1913-2013: 100 años después del lock-out de Dublín

Alan MACSIMOIN

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El “Domingo sangriento” en Dublín

El lock-out de 1913 en Dublín es una parte de la historia de la clase obrera, muy importante para todos. Nos orienta sobre hacia dónde nos estamos dirigiendo, nos enseña unas lecciones muy útiles de otras luchas, y el conocimiento del coraje mostrado por hombres y mujeres desconocidos del pasado, nos fortalece para las luchas que nos esperan en el futuro.

En 1913, el sindicalismo militante tenía ante sí una tarea enorme. La pobreza de los obreros manuales era espantosa. La tasa de muerte en Dublín, 27,6 por mil, fue tan alta como en Calcuta. Los slums [Casas de pésimas condiciones construidas en los alrededores de las fábricas, para la mano de obra] eran los peores de cualquier ciudad de Irlanda o Inglaterra. 20.108 familias vivieron en nada más que una habitación, según los registros. Un editorial del periódico Irish Times afirmó de las viviendas en Dublín: «28.000 de nuestros conciudadanos viven en casas que incluso el ayuntamiento admite como inapropiadas para habitación humana. Casi una tercera parte de la población vive de tal manera que desde el amanecer hasta la noche no tiene ni limpieza, ni retraimiento, ni respeto de sí misma».

Si las cifras de slums fueron más altas que las del resto del «Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda», los jornales fueron más bajos. Miles de obreros trabajaban una semana de 70 horas por no más de 14 chelines (150 pesetas). Para las mujeres los jornales fueron, a veces, sólo 5 chelines (50 pesetas). Sin embargo, los alquileres eran más altos que en Bretaña.

En 1907, Jim Larkin llegó de Liverpool como organizador del National Union of Docks Labourers (NUDL) (Sindicato Nacional de los Obreros de Puerto) británico. Se entregó al trabajo de organizar los obreros manuales dentro del sindicato. Empezaron las huelgas para hacer reconocer al sindicato y para ganar unos jornales más altos, en Belfast, Newry y Cork.

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Jim Larkin

Pronto se produjo una fricción entre los nuevos afiliados irlandeses y el liderazgo británico del NUDL. Los cargos sindicales, y sobre todo, el secretario general James Sexton, se inquietaron ante el espíritu combativo de las secciones irlandesas. Comenzaron a resolver los conflictos por encima de los afiliados en huelga, haciéndoles volver al trabajo sobre la base de unos acuerdos débiles y despreciables, negociados a espaldas de los huelguistas. Veinte años antes, el NUDL había trabajado bien para organizar a los obreros manuales en Bretaña, pero su liderazgo había quedado separado de su afiliación. Ahora, les importaba más ofrecer una imagen de «respetabilidad», asumiendo su papel de mediadores que trabajaban por «lo justo» y por la «paz industrial».

Nacimiento de un sindicato

Algunos de los miembros más activos en tomo a Larkin, se separaron y el 4 de enero de 1909 fundaron el lrish Transport Workers Union (Sindicato Irlandés de los Trabajadores de Transportes). El sindicato, cuyo nombre se extendió a ITGWU (Irish Transport and General Workers Union – Sindicato Irlandés de los Trabajadores de Transportes y de Oficios Varios) comenzó en circunstancias muy precarias. Su primera oficina fue una habitación vacía en un tenement [Una habitación, muy pocas veces dos, en un edificio o casa de viviendas, como los slums. en pésimas condiciones, y en la cual vivían familias de la clase obrera] en la calle Townsend, de Dublín. El mobiliario se reducía a dos sillas, una mesa, dos botellas vacías y una vela.

Muchos de sus primeros miembros lo fueron también del joven movimiento socialista. Entre sus influencias estuvo el sindicalismo. Esta fue la idea de que todos los trabajadores de no importa qué profesión, deberían estar en un solo sindicato, que utilizaría cualquier método necesario para ganar sus batallas con la patronal. Desde el punto de vista sindicalista, los intereses de los obreros y los de los patronos eran absolutamente opuestos, por lo que su objetivo era la huelga general para detener sus abusos y establecer el socialismo.

