Horacio M. Prieto. Una gran figura de la CNT y del anarquismo

Manuel CHIAPUSO

Horacio Martínez Prieto, quien fuera secretario del Comité Nacional de la CNT en 1936 murió en 1985. Por este motivo, ese mismo año, Polémica publicó un pequeño dossier sobre este controvertido personaje de la historia de la CNT. Joan Bernat, Lorenzo Iñigo, Manuel Chiapuso y José Peirats analizan en él, desde diferentes ópticas, su actuación, el momento que le tocó vivir y las crisis a las que se enfrentó el Movimiento Libertario durante el largo periodo del franquismo. A lo largo de los próximos días iremos publicando en el Blog estos artículos, junto con una carta –que se publicó en Polémica por primera vez– que el propio Horacio envió a la CNT con fecha 8 de septiembre de 1965. 

Horacio Martínez Prieto

Horacio Martínez Prieto

Hombre de decisión. Polemista de grandes recursos. Dicción fácil. Articulista teórico y combativo. Agudo en analizar el momento político y las virtudes y flaquezas del Movimiento Libertario. Dolorido por la evolución lenta de la sociedad y por la incomprensión y reacciones de sus propios compañeros ante sus fórmulas de renovación honda de la CNT y del anarquismo, Horacio se había retirado de toda actividad pública. Pasó sus últimos años haciendo vida de anacoreta sin recibir apenas visitas.

Bilbaíno de cuna y de corazón, ya a los catorce años entró en la lucha social. Los requetés de Bolueta le salvaron de ser lapidado por los nacionalistas. Todo por vender la prensa anarquista. Conoció las infamantes conducciones por carretera. Una de ellas le llevó desde Bilbao a Andalucía. Su universidad fue la cárcel. Y su primer exilio, a causa del golpe de Estado del general Primo de Rivera, en 1923. Intervino en los conocidos hechos de Vera del Bidasoa en 1924 contra la dictadura. Vuelto a casa, siguió su línea de combate y de propaganda. Invitados por el Partido Comunista, él y el director de Tierra Vasca viajaron a Rusia, donde fueron objeto de las mayores atenciones. A su vuelta, en un folleto describió sus impresiones poco favorables al sistema soviético. Después del movimiento revolucionario de la CNT, en 1933, considerado por él como inoportuno, reemplazó al navarro Yoldi en la secretaría general de la CNT, con más de 1.300.000 cotizantes. Grandes figuras del anarcosindicalismo se enfrentaron en importantes debates, pero el elemento dominante, por su sentido político y su conocimiento orgánico, fue Horacio Martínez Prieto (HMP). Era secretario general cuando se inició el Congreso y fue reelegido por votación de las Federaciones Locales –método iniciado entonces en la CNT– en plena guerra civil y cuando ya los sublevados estaban a las puertas de Madrid. Conviene detenerse unos instantes en reflexionar en papel representado por HMP en esos momentos cruciales para la continuidad de la guerra y de la revolución. Largo Caballero, presidente del Gobierno, convocó una reunión de todos los partidos políticos y organizaciones sindicales para tratar de un problema gravísimo. Horacio se presentó el último, cuando ya Largo Caballero impaciente decidió comenzar la discusión. Su silla estaba reservada a la izquierda del Presidente. Su llegada tardía no fue motivada por un gesto de mal humor hacia la Presidencia del Gobierno, sino porque estuvo discutiendo duro y seriamente con una unidad confederal para que entregara al Estado Mayor una batería de cañones que éste reclamaba urgentemente. Largo Caballero presentó la necesidad de la evacuación de Madrid por parte del Gobierno argumentando que, teniendo el frente en Madrid mismo, no se podía trabajar en las debidas condiciones y relacionarse con el exterior convenientemente. En realidad, Largo Caballero consideraba que Madrid estaba perdido. Las opiniones comenzaron a expresarse. Uno detrás de otro se definían por la evacuación. Al llegar a Horacio, éste manifestó que esa evacuación sería una puñalada para los milicianos que defendían Madrid. Que la CNT se manifestaba contraria a lo que habían señalado todos los presentes. Largo Caballero respondió entonces con una diatriba terrible contra los milicianos de la CNT del frente de Aragón, tildándolos de grandes comedores de ganado ovino y poco combativos. Horacio respondió mordazmente quejándose de la poca altura que el presidente daba al debate sobre un problema tan grave. En resumen, y por falta de unanimidad, no se tomó ninguna decisión. Este hecho demuestra que Horacio no era partidario de la evacuación del Gobierno. Sin embargo, acusado de haber abandonado Madrid replegándose a la capital levantina siguiendo al Gobierno, presentó la dimisión como Secretario general, en Valencia, en noviembre de 1936. Después de dimitido, siguió en el Comité Nacional representando a la Regional del Norte y siendo miembro de la Comisión Asesora Política, la famosa CAP, formada únicamente por figuras relevantes de la FAI y CNT.

