Ante la crisis, cooperación social en los barrios

Enric DURÁN

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Ante la gran crisis económica que azota al sistema capitalista, y que antecede lo que con toda probabilidad será la mayor depresión desde el crack del 29, las medidas que se están adoptando desde el poder político global van en la línea de afianzar el sistema actual con grandes aportaciones a los bancos y cada vez más a otros sectores estratégicos, Todo a costa de la mayoría de las clases media y baja, que están recibiendo la atención mínima necesaria para evitar el conflicto, mientras muchas empresas aprovechan la situación para congelar sueldos y realizar despidos.

Pero se quiera o no, esta crisis es una situación propicia para que los de abajo nos rebelemos y construyamos nuestro propio plan para la sociedad, como ya han empezado a hacer los compañeros de Grecia.

Ante eso, ¿qué podemos hacer los ciudadanos?

Hemos de evitar la visión parcial y cerrada de la situación que propagan los poderosos y la izquierda institucional. No podemos dedicarnos simplemente a pedir a los políticos que destinen dinero a la clase trabajadora, o a nuestro sector económico concreto. Tenemos el deber de unirnos para transformar el sistema. Estamos iniciando un tiempo muy importante: la depresión económica que está llegando será posiblemente la última oportunidad que tendremos ante la crisis ecológica que nos amenaza.

Delante de una situación excepcional hacen falta respuestas excepcionales. Por ello las acciones de presión puntuales, como determinadas acciones directas, manifestaciones o incluso la tan ansiada huelga general de trabajadores, deberían ser acompañadas de acciones estratégicas de carácter sostenido que nos permitan ir restando progresivamente hegemonía al poder, y repartirla entre los de abajo. Es importante actuar pensando tanto en la sociedad en general (o por lo menos en la gente abierta a algún cambio), como en la gente que ya practica otra manera de vivir. En este segundo caso, pienso que debemos apostar por la extensión del decrecimiento.

El decrecimiento como práctica de los movimientos sociales

El movimiento del decrecimiento denuncia el mito del crecimiento perpetuo, y propone salir de los parámetros del productivismo, del consumismo y, al fin y al cabo, salir del sistema capitalista. Para hacerlo nos propone relocalizar las maneras de vivir. Se trata de abandonar el proceso de globalización económica y relocalizar la economía, es decir la producción y el consumo, y con ellas reducir el transporte. Para hacerlo hace falta relocalizar la política, así conseguiremos que vuelva a ser controlada por la gente. Vivir así nos permitiría liberarnos del poder de las empresas transnacionales y los poderes económicos mundiales.

Esta transición hacia lo local se debe llevar a la práctica acompañada de una reducción radical del consumo que ocasione una reducción de la producción y de los transportes. Aquello que se considere necesario, se debe ir produciendo cada vez más a partir de principios ecológicos y cerrando los ciclos de los materiales.

La reducción del consumo necesita un cambio cultural importante, en el que paulatinamente las personas dejemos de basar nuestro bienestar en las propiedades y el consumo de bienes materiales, y valoremos mucho más los bienes relacionales, como son por ejemplo las relaciones humanas.

Una de las claves para aplicar estos cambios económicos, políticos y culturales es rehacer la comunidad como elemento básico que permita poner en marcha nuevas formas de convivencia, en las que aprendamos a cooperar entre vecinos y vecinas para ayudarnos los unos a los otros en nuestras necesidades, evolucionando así hacia una autonomía comunitaria del estado y del mercado.

Esta transformación se está empezando a organizar desde lo local a partir de experiencias concretas que resuelven por la vía directa, las necesidades básicas de cada persona y de la comunidad en temas básicos como la vivienda, la alimentación, la educación, el trabajo, la salud y el ocio, entre otros. En lo cercano tenemos ejemplos de ello, como son los centros sociales autogestionados, las cooperativas de consumo ecológico, las escuelas libres, las redes de intercambio y los huertos comunitarios.

Para convertir las experiencias concretas en una alternativa real al sistema debemos ir mucho más allá y combinarlas unas con otras. Se trata de conectar espacios y extender cada vez más la red. Por ello es importante que en cada territorio se genere un gran banco de recursos de todo tipo para el decrecimiento: materiales para compartir, viviendas vacías o con espacio, tierras para cultivar, conocimientos para la autogestión cotidiana y otros tantos medios.

Para sacar adelante nuevas maneras de vivir, hacen falta recursos materiales y también mucha dedicación. Puesto que la falta de dinero suele convertirse en un problema limitador para la consolidación de alternativas, es necesario superar esa escasez y crear un sistema para colmar las necesidades que forme parte por sí mismo de la alternativa de sociedad.

Un ejemplo de ello sería el Espacio Público Autónomo que la Xarxa pel Decreixement está intentando poner en marcha en Catalunya. Éste consistiría en una red de personas y recursos que garantice, a partir de relaciones comunitarias, las necesidades básicas de las personas que participen en ella, con el objetivo de que éstas dejen de trabajar en la economía capitalista y puedan dedicarse a proyectos que puedan conformar un contrapoder real a los poderes fácticos, poniendo en marcha un embrión de una nueva forma de organización de la sociedad.

Para avanzar en esos objetivos es necesario aumentar la base social de estas prácticas. Para ello, ¿qué mejor que aprovechar la actual crisis económica para demostrar a través de la práctica cómo la cooperación social puede mejorar la calidad de vida de la gente?