Un hombre que iba a jugar un papel significativo en el sindicato fue James Connolly [Junto con Jim Larkin, Connolly fue la figura clave del ITGWU. Murió ejecutado por un pelotón inglés en mayo de 1916, después del «Alzamiento de Semana Santa de 1916»]. Cuando se fundó el ITGWU estaba en EE UU, donde estableció una sección de la IWW (International Workers of the World – Trabajadores Industriales del Mundo) sindicalistas, en Newark, Nueva Jersey. Muy pronto llegaría a ser el secretario del sindicato de los trabajadores de edificios y construcciones en la región. Igualmente merece la pena anotar que cuando Jim Larkin fue a EE UU, en 1914, para recoger fondos para el ITGWU, en dificultades económicas después de la huelga, también se afilió a los IWW en los que un porcentaje significativo de sus fundadores y militantes prominentes fueron anarquistas.

El lock-out de Wexford

Hacia 1910 el ITGWU declaró tener 3.000 afiliados, siendo admitido en el ITUC (Irish Trade Union Congress – Congreso de Sindicatos Irlandeses). Rápidamente acreditó su nombre e imagen como activo defensor de sus miembros y como un sindicato que se negó a negociar acuerdos despreciables a espaldas de los trabajadores. Un antecedente del lock-out de 1913 ocurrió en Wexford, cuando dos fundiciones, la de Pierce y la del Star Works, informaron a sus plantillas que «ningún obrero sería aceptado si pertenecía al ITGWU». El lock-out duró seis meses, los patronos trajeron esquiroles desde Inglaterra y actuó la RIC (policía Irlandesa) desde Dublín. El trabajador Michael Leary fue asesinado por este cuerpo. Al final, los patronos se rindieron, aunque, para salvar la cara, insistieron en que los huelguistas debían fundar otro sindicato. Éste se llamó Sindicato de los Obreros de Fundición Irlandés (que se afilió al ITGWU, y dos años más tarde entró en el Sindicato mayor como una simple sección).

Entre 1911 y 1913 el sindicato, a través de las huelgas de solidaridad, ganó varias victorias en Dublín. Estas beneficiaron no sólo a su creciente afiliación, sino también a otros sectores. A través del control del sindicato, los carreteros, los maquinistas, constructores de carruajes, ebanistas, obreros de chapa, carpinteros, y todos los ramos de la industria de construcción consiguieron subidas en sus jornales. Entre su propia afiliación, los obreros del puerto, peones en general, obreros de las industrias de carbón y cereales, galletas, embotelladores de agua mineral y ferroviarios, obtuvieron incrementos en sus jornales que variaron entre tres y diez chelines por semana (30 y 100 pesetas), una suma bastante importante en aquel entonces.

William Martin Murphy

Si los trabajadores estaban contentos con estos cambios, la patronal, evidentemente, no lo estaba, por lo que crearon la Federación dublinese de la Patronal. Su líder fue William Martin Murphy, dueño de los periódicos Irish Independent, Evening Herald, Irish Catholic, de la Compañía de Tranvías de Dublín, y con intereses en los sectores de vestidos y hoteles.

El plan de Murphy fue utilizar el arma del hambre para romper el sindicato. Expuso esta táctica en la Cámara de Comercio de Dublín el 2 de septiembre de 1913, diciendo:

«El empresario siempre come tres veces cada día, pero el obrero desgraciado y su familia, al no tener medios, sólo pueden rendirse y eso es lo que ha pasado en 99 de cada 100 veces. La importancia de enseñar esta lección al obrero es extraordinaria».

