, en nombre del ejército francés le tributará un homenaje.27

Adolphe Retté abrazará la religión católica. Victor Barrucand será periodista y no volverá a mezclarse con el movimiento libertario.28 Y Francis Viélé-Griffin afirmará que desconoce la doctrina anarquista…

En cambio, Félix Fénéon no renegará sus ideas. Después de haber sido juzgado (y absuelto) en el «Proceso de los treinta», en agosto de 1894, y después que Mallarmé hubiera testimoniado en su favor, asumirá la dirección de L’En dehors hasta 1895, y a continuación es secretario de La Revue Blanche hasta 1903. Después de su muerte (1944) Jean Paulhan editó, en 1948, varios de sus ensayos.

Más tarde, cuando estas publicaciones habrán desaparecido, escritores darán sus artículos al Pere Peinard, que anima Emile Pouget, en el cual el tono era francamente guasón, y a Temps Nouveaux que dirigía Jean Grave, el infatigable. Pero ya no volverá a verse una jovialidad comparable a la de los escritores simbolistas. La prensa libertaria será un refugio, más que una tribuna permanente de expresión.

El acercamiento entre los escritores simbolistas y el movimiento libertario habrá sido, pues, de corta duración. Si en sus revistas abordaron los temas anarquistas, estos quedaron, a pesar de todo, en un prudente aislamiento frente a la acción militante. Para ellos no se planteó jamás el abandono de su estatuto intelectual. Su «anarquismo» se fundamentaba en un equívoco y desdeñaba los problemas económicos, políticos y sociales, que debían ser resueltos antes de elaborar una sociedad libertaria. Pero está claro que su preocupación no estaba centrada en este proyecto. La lucha de los militantes para construir esa sociedad llena de «armonía» no podía ser la suya. Lo que ellos denominaban «anarquismo», los escritores simbolistas no pretendían ponerlo en práctica. Su andadura era esencialmente intelectual, estética, condenada, como escribía Camille Mauclair, a un titubeo en dirección a la belleza abstracta. En el fondo, los simbolistas sondearon el trabajo que sus predecesores habían realizado. Intentaron multiplicar las exigencias del arte, de renovar su definición. El anarquismo, tal y como ellos lo concebían, carecía de todo carácter político. Sólo era un elemento de aproximación hacia el arte, una herramienta. Era un objetivo en sí cuando podía ser asimilado a la «belleza», a la «armonía», en una palabra: al arte. Pero aplicado a la vida cotidiana, los simbolistas se alejaron de él. Su existencia no era de las más desgraciadas. Las exigencias de los militantes les interesaban, pues, muy poco, cuando no les repelían.

NOTAS

  1. Pedro Kropotkin. A los jóvenes, folleto, 1981; incluido en Palabras de un rebelde, 1885.
  2. Jean Grave. La Société mourante et l’anarchie, Ed. Tresse et Stock. 1893.
  3. Jean Grave. Le Mouvement libertaire sous la III République. Ed. Les Oeuvres representatives. 1930.
  4. André Reszler. L ‘Esthétique anarchiste. Ed. PUF. 1973.
  5. Gaetano Manfredonia. L ‘Individualisme anarchiste en France (1880-1914). memoria de DEA, 1984.
  6. Pierre Aubéry. «L’Anarchisme des littérateurs au temps du symbolisme», en Pour une lecture ouvriere de la littérature, Les éditions syndicalistes, 1969.
  7. Stuart Merril, Oeuvres posthumes, Ed. Messein. 1935.
  8. Pierre Aubéry. Pour une lecture ouvriere, op. cit.
  9. Gaetano Manfredonia. L’Individualisme anarchiste…. op. cit.
  10. Paul Adam. en «Les Entretiens poli tiques et littéraires», nº 28, julio 1892.
  11. Jean Grave. Le Mouvement libertaire…, op. cit.
  12. Zo d’Axa (1864-1930) llevó una vida tumultuosa. De familia burguesa, fue primero militar, luego abandonó la carrera de las armas y se consagró a la causa revolucionaria. Su huida no fue apreciada por los jueces. Purgó varias penas de prisión (cf. chapo «Autobiographies…»).
  13. Jean Maitron. Le Mouvement anarchiste en France. tomo l. Ed. Maspero. 1975.
  14. Camille Mauclair. «Une anarchie», en L’En dehors nº 46. 20 de marzo de 1892.
  15. Rémy de Gourmont. «Le Symbolisme», en La Revue blanche nº 9. junio de 1892.
  16. Rémy de Gourmont. «L’Idéalisme», en Les Entretiens politiques et littéraires, 25 de abril de 1892.
  17. Camille Mauclair. Le Soleil des morts, Kropotkin. 1979.
  18. Camille Mauclair. «Esquisse d’un état d ·espril», en La Revue Blanche, nº 4-5. octubre de 1893.
  19. Pierre Aubéry. Pour une lectura ouvriere…, op. cit.
  20. Camille Mauclair. Servitudes et grandeur httéraires. Ed. Ollendorf. 1922.
  21. Gaetano Manfredonia. L’Individualisme anarchiste..., op. cit.
  22. Zo’dAxa. De Mazas it Jérusalem, Ed. Chamuel, 1895.
  23. Léon Deschamps. «L’Anarchie», en La Plume nº 113, enero de 1894.
  24. Paul Adam. «Critique du socialisme et de I’anarchie», en La Revue blanche, mayo de 1893.
  25. Fortunat Strowski. Tableau de la littérature française au XIXe siécle, Ed. Librairie classique Delaplane, 1924.
  26. Paul Adam, sin embargo, escribirá: «El socialismo sólo triunfará de sus antagonistas si ayuda a la anarquía federalista, y entiendo esta palabra de anarquía en su propio sentido etimológico: es decir, la disminución o la desaparición de la autoridad central excesiva, autoridad conquistada primero por nuestros reyes en detrimento de los feudatarios con la colaboración de las comunas, consolidada por la Convención y el despotismo imperial que pasó casi totalmente en la política del oportunismo republicano y del radicalismo» (La Morale de la France. Ed. Maurice Bauche, 1908). Pero Paul Adam estará muy lejos de las ideas libertarias.
  27. Henri Arvon. L’Anarchisme au XXe siécle. Ed. PUF. 1979.
  28. André Salmon escribe: «Convertido en periodista argelino, adicto al indígena, Victor Barrucand olvidaría la anarquía en la devoción al caprichoso escritor francés que fue la eslava Isabelle Ehberhardt, cuya propia anarquía, nativa, se perdió entre los fuertes brazos de un bello krumir, suboficial de espahíes» (La Terreur noire. Ed. J.-J. Pauvert, 1959).

Thierry Maricourt es cronista literario y librero. Autor de varios libros: Délit de vie, Advienne que jouera (ambos de poesía), Chronique d’une insoumission (ensayo) y Historie de la Iittérature Iibertaire en France, Albin Michel, París, 1990, del cual hemos extraído el capítulo aquí publicado, También ha reeditado algunos de los autores que estudia en su último libro: Henry Poulaille, Octave Mirbeau, Laurent Tailhade.

Traducción y notas de Antonio Téllez

Publicado en Polémica, n.º 46, octubre 1991

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