La aportación de los movimientos sociales en la crisis

Ante una problemática económica generalizada propongo que nos relacionemos con la sociedad, especialmente por lo que hace a los que son los tres grandes problemas que representan la percepción común de la crisis: endeudamiento (sistema financiero), vivienda y trabajo, desde una perspectiva que nos permita proponer una respuesta social que responda también a otras necesidades profundas, que no son tan evidentes al público por lo general, pero que ya hemos comentado: recuperar la comunidad, el equilibrio ecológico con el entorno, y la cooperación social. De esa manera la actuación de los movimientos ante la crisis tendría como resultado promover las prácticas decrecentistas entre un mayor número de personas.

Así pues, en cada uno de estos temas, necesitamos proyectos estratégicos que puedan tener un impacto importante en la forma de vida de mucha gente. Por ello comparto algunas propuestas concretas:

Ante los despidos y el aumento exponencial del paro que se está empezando a vivir, debemos llevar a cabo una acción unitaria más combativa en el ámbito del trabajo. La construcción de una alternativa al capitalismo necesita de otros tipos de empresas, autogestionadas por los trabajadores y trabajadoras, que se dediquen cada vez más a aquellas áreas económicas que nos permitan realizar una transición hacia otra manera de vivir. Es necesario apostar por la expropiación y la recuperación obrera de empresas, y a la vez por la transición de éstas hacia otros modelos productivos. También habría que intentar crear nuevas cooperativas que hagan posible otra manera de producir y de vivir. Es importante que la base ya existente de sindicalistas alternativos y luchadores asuma esa estrategia, puesto que será ésta la forma en que dotaremos de una estrategia realmente anticapitalista a este proceso actual de luchas sociales.

En el ámbito financiero, es el momento de pasar a la acción para cortar nuestra relación con la banca, estemos en la situación en la que estemos. Desde el colectivo Crisis hemos iniciado una campaña para promover una huelga de usuarios y usuarias de banca. Cualquier persona se podrá implicar vaciando o cerrando su cuenta en un banco capitalista, para apostar por alternativas financieras éticas, cooperativas, y en algunos casos comunitarias. En la misma huelga, respondiendo al endeudamiento de los particulares que les obliga a esclavizarse con trabajos que odian, llamamos a dejar de pagar y a organizarse de manera que las personas endeudadas puedan cortar con sus cadenas y al mismo tiempo implicarse en soluciones cooperativas a sus problemas de vivienda, trabajo y estilo de vida.

En el ámbito de la vivienda me adhiero como proyecto estratégico a la creación de cooperativas de vivienda de uso. Es decir, donde los participantes sean inquilinos, y a la vez socios de la cooperativa que es propietaria de la vivienda. Esta propuesta la está popularizando la asociación Sostre Cívic. Se trata de realizar una expropiación ciudadana de la propiedad capitalista para convertirla en propiedad colectiva, y la cooperativa de uso es una manera legal de hacerlo que puede complementarse con las acciones de desobediencia civil –tipo ocupaciones– que ya conocemos.

Ahora es una buena oportunidad para generalizar el método, porque con unos pocos cálculos, cualquier persona con una hipoteca pendiente podrá darse cuenta de que, dejando de pagar y apostando por ese modelo, podrá aumentar a medio plazo su bienestar y seguridad, disminuyendo sus necesidades económicas. Las personas hipotecadas que dejen de pagar su deuda participan así en la huelga de bancos, mientras se suman al cooperativismo de cesión de uso.

Pero más allá de propuestas concretas en distintos ámbitos, lo importante es generar una estrategia integral de acción que pueda permitir ir generando espacios poscapitalistas. A continuación profundizo en cómo lo podríamos hacer desde lo local.

Relaciones comunitarias en los barrios. Integrando activismo y necesidad

Aprovechando la crisis, es momento que extendamos a todas las clases bajas y medias las prácticas que hasta ahora han sido sólo ejercidas por las capas más comprometidas y concienciadas de la sociedad, y que explicábamos cuando hablábamos del decrecimiento. ¿Cómo hacerlo?

Pues demostrando en la práctica que la cooperación social organizada puede ser mucho mejor que la fórmula estado, trabajo asalariado y consumo para cubrir las necesidades reales de la gente.

Si hay una solución común para todos los colectivos afectados por la crisis que sea a la vez un paso hacia una alternativa de sociedad, ésta pasa por la organización colectiva a nivel vecinal y comunitario. En ese contexto, las cooperativas me parecen el método legal idóneo para agregar voluntades a una práctica postcapitalista que haga abandonar la propiedad privada en favor de la colectividad. Además, esta forma jurídica nos permite también construir economías colectivas y autogestionarias, y protegernos de los embargos de los bancos y de los estados, estos últimos cada vez más agresivos, con sus penas-multa como el método más reciente de represión.

En este contexto, reforzar las relaciones comunitarias es un medio contra la precariedad vital, y a la vez un fin en sí mismo. Volver a la comunidad es uno de los principios básicos del movimiento por el decrecimiento, pues quien aprende a compartir y a moverse en un entorno solidario se da cuenta de que el consumismo ha sido una práctica absurda y adictiva, y que hace olvidar que los lazos sociales no tienen precio. En cambio, la generación de espacios y bienes compartidos nos ayudará a reducir el impacto ecológico de nuestra presencia en la tierra, a la vez que hará aumentar nuestra calidad de vida.

El reencuentro entre los vecinos en sus barrios debería servir para potenciar, en amplias capas de la población, la autogestión de sus necesidades. Dentro del marco de una cooperativa se pueden realizar intercambios, mediando o no el dinero, donde cada uno ofrezca su profesión, oficio, habilidad o simplemente su tiempo a quien 10 necesite. Este espacio de socialización también puede servir para romper con las relaciones verticales y mercantiles que han marcado en el capitalismo actual el acceso a necesidades básicas como la educación y la salud; y que entre todos podamos poner en común la práctica de aprender a aprender, para así poder autogestionar nuestra vida cotidiana.

Publicado en Polémica, n.º 95, abril 2009

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