Se prepara Murphy

Durante los meses de julio y agosto, Murphy se estaba preparando para el momento decisivo, agrandando las plantillas de sus empleados con nuevos trabajadores, a quienes hacía firmar un compromiso de no afiliarse al ITGWU. También acordó con las autoridades británicas que en caso de huelga, la Compañía de Tranvías «tendría asegurada de la protección más amplia para sus hombres por parte de fuerzas de la Corona».

El 12 de agosto de 1913, fue puesto un aviso en todos los centros de los tranvías, en el que anunciaba que no habría ningún reconocimiento para «Larkin y su sindicato». Mientras tanto, Larkin, en un intento de consolidar los logros recientes, había propuesto un proyecto para establecer un tribunal de conciliación. Con el voto de 18 contra 3, el comité de la Federación Patronal aceptó su proposición. Larkin fue demasiado ingenuo al pensar que un acuerdo favorable a los trabajadores podría mantenerse. Por la otra parte, Murphy (uno de los tres en contra), ni siquiera quiso un acuerdo de corto plazo, y prometió «destruir el tribunal de conciliación».

Empieza la lucha

El21 de agosto, casi 200 hombres en la oficina de paquetes de la Compañía de Tranvías recibieron la nota siguiente:

«Como los directores hemos sabido que usted es un afiliado al Sindicato de Transportes Irlandeses cuyos métodos están desorganizando el comercio y los negocios de la ciudad, sus servicios ya no son necesarios. Se suspenderá, temporalmente, el tráfico de paquetes. Si, cuando se reanude el tráfico, usted ya no es afiliado al Sindicato, su petición de recontratación será considerada favorablemente».

La mañana del 26 de agosto, el primer día de la semana del Festival de Caballos de Dublín, Murphy recibió un duro golpe. A las 10 de la mañana los tranviarios sacaron sus chapas sindicales y se las pusieron en las solapas. En seguida, salieron de sus tranvías dejándolos en medio de la carretera. Había empezado la huelga. Las reivindicaciones fueron la reincorporación de la plantilla de paquetes y la homologación de los salarios y horas de los tranviarios de Dublín con los de Belfast.

La pandilla de los 400

A pesar de que Murphy fue sólo uno de los tres contrarios al asunto del Tribunal de Conciliación, los patronos de Dublín se agruparon a su alrededor para respaldarle ahora. Cada patrono depositó una cantidad de dinero en el banco, a nombre de la Federación Patronal. Cualquier patrono que llegase a un acuerdo con el sindicato, perdería todo su dinero. El primer empresario que siguió a Murphy fue Shackleton de Lucam, con Jacobs (una famosa fábrica de galletas) y los comerciantes de carbón, después. El 3 de septiembre, 400 patronos se reunieron y prometieron no emplear ni una sola persona que se mantuviese leal al sindicato.

Acordaron dejar fuera a todos los trabajadores que se negaran a firmar el compromiso siguiente:

«Me comprometo, formalmente, a cumplir todas las instrucciones ordenadas por mi empleador y a desafiliarme en seguida del Sindicato Irlandés de los Trabajadores de Transportes y de Oficios Varios; y además, me comprometo a no afiliarme ni respaldar en cualquier manera a este sindicato».

Diez días más tarde, los grandes terratenientes intervinieron y publicaron otro manifiesto igual.

Mentiras y calumnias

Murphy utilizó sus periódicos para afirmar que la huelga de tranvías estaba hundiéndose, intentando dividir a los huelguistas con la publicación de todo tipo de mentiras y calumnias contra Larkin. El 6 de septiembre, el Irish Catholic dijo: «Son pobres y no tienen nada, pero si fueran ricos, mañana mismo serían pobres otra vez a causa de su libertinaje lamentable… todo para dar gracias a los caprichos vengativos de un aventurero que se ha aprovechado de su credulidad». La pretensión de Murphy fue que su oposición era sólo al «Larkinismo» y no al sindicalismo legítimo. Esta mentira quedó al descubierto, recordándose los previos esfuerzos de los tranviarios para organizarse. Ya en el año 1903, Murphy había hecho pedazos al «Dublín and District Tramways Trade Union» (Sindicato de Tranvías de Dublín y su Distrito) y perseguido a sus miembros más significativos.