La guerra civil de 1936 le llevó a admitir la necesidad de que la corriente libertaria tuviese un exponente político, ya fuese como Partido o Federación. A diferencia de algunos que predicaron que el Partido Federal representara a la CNT o Esquerra Catalana y Acción Vasca, en los ámbitos regionales, y que luego se han manifestado partidarios fervientes del anarquismo más radical.

A HMP no le gustó retractarse con objeto de seguir mangoneando en la organización y perseguir objetivos personales. Era un hombre de una pieza. Su sólida personalidad le permitió despreciar los insultos y bravatas de sus propios compañeros que le culpaban de haber negociado con Largo Caballero la entrada de la CNT en el Gobierno central, entrada a la que Manuel lrujo opuso toda su influencia política y religiosa para que ese hecho no sucediera alegando mil subterfugios de abogado reaccionario.

Sus artículos en Timón, la revista dirigida por Diego Abad de Santillán, publicada durante la guerra civil, abogando por crear un Partido Político, sus conferencias sobre el mismo tema, en un ciclo de conferencias celebrado en la casa CNT-FAI, de Barcelona, en el que intervinieron preclaros sindicalistas, levantaron un revuelo en las mentalidades contrarias a toda evolución, mientras que en las esferas de dirección la idea horaciana se iba imponiendo, hasta el punto que la FAI se transformó eventualmente en organización política. Tanto fue así que, por primera vez, HMP aceptó el carnet de la FAI.*

Ministro de la CNT –junto con José Leiva– en el Gobierno Giral en el exilio, fue el blanco preferido de esos mismos compañeros que aceptaron en Barcelona cambiar el rumbo de la FAI dejando a la CNT en su papel típico de organización revolucionaria. Enemigo de pactar con el pretendiente Juan de Borbón –por mediación del conde de los Andes– un género de monarquía de tipo sindicalista, y enemigo de la llamada entente de «los cinco puntos» con la central verticalista del franquismo, fue baqueteado por tirios y troyanos dentro del campo libertario. Pero como era enemigo de abrazar la nada en un cuerpo a cuerpo estéril dentro de un anarquismo involucionado y dogmático, se retiró de la cancha orgánica, después de haber escrito varios folletos sobre anarcosindicalismo, sobre la Rusia soviética y sobre el porvenir de la CNT.

Así se pudo consagrar a crear una obra inédita de gran interés histórico sobre temas como el marxismo, el señoritismo español, personalidades anarquistas y cenetistas o sobre nuevas formas de organización. Conocedor del inglés y el alemán, influenciado por la filosofía alemana del siglo XIX y XX sobre el ser y su destino, también puso su grano de arena en el campo de la filosofía. Esperemos que editores interesados por una personalidad tan compleja y atractiva como la de Horacio M. Prieto, se decidirán por sacar a la luz esa importante obra escrita de un hombre que consagró toda su vida a propiciar la plasmación de esa tercera vía necesaria, dado el fracaso del marxismo y del neoliberalismo.

Publicado en Polémica, n.º 18, julio de 1985

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2 pensamientos en “Horacio M. Prieto. Una gran figura de la CNT y del anarquismo

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