Los trabajadores de Dublín afrontaron la amenaza de destruir al Sindicato de Transportes con una resistencia heroica. En todas partes de la ciudad, miles de ellos padecieron el lock-out en vez de firmar un documento tan denigrante. Cada ramo, con obreros manuales, se declaró en huelga cuando éstos se negaban a firmar el documento. La mayoría de los ramos se solidarizaron. Incluso el Sindicato Único de los Peones de Construcción, con el que se había enfrentado Larkin, se negó a firmar y se declaró en huelga «para respaldar a los chicos del ITGWU». Las mujeres salieron de las fábricas tan pronto como les fue mostrado el documento. El 27 de septiembre, había unos 24.000 trabajadores en la calle. Dos semanas más tarde, el número había subido a 30.000. Treinta y dos sindicatos estaban involucrados, para respaldar los derechos del Sindicato de Transportes y los principios del sindicalismo.

Un primer intento de encontrar un compromiso fue hecho por los líderes del TUC británico quienes enviaron a Dublín una delegación especial. Si no se habían enterado de lo grave de la situación, la patronal sí y les obligaron a marcharse.

El domingo sangriento

Las estrechas relaciones entre la patronal y las fuerzas del Estado se vieron pronto en la lucha, cuando Larkin fue detenido bajo acusación de difamación sediciosa y conspiración, porque había aconsejado a los trabajadores defenderse de los ataques de la policía. En la calle otra vez, bajo fianza, se le anunció como el orador principal para un gran mitin convocado en la calle O’Donnell para el día 31 de agosto. El mitin fue desautorizado por las autoridades. Dirigiendo la palabra a una gran concentración de trabajadores en frente del Salón de la Libertad (6), Larkin quemó un ejemplar de la orden de desautorización y declaró que hablaría en la calle O’Donnell el domingo. El mitin fue suspendido por una carga violenta con porras por parte de la RIC.

Todo Dublín esperó para ver si Larkin mantendría su promesa. La calle estaba abarrotada aquel domingo. Cientos de policías se alineaban a ambos lados de la calle. De repente, en el balcón del Hotel Imperial, propiedad del mismo Murphy, apareció un hombre con barba. Era Larkin disfrazado: había cumplido su promesa. Se quitó la barba postiza y empezó a hablar hasta que fue detenido en seguida. Inmediatamente, antes de que la multitud tuviese tiempo para recuperarse de la sorpresa, la RIC cayó sobre ella con una carga brutal de porras. Hombres, mujeres y niños fueron abatidos y luego golpeados mientras estaban caídos en el suelo. Fueron ingresados a cientos en los hospitales aquella tarde.

Durante la lucha, este nivel de brutalidad fue mantenido a lo largo y ancho de la ciudad. Uno de los incidentes más escandalosos fue el ataque policial sobre la manzana de tenements llamada «Corporation Buildings», en el centro de la ciudad. En esta manzana vivían muchos de los huelguistas. La policía la invadió a las 2 de la madrugada de un lunes. Los habitantes fueron golpeados sin respetar su edad o su sexo; las casas fueron destruidas e incluso un bebé de pocos meses fue herido en un ojo.

Huelguistas asesinados

El brutal comportamiento de la policía produjo inevitablemente, fatales consecuencias. Se golpeó a James Nolan, un joven afiliado al sindicato, tan terriblemente, que resultó con fractura de cráneo. Igualmente, John Byrne perdió la vida a manos de la RIC. La joven huelguista Alice Brady, que regresaba a casa desde la oficina del sindicato con su paquete de alimentos, fue asesinada por un esquirol armado que la mató de un tiro. Michael Byrne, secretario del ITGWU en Dun Laoghaire, fue torturado en una celda de la policía, muriendo poco después de ser dejado en libertad.

Los piquetes fueron atacados por la policía, y las reuniones del sindicato interrumpidas y clausuradas forzosamente. Larkin dijo que los trabajadores tendrían que armarse y defenderse. Eso se tradujo en la formación del Irish Citizen Army (Ejército de Ciudadanos Irlandeses), instruido por el Capitán Jack White, que había sido oficial en el ejército británico, y que ahora respaldó por completo a la causa obrera y más tarde se incorporaría al movimiento anarquista, durante la guerra civil española. El ICA fue una milicia de trabajadores armados con porras y palos, para su propia protección contra la policía y los esquiroles. (Más tarde, cuando el ICA actuó en la revolución de 1916, cambió los palos y porras por fusiles).

Permitid a los niños

Entonces, como ahora, la iglesia católica tenía mucha influencia. Desde un principio se había colocado en contra del movimiento sindical y luego había intentado respaldar a los sindicatos «moderados» en contra de aquellos sindicatos que luchaban por sus afiliados. En 1911, en la ciudad de Sligo, el obispo, Dr. Clandy, denunció a Larkin como un socialista, prohibiendo a la gente asistir a su mitin público. (Para mostrar que el poder religioso no es siempre tan fuerte como les gustaría a los obispos, el mitin fue uno de los más grandes nunca visto en Sligo.)

A pesar de los grandes esfuerzos, incluyendo una cocina de sopa en el Salón de la Libertad, era evidente que los hijos de los huelguistas lo estaban pasando mal a causa del «pacto del hambre» llevado a cabo por Murphy. Algunas buenas personas en Inglaterra ofrecieron acoger a los hijos hasta que mejorase la situación. El sindicato, temeroso de que algunos fanáticos religiosos promovieran una hostilidad pública, acordó cooperar para resolver la situación desesperada de los niños.

Los temores del sindicato estaban fundados. A pesar de que se aseguró que la religión de los niños sería salvaguardada, el arzobispo católico de Dublín, Dr. Walsh, impugnó el proyecto. Dijo, también, que una idea como aquella era inaceptable porque el hecho de enviar los niños a unas casas cómodas donde recibirían tres comidas cada día les dejarían descontentos con sus propios slums, a su regreso. Cuando se intentó trasladar a los niños a trenes y a barcos se organizaron pandillas de gamberros para impedir su salida. Estas pandillas estaban controladas por curas y oficiales del grupo llamado Ancient Order of Hibernians (Orden Antiguo de los Hibernos). Una campaña de calumnias afirmó que se estaban llevando los niños para convertirlos a todos en protestantes, produciendo un gran efecto. Sin embargo, bastantes niños pudieron llegar a Inglaterra o a Belfast.

Amor para Irlanda… Pero no para sus trabajadores

Tres años antes de la revolución de 1916, el «movimiento nacional» estaba creciendo deprisa. Ya conocemos la actitud de los socialistas: estaban en el centro de la lucha. Pero ¿cuál fue la actitud de los nacionalistas? Algunos, como Tom Clarke, Sean Mac Diarmuida y la Condesa Markievicz, se pusieron del lado de los trabajadores. Pero la mayoría se negó a hacerlo. El líder de Sinn Fein, Arthur Griffiths, rehusó respaldar la huelga porque, según él, su movimiento era «nacional y no sectario». Incluso dijo que los barcos de alimentos enviados por los sindicalistas británicos, eran «un insulto». También la Irish Republican Broterhood (Hermandad Republicana Irlandesa) renunció a involucrarse en una lucha «sectaria». En un mitin de los Irish Volunteers («Voluntarios Irlandeses») en la «Rotunda» el 25 de noviembre, miembros del ITGWU, desafiantes de esta actitud fueron atacados con palos y expulsados. No importó todo lo que hablaron de «justicia», y no importó la fuerza conque algunos individuos simpatizaron con el sindicato; el objetivo de todos los nacionalistas, desde los partidarios de Home-rule (una política a favor de la autonomía), como Murphy, hasta los radicales de la IRB, era una Irlanda independiente y capitalista. Por eso fueron incapaces de respaldar a los trabajadores en una batalla tan importante, y que podía haber destruido la unidad del movimiento nacionalista.

Tan pronto como el lock-out se generalizó en Dublín, la fuerza de ambos lados fue claramente visible. Por un lado estaba la mayoría de la clase obrera dublinesa; por el otro, no sólo la patronal de la ciudad sino toda la clase gobernante británica y su maquinaria estatal. Si el sindicato no quería ser molido a través de una larga guerra de desgaste, la lucha tendría que ser extendida al otro lado del mar irlandés. El ITGWU siempre había respondido a los llamamientos para una acción solidaria, lanzadas por los sindicatos británicos: ahora, cuando luchaba por su propia vida, pediría que tales acciones deberían ser recíprocas.

¿A quién dirigir la llamada? ¿A la burocracia de los sindicatos o a la base? Quienes habían fundado el ITGWU, sabían por su propia experiencia con el NUDL, lo que podrían esperar de los burócratas. Comportaría de otra manera hacia los miembros de otros sindicatos, incluso un sindicato irlandés, los oficiales que ya habían traicionado a sus propios miembros. Desde el principio se recurrió directamente a la base y se recibió una respuesta magnífica.

El 16 de septiembre, los ferroviarios de Liverpool empezaron a rechazar todo el tráfico para Dublín y poco después unos 13.000 estaban ya en huelga, o en una situación de lock-out, en sitios tan alejados entre sí como Birmingham, Sheffield, Crewe y Derby. Esta acción considerada ilegal, organizada por comités de la base tuvo como objetivo un paro nacional en respaldo de Dublín. Tristemente, los líderes del sindicato de los ferroviarios, y sobre todo J.H. Thomas fueron capaces de prevenir la extensión de la huelga, de aislar a los militantes y procurar una vuelta al trabajo. Hubo un espíritu de lucha enorme y una verdadera voluntad para llevar a cabo una acción de solidaridad pero los militantes quedaron demasiado desorganizados y faltos de coordinación para superar las maniobras de Thomas y sus compinches.

«La Cruz de Fuego»

Un segundo llamamiento para una acción solidaria fue lanzado por el ITGWU. Larkin habló en mítines a lo largo y ancho de toda Inglaterra, de su cruzada «de la cruz de fuego». Como respuesta, una segunda ola de reacción no oficial se extendió por Inglaterra. En el sur del País de Gales, a causa del despido de dos ferroviarios por negarse a conducir tráfico por Dublín, 30.000 de sus compañeros se declararon en huelga para respaldarlos. Una vez más, Thomas utilizó todas sus maniobras para lograr la vuelta al trabajo de los huelguistas. Incluso llegó a acusar a los dos ferroviarios de ser «una vergü̈enza» para el sindicalismo.

Dirigentes de los sindicatos informaron que tuvieron grandes dificultades para frenar los deseos de sus miembros de salir en solidaridad. No faltó el respaldo por la lucha del ITGWU, pero los militantes no tenían una coordinación suficiente para oponerse a los burócratas y romper su control.

La presión desde abajo fue tal, sin embargo, que el TUC convocó su primera Conferencia Especial. Esperaban matar de raíz las acciones no oficiales mediante el truco de parecer que eran ellos mismos quienes hacían algo. Los ojos de todos se pusieron en el TUC. Pero los delegados de la Conferencia Especial no fueron elegidos desde dentro de los sindicatos sino seleccionados de entre los miembros más cautelosos de los comités ejecutivos. Se perdió el voto a favor de una acción de solidaridad por 2.280.000 votos contra 203 .000. Fue una traición vergonzosa, orquestada por unos oficiales tímidos, temerosos de transgredir los límites de la política de conciliación y arbitraje.

Barcos de alimentos

Sin embargo, se recogieron 150.000 libras (30 millones de pesetas) para Irlanda, una cantidad enorme en aquellos tiempos. (Fue una deuda pagada durante la huelga minera de 1984-1985, cuando Irlanda fue el país que más contribuyó en proporción a su población.) Los barcos de alimentos enviados por el TUC británico ayudaron a sostener la moral y mantener alejado al lobo del hambre, pero no fueron ningún sustituto para la actividad huelguística que hubiera forzado a arrodillarse a la patronal.

Hacia el fin de año habían sido organizadas dos reuniones entre el sindicato y la patronal, pero las negociaciones se rompían cada vez, al negarse a dar ninguna garantía sobre las represalias a los huelguistas en el momento de reincorporarse al trabajo. Todavía hubo batallas casi diarias en las líneas de piquetes entre los huelguistas y los esquiroles y la RIC. Continuaron siendo heridos y detenidos muchos afiliados. Después de que Alice Brady, de 16 años, fuera asesinada en diciembre, unos huelguistas enfurecidos capturaron a un esquirol armado y le golpearon hasta la muerte. Otro fue tirado al río Liffey. Pero entonces era evidente que el sindicato estaba librando una batalla perdida.

La vuelta al trabajo

Hacia mediados de enero de 1914, comenzó una lenta vuelta al trabajo. Sin embargo, un mes más tarde aún había unos 5.000 hombres y mujeres que se mantenían firmes pese a una situación de pobreza absoluta. El último grupo en aceptar la derrota fueron las magníficas mujeres de Jacobs quienes se mantuvieron firmes hasta mediados de marzo.

¿Cuál fue el significado de la derrota? Algunos, como el historiador Desmond Greaves, dicen que no fue una derrota. En realidad, fue una derrota aplastante. El sindicato quedó roto financieramente y su afiliación diezmada. Prevaleció un clima de desmoralización y desaliento.

Caído… pero no derrotado

Sin embargo, tales derrotas no son siempre terminantes. Un núcleo fuerte, de miembros bien determinados, mantenía el sindicato. Fue una tarea difícil. Se les tachó de irrealistas y tuvieron que aguantar mucho cinismo e indiferencia. Sin embargo, en octubre de 1915, el sindicato fue ya lo suficiente fuerte para ganar un contencioso con el Dublín Steam Packet Company (Compañía de barcos de vapor de Dublín). Una vez más, Murphy había reclamado un lock-out pero esta vez sus amigos en la patronal no le escucharon. Había ganado dos años antes, pero el coste financiero había sido alto. Y ahora, no tenían ganas de gastar otra vez tan enorme cantidad de dinero.

Por el año 1921, el sindicato ya se había recuperado verdaderamente. 120.000 trabajadores a lo largo del país llevaban carnets del ITGWU. Se había frenado y controlado la marea aparentemente imparable de un sindicalismo militante, a menudo llamado «Larkinismo», pero el sindicato había sobrevivido. Quedaba aún fuerza potencial para otras y más grandes acciones de la guerra de clases.

Hoy, uno puede sentirse desmoralizado al ver la ola de emigración que barre los 32 condados, las pérdidas de puestos de trabajo, el nivel de lucha acusadamente bajo, el sentido de una falta casi absoluta de poder, y una desconfianza entre nuestros amigos y compañeros de trabajo. Pasa un poco como lo sucedido en el periodo posterior a 1913. Como entonces, se ha vuelto a unos pocos para mantener vivas las ideas de la lucha de clases y la solidaridad. Generalmente, no es una tarea excitante ni dramática, pero sí es vital. Estamos creando los cimientos para afrontar las luchas de mañana, las luchas que esperamos nos han de llevar a un mundo que podría ofrecernos a todos un futuro más justo.

Este artículo apareció en el número 29 (otoño de 1988) de la revista Workers Solidarily (Solidaridad Obrera), portavoz del Workers Solidarity Movemenh de Irlanda. Esta traducción, de G. Kelsey, apareció en Polémica, en el n.º 37 de marzo de 1989.

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